La «Revolución de los Claveles», el proceso y Asamblea Constituyente, y la Constitución de 1976 de Portugal

Cuando se cumple un nuevo aniversario del hito del 25 de abril de 1974 en Portugal, en lo que se denominó como «Revolución de los Claveles» por la asonada militar que dio fin a la larga Dictadura de Oliveiro Salazar en el país ibérico, aquí una reseña del proceso revolucionario y constituyente portugués. Damos así continuidad a una serie de reseñas a procesos constituyentes referenciales en la historia reciente del mundo, en nuestro continente, a los de Brasil, Colombia, Ecuador, y Bolivia, y al de Sudáfrica, referencias compartidas, con el particular objetivo de aportar al conocimiento de procesos de cambio constitucional en el contexto del estallido, rebelión, y proceso constituyente en el Chile actual, y un poco más allá, en la crisis planetaria que atravesamos.

 


Índice:

1. El contexto previo. Un Imperio y una Dictadura en decadencia
2. La «Revolución de los Claveles» de abril de 1974, el «Proceso Revolucionario en Curso» y la Asamblea Constituyente
3. La Constitución de 1976 y sus múltiples reformas, la Europa Neoliberal, y el proceso político hasta el presente
Fuentes, enlaces, y videos relacionados


1. El contexto previo. Un Imperio y una Dictadura en decadencia

En el transcurso del siglo XX, Portugal fue un país sujeto a una largo proceso de descomposición de su anterior posición de predominio que lo había puesto en su momento como uno de los Imperios más poderosos del proceso de expansión, colonialismo e imperialismo europeo iniciado a mediados del siglo XVI con la colonización de América. Protagonista en sus inicios con su gran expansión mercantilista y la colonización de Brasil, posteriormente el Imperio portugués se abrió paso en numerosos enclaves coloniales en África y Asia, incluyendo en eso una ampliación de su presencia bajo la unificación en la Monarquía Española entre 1580-1640. Pero tal como España, dado que las potencias del norte de Europa se fueron constituyendo en el eje principal del auge capitalista e imperial en lo sucesivo, muchas de las presencias portuguesas en el reparto coloniale imperial del Mundo, fueron asediadas y/o arrebatadas por los imperios de Reino Unido, los Países Bajos, Francia o Alemania. A inicios del siglo XX, las pertenencias coloniales de Portugal en África se reducían a las islas de Cabo Verde y de Santo Tomé y Príncipe, a Guinea-Bisáu, Angola, y Mozambique, mientras que en Asia a una serie de enclaves donde destacan Goa en el subcontinente indio y Macao en la costa China. Iba, en cuanto a poderío político, geopolítico y económico, muy por detrás de las potencias del eje del norte del occidente europeo.

A pesar de sus pertenencias coloniales, Portugal es uno de los países más pobres del continente y como todo occidente sufre gravemente los efectos del Primera Guerra Mundial y la crisis capitalista de 1929 y su Gran Depresión. En ese contexto, en 1926 se inicia un ciclo autoritario conocido como «Estado Novo», «Segunda República» o «República Corporativa», y desde 1932 lo conduce António de Oliveira Salazar, primero como Primer Ministro electo vía elecciones y en calidad de Jefe de Gobierno, pero pronto como dictador.  Había sido seminarista y era profesor de Economía de Coimbra, y procedía de los sectores católicos y conservadores de la sociedad portuguesa, teniendo algunas cercanías con el corporativismo nacionalista, aunque con una práctica política pragmática que lo llevó a una especie de régimen liberal autoritario bajo su mando por 36 años. Encabezó la dictación de la Constitución de 1933, que estableció un Poder Ejecutivo bicéfalo en el que el Primer Ministro de la República era elegido cada siete años, pero los poderes efectivos le correspondían al Jefe de Gobierno, frente al que no había mayores controles por parte de otros poderes ni tenía responsabilidad ante la Asamblea legislativa.

