“La meritocracia ha perdido vigencia”: Entrevista a Tomás Moulian (Parte II)

Por Marcos Muñoz y Nicolás Romero.

Aquí va la segunda parte y final de la entrevista al sociólogo chileno Tomás Moulian que realizara en exclusiva Revista De Frente este año 2018. Esta parte trata de la permanencia y cambio de algunos de los principales mitos que organizan a la sociedad chilena de nuestros días.

 

(…) Hoy día, tenemos un Chile gobernado por los mismos que nos oprimieron entre el 73 y el 90. Y eso, es una expresión de lo que es Chile hoy día. De un Chile, que vuelve a repetir a los Andrés Chadwick, que fueron a Chacarillas a recibir una medalla de Pinochet.

 

E1: Para nosotros un libro funciona o no funciona, en el sentido de la materialidad o la pragmática de aquello que sirve o no para unos determinados fines o propósitos. Entonces, miramos “Anatomía de un mito” con el fin de revisar los mitos del Chile actual y revisitar los mitos de la sociedad chilena postdictadura. Son 21 años desde su primera edición, que nos permiten mirar con perspectiva y preguntarnos si la mitología del Chile de los 90, es muy diferente a lo que tenemos hoy día finalizando el 2018… ¿Cuál es su reflexión al respeto?

 

TM: Bueno, ese libro fue escrito el año 97, cuando no había terminado aún la transición. En ese sentido, todavía los enclaves autoritarios seguían existiendo. Seguía existiendo el senado mixto, seguía existiendo el Consejo de Seguridad Nacional con mayoría militar. Entonces, faltaba todavía un proceso de término del Chile que había dejado la dictadura. Ese Chile de la dictadura, ha marcado nuestro país. Y, por lo tanto, algunos de esos mitos permanecen. En abril de 1975, la dictadura hace un viraje en lo económico, y se pasa de un programa de continuidad a uno de ruptura. Podemos decir, el Chile del ‘75, que se internacionaliza el ‘79 con Margaret Thatcher y el ‘80 con Ronald Reagan. Entonces, tenemos el Chile neoliberalizado que, en el terreno cultural, es el Chile podemos decir del consumismo. O sea, una sociedad chilena donde quedan de lado los factores ideológicos, donde habían primado en Chile hasta 1973. Y se había pasado a un Chile, cuyo centro, cuya razón principal era el consumo y el dinero. Entonces, esos mitos fueron corregidos en la posdictadura, pero no fueron eliminados. Entonces, podemos decir todavía que tenemos un Chile marcado por alguno de los factores que fueron incorporados por la dictadura. Han aparecido nuevos mitos, yo creo que se han ampliado nuevos mitos del pasado. Hoy día, tenemos un Chile gobernado por los mismos que nos oprimieron entre el 73 y el 90. Y eso, es una expresión de lo que es Chile hoy día. De un Chile, que vuelve a repetir a los Andrés Chadwick, que fueron a Chacarillas a recibir una medalla de Pinochet. Bueno, eso muestra el Chile que tenemos. Si bien Piñera no apoyó la dictadura, se enriqueció con ella. La prueba de que no apoyó la dictadura es su foto con Frei en el Caupolicán en 1980. Pero se enriqueció con la dictadura, y está rodeado de todos los que apoyaron a Pinochet, y fueron a recibir sus medallitas en Chacarillas.

 

E1: Ud. habla de blanqueamiento, que es una operación que hace la sociedad chilena para poder hacer la transición, y que se muestra al mundo. Hay un iceberg que se lleva al expo de Sevilla de 1992. Y no será que Piñera es representativo es blanqueamiento, de no apoyar la dictadura, pero enriquecerse con ella.

 

TM: Claro. Piñera no apoya la dictadura, pero dirige la campaña de Hernán Büchi contra Patricio Aylwin. Entonces, todos sus dichos… diciendo de que su inspiración es Patricio Aylwin, es una cuestión sumamente discutible. Bueno, pero eso lo ha llevado a conducir a la derecha, porque su cercanía familiar con la Democracia Cristiana podía haberla dificultado. Pero este Piñera que se ha juntado con los Andrés Chadwick, con los Larroulet, todos fanáticos de Pinochet, es una expresión de un Chile en el cual la derecha postdictadura saca el 44% del voto promedio. O sea, es una derecha mucho más potente que la que existía post auge de la Democracia Cristiana en 1965, donde la Democracia Cristiana saca el 43% de los votos. Y la derecha, baja del 40 que tenía al 20%. La derecha postdictadura, es una derecha que sube al 44%, y ahí se ha mantenido. Si bien, no ha ganado las elecciones presidenciales, es una derecha que en el marco del sistema binominal ha generado una especie de empate.