Eran tiempos de importante influencia del fascismo, y en ese escenario se crearon otros organismos de masas a la usanza fascista, como la Mocidade Portuguesa y la Legiao Portuguesa. El régimen portugués, conocido como «Estado Novo», de todos modos, carecía de las tendencias extremadamente totalitarias de sus símiles de Italia y Alemania, y no tuvo, como su vecina España, el trauma de la Guerra Civil, ni como las dos primeras, de la Segunda Guerra Mundial. De hecho, la posición de acérrima neutralidad que mantuvo la dictadura de Salazar durante el conflicto bélico mundial (quien deseaba un bloque «latino» con España e Italia que terminó por ser imposible con la detonación de la guerra propiciada por la Alemania Nazi), le permitió a Portugal un momento de bastante beneficio propio en el destructivo ciclo de confrontación detonado a mediados de la década de 1930 en su vecina España y luego a escala europea y mundial. La posición de neutralidad le permitió llegar a acuerdos con los aliados frinalmente triunfantes, negociando su entrada a la Organización del Tratado del Atlántico Norte, OTAN, a la que tras una inicial lejanía terminó concurriendo en su fundación en abril de 1949, permitiendo así la instalación de las estratégicas bases militares en sus territorios isleños en el Oceáno Atlántico.

A diferencia de España, Portugal no vivió el aislamiento relativo que caracterizó a la España dominada por la Dictadura de Francisco Franco. Se estableció una estructura corporativa responsabilizando al Estado de numerosos aspectos de la vida económica y en las relaciones laborales, con un partido oficial, la União Nacional, que de todos modos convivía con otras fuerzas partidarias. Entre los opositores al régimen, Salazar logró desmovilizar a la oposición monárquica y los sectores católicos más conservadores, teniendo un enfrentamiento más decidido entre los militares y la derecha más extrema, además de, como resultaba obvio, los sectores de izquierdas donde entre otras medidas de represión se contaba la proscripción del Partido Comunista Portugués, en el marco de la pragmática política exterior del régimen y sus alianzas con el Gobierno de Estados Unidos y la OTAN en el escenario de la Guerra Fría.

Con el transcurso de los años, la Dictadura encabezada por Salazar tuvo una tendencia aperturista y permitió una oposición política limitada y de todas formas bajo vigilancia y represión del aparato de inteligencia «Policía Internacional y de Defensa del Estado», PIDE. Pero dicha apertura tenía ideas y vueltas, y muestra de ello fue la eliminación en 1959 de la elección popular directa de la Presidencia de la República tras cierta rearticulación de la oposición y una votación significativa de un 25% a la candidatura de ésta. De todos modos, en el transcurso de los años 1950s, el frente externo iría corroyendo progresivamente las bases políticas y económicas del régimen dictatorial e imperial.

Los movimientos descolonizadores daban pasos de avance en buena parte de África y Asia, en una nueva oleada de luchas anticoloniales. En el caso del otrora poderoso Imperio portugués, esto comenzó a mediados de la década de 1950 con la descolonización del enclave de Gao, donde el Gobierno nacionalista de Nehru y su «Congreso Nacional Indio» lograron recuperar ese territorio de la costa occidental para la India.  En palabras de Salazar, en ese escenario marcado por la Guerra Fría y las luchas anticoloniales, había habido una «clarificación» que había dejado a Portugal «orgullosamente solo (…) atacado por los enemigos y abandonado por los amigos». En tal contexto, emprendió algunas reformas a su sistema colonial, dictando la igualdad jurídica de las y los habitantes de la colonias en 1961, medidas de apertura a las inversiones extranjeras en las colonias, y un aumento de la migración hacia ellas. Pero de todas formas, las luchas anticoloniales persistieron y fueron en aumento, significando un alto costo para el Estado portugués, llegando a constituir aproximadamente un 40% del gasto estatal en financiar la lucha militar y la continuidad de las colonias, en especial las de Mozambique y Angola. Unos 150 mil portugueses fueron utilizados como combatientes en tales confrontaciones. La represión interna también tendió a aumentar. Y junto con ello, el estancamiento económico, en una sociedad con aún altas tasas de ruralidad y dependencia de la agricultura.

En 1968 Oliveira Salazar sufre un derrame cerebral y fallece, sucediéndolo como Primer Ministro o Jefe de Gobierno, Marcelo Caetano. Los últimos años del régimen del «Estado Novo» fueron de consolidación de la oposición y de disputas al interior del régimen por las fuerzas y tendencias aperturistas que se abrían paso en medio de un cuadro que exigía un cambio urgente, más, con la comprometida situación en las colonias portuguesas: la independencia de las colonias de Portugal fueron las últimas en concretarse en el ciclo de luchas anticoloniales iniciado tras la Segunda Guerra Mundial.

El sector aperturista del régimen y la oposición política habían impulsado una Reforma Constitucional en 1971, en la que se pretendía instaurar la autonomía de las colonias, intento que fue bloqueado por los sectores más conservadores. En 1973, en medio de la llamada Crisis capitalista «del Petróleo» que golpeaba al sistema capitalista occidental y mundial, la convulsión económica mundial hizo que en Portugual se agravara la situación financiera, ya muy deteriorada por la guerra en Mozambique y Angola. Las fuerzas opositoras se fueron unificando en un frente común, y había múltiples señales de descontento en el Ejército, primero de índole más gremial, pero cada vez más político. El llamado «Movimiento de los Capitanes» integrado principalmente por mandos medios y bajos del Ejército, rechazó el nombramiento de oficiales de complemento y atrajo la simpatía de los generales António de Spínola y Francisco de Costa Gomes. Desde antes, este «Movimiento de las Fuerzas Armadas» (MFA) como se le conoció oficialmente, había venido tomando cada vez más fuerzaal interior de las fuerzas armadas portuguesas, siendo un actor protagonista en el proceso de transición que pondría fin a la larga Dictadura.

En febrero de 1974, el General António de Spínola publica un libro, «Portugal y el futuro», que propone un cambio radical en la política y geopolítica portuguesa, proponiendo una solución pacífica al conflicto y desatando una alta repercusión pública. Los generales conservadores y de derechas obligan al Primer Ministro Caetano a expulsarlo del Ejército. El 16 de marzo, se produce un levantamiento militar localizado de Caldas da Rainha, conocido como «Levantamiento de Caldas», que si bien no logra marchar hacia Lisboa y es aplacado, muestra las fisuras crecientes en el equema dictatorial del Estado Novo. Marcelo Caetano ordena una fuerte intervención del Ejército en respuesta.

2. La «Revolución de los Claveles» de abril de 1974, el «Proceso Revolucionario en Curso» y la Asamblea Constituyente

El Movimento das Forcas Armadas prepara la insurrección definitiva. Sería anunciada vía radial con la transmisión de dos canciones, la primera en la noche del 24 de abril («E depois do Adeus» -«y después del adiós»- de Paulo de Carvalho), y a las 00:25 del 25 de abril, «Grândola, Vila Morena», una canción revolucionaria de José Afonso, prohibida por la Dictadura, que quedaría en la historia como ícono de la insurrección.  Durante la noche y madrugada del 25 de abril, las guarniciones de las principales ciudades del país se sumaron muy prontamente a la rebelión. Caetano y su alto mando político y miliar se refugian en un cuartel en Lisboa, que pronto es cercado por los insurrectos y una multitud de manifestantes. En tal escenario, una trabajadora camarera de un restaurant responde ante la solicitud de cigarrillos de un soldado, con la entrega de unas flores que traía consigo para un evento en el local donde trabajaba. El soldado la pondrá en su fusil, y luego la escena se repetirá con otros, lo que se generalizaría y quedaría como ícono de la rebelión de aquél día (Ver «Celeste Caeiro, la mujer cuyos claveles dieron nombre a la Revolución que cambió Portugal«). Durante la tarde termina de caer el Gobierno y Caetano y su gabinete se rinden antes del anochecer. Se constituye la «Junta de Salvación Nacional«, se anuncia la convocatoria a una Asamblea Constituyente, y se abre lo que se conoció como «Proceso Revolucionario en Curso«, un ciclo de radicalización que llega hasta el 25 de noviembre de 1975.