 

(…) al masificarse las universidades privadas cuando se paga, la meritocracia pierde vigencia. Y lo que aparece, son clases medias que quieren ascender y que hacen esfuerzos desmedidos por tener una profesión, y a través de ella ir subiendo la escala social.

 

E1: Nosotros identificamos el mito de la meritocracia como demasiado relevante en la sociedad chilena de hoy. Visible en el auge de la educación superior de mercado y la profundización de la desigualdad producto de la consolidación de la lógica individual. Incluso, podríamos interpretar de manera más estrecha, y quizás muy rigurosa, que el movimiento estudiantil del 2011, fue fruto de esta necesidad de éxito individual y movilidad social, donde se pidió gratuidad, pero en donde esta terminó como un voucher más para financiar a las instituciones privadas. Universidades privadas que lucraron y que tienen gratuidad, como la Universidad Autónoma, son ejemplo de ello. Entonces, ¿cómo ve Ud. esta mitología? ¿Y qué tan fuerza tiene en la sociedad chilena de hoy? Y a modo más general, ¿Qué posición debería tener la izquierda chilena para discutir ese espacio ideológico, que ha sido conformador de las nuevas clases medias emergentes del Chile actual?

 

TM: Bueno, la meritocracia es una consigna que usa la derecha para legitimar su modelo de dominación. Cuando en realidad, podemos decir que la meritocracia ha dejado de ser uno de los principales rasgos de la sociedad chilena. Cuando yo estudié, estudié en la Universidad Católica y era, al igual que todas las otras universidades, gratuita. Claro, que había tres, cuatro o cinco universidades en el país, y el número de estudiantes era menor. Lo que ha ocurrido, es que han aparecido ahora las universidades privadas, y se ha masificado la educación superior. Pero al masificarse las universidades privadas cuando se paga, la meritocracia pierde vigencia. Y lo que aparece, son clases medias que quieren ascender y que hacen esfuerzos desmedidos por tener una profesión, y a través de ella ir subiendo la escala social. Entonces, podemos decir que el mérito es la plata, son los salarios. Y es la emergencia de clases medias profesionales, que se han ido instalando en la sociedad. Y apareciendo el puro mérito, y desapareciendo la situación socioeconómica de los padres, como un elemento fundamental para que esa persona pueda llegar a acercarse a ese canal de ascenso que es la educación superior. Entonces, tenemos una sociedad del dinero, mucho más que del mérito.

 

E1: Pero entonces, el mérito ¿podría ser disputado por la izquierda como un valor? Porque la sociedad, sin duda, aplaude el mérito casi espontáneamente. Es como algo que viene de suyo, del esfuerzo y sacrificio. Pero parece, haberse desplazado el esfuerzo colectivo de una causa hacia un esfuerzo individual.

 

TM: Claro. Pero diciendo, que el mérito para que sea tal, tiene que partir del esfuerzo, la obstinación, el deseo de aprender, como verdaderos factores para poder situarse en la sociedad. Y que esos factores desplacen al dinero, siempre parcialmente porque nunca van a ser desplazados totalmente. Sin embargo, tenemos clases medias, que se profesionalizan en función de tener ascenso social, en una sociedad donde ganar dinero es una clave para la autoestima, y que se considere así misma, como un triunfador, que llega a dar lástima. El mérito es ganar plata, y el mérito es sustituido por ganar dinero. El verdadero mérito no pasa ni cerca.

 

E1: Y para la izquierda, y con esto vamos a dar paso a la segunda parte.¿qué opción tiene ante estos imaginarios tan naturalizados? ¿Qué opción tiene frente al mérito mediado por el dinero, la gratuidad como voucher? ¿Qué posibilidades hay, cuando estudiantes se esfuerzan para entrar a una institución más o menos de calidad? ¿Cómo entramos al mérito, para poder conversar con ese sector de la sociedad?

 

TM: Mira, la izquierda debería tener y postular un nuevo tipo de sociedad, en la cual el mérito tuviera vigencia distinta a la que tiene en la sociedad neoliberal. Pero para eso, se necesita una sociedad distinta. No sé saca nada con decir “abandonemos el mérito”, cuando estamos en una sociedad que no valoriza y que hace que el mérito que sea ganar dinero, siendo ello la forma principal de vida. Una sociedad, donde la pasión es el consumo y el dinero. Y donde la persona, mantiene la visión de sí, bajo ese tipo de coordenadas, las cuales son reduccionistas y que son difíciles de manejar para una izquierda que busca postular una nueva sociedad donde pueda vivir una vida nueva. Y que tienen que rendirse, ante la sociedad existente con sus estrategias, con sus concepciones, con su visión de la vida buena. Ello, es muy difícil para una izquierda, dado como lo define la sociedad actual.