Se dio la orden de inmediato retorno de las fuerzas combatientes en las colonias, disolviéndose a rápida velocidad la presencia colonialista en unas las semanas y meses venideros, con un masivo regreso de aproximadamente medio millón de portugueses hacia el país. En unos meses convulsos y de creciente movilización popular, se desata también la reacción de los sectores conservadores y las derechas, abriéndose un período de alta eferevescencia e inestabilidad, con seis gobiernos provisionales, y dos hitos en el que la situación tendió a radicalizarse más, el 28 de septiembre de 1974 (en el que el MAF y la izquierda del proceso lograron la destitución de Spínola y su reemplazo en la Presidencia provisional por Costa Gomes), y el 11 de marzo de 1975 (en el que el sector encabezado por Spínola intentó retomar el poder sin éxito). El fracaso de estas intentonas de los sectores moderados y más conservadores en el proceso, lo radicaliza aún más, forzando a la movilización popular que contiene una fuerte presencia en el movimiento sindical, un movimiento vecinal con un gran tejido social, y unas fuerzas armadas donde la presencia de las izquierdas, en particular del Partido Comunista, inclinaban el proceso revolucionario y constituyente hacia la izquierda. Tras la derrota de la intentona de Spínola, en marzo de 1975 se decreta la nacionalización de la banca y otras medidas de notoria inclinación hacia la izquierda. Los oficiales militantes y cercanos al Partido Comunista proponen abiertamente una transición hacia el socialismo.

En esta primera fase del proceso revolucionario, se habían establecido las condiciones de funcionamiento del órgano constituyente con la Ley 3/74 del 14 de mayo de 1974. Se había fijado un plazo máximo de doce meses para la elección de la Asamblea Constituyente; establecíendo para ella el sufragio universal y directo, entregando la plenitud del poder constituyente a la Asamblea, en la medida en que no se tomaba ninguna decisión previa que la condicionara y tampoco se preveía la sumisión de la futura Constitución a ninguna forma de sanción o referéndum posterior; poniendo el acento en la brevedad del «período de excepción» o de interregno constitucional y en el carácter transitorio o provisional de las instituciones políticas que ejercieran el poder mientras estuviera reunida la Asamblea Constituyente, dándole un plazo de tres meses para la elaboración Constitucional, plazo que finalmente tuvo que ser prorrogado hasta llegar a los diez meses de funcionamiento. Además, se le denegó toda posibilidad de inmiscuirse en las facultades y competencias de los otros órganos reconocidos para el intertanto: el Presidente de la República, la Junta de Salvación Nacional, el Consejo de Estado, el Gobierno Provisional y los Tribunales.

Así, a un año de los sucesos conocidos como la «Revolución de los Claveles», el 25 de abril de 1975 se celebran las Elecciones para la Asamblea Constituyente para elegir a los y las 249 representantes que redactarían la nueva Constitución, en las primeras elecciones populares desde 1925, y las primeras con sufragio universal masculino y femenino. Se daría una altísima participación de un 91% de los habilitados para votar, emitiéndose más de 5.7 millones de sufragios. En estos comicios triunfa, como primera mayoría, el sector del socialismo moderado del Partido Socialista, obteniendo el 37,8% de las votaciones, y 116 asambleístas; seguido por el centroderechista Partido Popular Democrático con el 26,4% de los votos y 81 asambleístas, el Partido Comunista Portugués con el 12,5% de los votos y 30 asambleístas, y luego el partido democratacristiano CDS – Partido Popular (16 asambleístas), y finalmente el Movimiento Democrático Portugués (5 asambleístas). El resultado de las elecciones pone al sector de la izquierda moderada al mando de la Asamblea, mejorando la correlación de fuerzas hacia el centro y la derecha, que tendieron a rearticularse sobretodo en la parte norte del país, la alta oficialidad, y los sectores más conservadores y católicos, reforzados, como era de esperarse, tanto por el vecino Gobierno de Franco, como por los gobiernos de Estados Unidos y la OTAN, vigilantes ante la tensa y vertiginosa situación política en uno de sus integrantes, en la que se apreciaba una peligrosa incidencia en el proceso en curso por parte de las izquierdas y el Partido Comunista.

Con tal correlación en la Asamblea Constituyente, de todos modos, se abrieron paso en muy importante medida las demandas populares y propuestas de izquierdas en su seno. El «Movimiento de las Fuerzas Armadas» o MAF se mantuvo como actor protagónico junto a una relación tensa con el sector de António de Spínola, e impulsó unas «Plataformas de Acuerdo Constitucional» en las que debatió con las fuerzas políticas representadas en la Asamblea las propuestas para el nuevo texto constitucional.

En un contexto de ardua movilización popular pero también de relativa tensión y división en el campo de las izquierdas y progresismos, incluyendo en ello la formación de corrientes o posturas divergentes al interior del MAF (un sector cercano a la izquierda moderada del PS, otro al ala más radical y el PC, y otro más vinculado al movimiento popular de base), el 25 de noviembre de 1975, una movilización de la izquierda radical es aprovechada por los sectores más moderados y centristas del Ejército, y retoman una buena parte del control de los poderes provisionales. Se da con esto, el fin del ciclo conocido como «Proceso Revolucionario en Curso», iniciándose una especie de «normalización institucional» con creciente control por parte de los sectores moderados, y un arrinconamiento de la izquierda y las fuerzas populares y militares más radicales.

En tal escenario, en abril de 1976, la Asamblea culmina su labor y aprueba la nueva Constitución. Junto con ello, el 25 de abril de 1976, se celebran las Elecciones legislativas para elegir a la «Asamblea de la República». Con una participación algo menor que en las elecciones para la Asamblea Constituyente (votaron 5 millones 483 mil personas), el Partido Socialista mantuvo su predominio con un 35% de los sufragios y 107 escaños parlamentarios, secundado nuevamente por el centroderechista «PPD» con 24,3% de los votos y 73 escaños, y luego, esta vez, por el partido democratacristiano CDS con el 16% de los votos y 42 escaños, superando esta vez al Partido Comunista, que de todos modos, ahora en conjunto con el Movimiento Democrático Portugués (MDP), subió a un 14,4% de los votos y a 40 escaños.

3. La Constitución de 1976 y sus múltiples reformas, la Europa Neoliberal, y el proceso político hasta el presente

El texto aprobado por la Asamblea Constituyente, como resume el constitucionalista Gerardo Pisarello, estaba influenciada por los rasgos de avanzada del consttucionalismo social de posguerra, y por el constitucionalismo comunista de Europa del Este, y, «a pesar de los compromisos, llevaba el sello innegable de los hechos de abril» (Un Largo Termidor. Historia del Constitucionalismo antidemocrático, pp. 170-171). Establecía un régimen pluralista y parlamentario, con algunos órganos que intentaron innovar en la «sala de máquinas» constitucional, como un control de constitucionalidad puesto tanto en los tribunales ordinarios como en el «Consejo de la Revolución», y con una «Comisión Constitucional» que complementaba el control de constitucionalidad dado a aquellos órganos. Incluía una diversidad de mecanismos de protección y garantías constitucionales: la inconstitucionalidad por acción y también por omisión (como en la Constitución yugoslava de 1974), el control abstracto y concreto; a priori y a posteriori; difuso y concentrado. Este modelo de amplitud de garantías dejaría huellas en muchas constituciones posteriores, por lo pronto, en la Constitución de Brasil de 1988, a la que influenció de manera significativa y la cual fue un paso de avance hacia lo que se ha conocido como «Nuevo Constitucionalismo Latinoamericano» (Ver «Neoconstitucionalismo europeo y Nuevo Constitucionalismo Latinoamericano. Una comparación desde sus concepciones de Constitución y Democracia»).