 

E2: Ahora, vamos a seguir en la misma línea, pero transitar del problema de la identidad y del consumo y al problema de la identidad y la producción, en esta línea de la ampliación de los mitos del neoliberalismo chileno. En los últimos 10 o 15 años, se ha instalado muy fuerte una identidad dentro de nosotros, donde el capitalismo ha generado una cierta nueva relación entre la economía de producción y la producción de pasión, por decirlo de manera positiva. Pasión que implaría entre otras cosas, dedicación al trabajo, trabajar lo más que puedas, trabajar lo más contento posible, porque eso te va a traer frutos. Entonces, la autoexplotación o la hiperexplotación, empieza a ser en esta ideología empresarial presentada como un rasgo y una racionalidad bien chata, que evitar los pensamientos negativos, para enfocarse en la producción y estar articulado con los intereses de la empresa. La pregunta que te queríamos plantear es ¿cómo evalúas en términos del nivel de desarrollo e instalación, tiene esta nueva ideología o mito? ¿Y cómo a su vez, eso viene complementado con el mito?

 

TM: Y sí. Tenemos una sociedad donde las viejas instituciones, a partir de las cuales los trabajadores se defendían, están siendo cuestionadas y son desplazadas. Hay que recordar que, durante los 17 años de dictadura, no sólo los partidos son prohibidos, también los sindicatos. Y recién, a partir de 1983, o sea, 10 años después del golpe militar empieza a aparecer líderes sindicales significativos, como Rodolfo Seguel, por ejemplo, quien estaba a la cabeza de las protestas. Es bien interesante su figura, porque es un demócrata cristiano, evangélico y dirigente sindical del cobre. O sea, tiene unas características que lo hacen atípico. Bueno, pero recién ahí empiezan a aparecer dirigentes sindicales significativos. Todos los dirigentes que aparecían eran políticos. Hay que considerar que, en esa época, 1982-1983, se hacen las primeras negociaciones de la oposición con Sergio Onofre Jarpa. Entonces, tenemos una sociedad con una concepción del trabajo muy distinta a la que había tenido la sociedad chilena, no sólo en el gobierno de Allende, sino que también incluso en el gobierno de Frei Montalva. Hay que recordar que Frei Montalva no sólo inicia la Reforma Agraria, sino que hace posible la sindicalización campesina. Asimismo, la Reforma Agraria puso en cuestión la forma de polarizarse que no había ocurrido en los gobiernos de centroizquierda; especialmente, por Aguirre Cerda que es el más importante de los presidentes de la centroizquierda. Y que recién, con el gobierno de Frei Montalva el país empieza a hacerse reformas. Entonces, tenemos un mundo del trabajo con una sociedad brillante. Y una concepción del trabajo, como tú lo describías. O sea, trabajar abuenándose con el patrón.

 

El buen trabajador, es aquel que se conecta positivamente con su trabajo y con los dirigentes de su trabajo, con los patrones, o con quiénes están a cargo de la empresa. Entonces, el sindicalismo y el trabajador que busca otras formas de identidad, también lo ven. De tal forma, la dictadura es la instalación de una sociedad represiva en el terreno de los Derechos Humanos, pero también en el terreno del trabajo. Y la represión en el trabajo, es un elemento fundamental para la represión en términos legales y de los Derechos Humanos. Tenemos una sociedad desarticulada, desintegrada. Y donde los trabajadores apenas pueden manifestarse. Y cuando se manifiestan, aparecen expectativas desbordantes. Todos pensábamos, que con las protestas del ‘82 y ‘83 en adelante, íbamos a botar a Pinochet. Y Pinochet, paradojalmente, lo único que lo botó fue el lápiz; la derrota en el plebiscito del ‘88. Esta forma de derrotar a Pinochet es una expresión de la sociedad. Lo mejor que podía ocurrir en ese tipo de sociedad, era que Pinochet fuera derrotado en una elección. Sin saberse, porque no se sabía, que Pinochet iba a aceptar la derrota. Sólo dos días antes del plebiscito, aparecen la Unión Europea y Estados Unidos advirtiéndole a Pinochet que debiera reconocer los resultados. Pero el día del plebiscito, sólo a las 2:30, 3 de la mañana, cuando aparecen los miembros de la Junta de Gobierno encabezados por Matthei, y los entrevistan los periodistas, recién en ese momento se supo que Pinochet había sido derrotado. Entonces, esta situación in extremis expresa lo que era la sociedad. Expresa también que los líderes son los que cuentan. Los que cuentan, son los Gabriel Valdés; son ese tipo de personajes políticos, mucho más que los líderes sindicales. Rodolfo Seguel, aparece y desaparece del escenario.

 

 

Imagen extraída de adnradio.cl

 

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