En su dimensión doctrinaria y programática, tenía declaraciones de alto contenido socialista: el artículo 1 comprometía a la República con “la transformación en una sociedad sin clases” y definía entre los objetivos del Estado democrático el de “asegurar la transformación hacia el socialismo mediante la creación de condiciones para el ejercicio democrático del poder por las clases trabajadoras”. En su parte económica, establecía la coexistencia de tres tipos de propiedad de los medios de producción: la privada, la cooperativa, y la pública, que a su vez podía ser pública-estatal, colectiva, o autogestionaria y comunitaria. Se establecía una fuerte participación y planificación del Estado en la economía, en coordinación con el mercado, señalado como “equilibrada concurrencia de empresas”.

Sin embargo, en lo sucesivo, y con la pérdida de influencia en el proceso político de los militares de izquierdas y el Partido Comunista, junto a una mayoría parlamentaria inclinada hacia las fuerzas de centro del Partido Socialista y el Partido Social Demócrata en lo interno, y un escenario externo de arremetida de la hegemonía neoliberal que se constituiría en una tendencia mundial en la década de 1980s, el texto de 1976 fue perdiendo sustancia transformadora y democrática y fue reformado en amplios paquetes de reformas en 1982 y 1989. Se le quitó influencia a las fuerzas armadas en el proceso político, se disminuyó con mucho la intervención del Estado en la economía, y se eliminaron todas las influencias socialistas y frases de mayores contenidos programáticos al texto de 1976. Luego, en el mismo sentido, se la ha reformado en los años 1992, 1997, 2001, 2004, y 2005, ajustando el texto constitucional portugués a los requerimientos económicos y políticos de la Europa gobernada desde Bruselas.

En conjunto con la anterior, la conformación del en construcción espacio europeo que decantó finalmente en la creación de la Unión Europea, fue poniendo nuevos límites y condicionamientos que terminaron por quitar sustancia a los contenidos más transformadores de la Constitución. La pérdida que ese proceso produjo y produce en los distintos países de la unión, quedó claramente graficado para el caso portugués en el año 2008, donde el Gobierno encabezado por el Partido Socialista promovió la incorporación de Portugal al «Tratado de Lisboa», que instituía las bases de la UE, por la vía parlamentaria, y no vía plebiscito popular, opción tomada tras los triunfos del «No» en los referendos en Francia y Holanda, que a su vez, desembocaron en un replanteo en el proceso de ratificación de tal tratado y el abandono de la idea de una «Constitución» europea.

En esas condiciones, la economía de Portugal sufrió, como ocurrió con toda Europa pero con particular fuerza en su parte Sur (Grecia, Italia, España, Portugal) y en el Este, un importante golpe con la crisis capitalista de 2008, lo cual significó nuevos ajustes neoliberales impuestos desde unos organismos ejecutivos de la Unión Europea dominados por los intereses de sus países controladores (principalmente Alemania) y los capitales transnacionales. Esto, en un escenario analogable a lo que sucedió después en España, generó en el último tramo de tiempo, una inédita alianza entre el Partido Socialista y las fuerzas a su izquierda, que habían venido teniendo un avance relativo en esta última década, tanto en el Bloco de Izquierda como en el Partido Comunista Portugués, lo que permitió constituir al actual Gobierno encabezado por el Primer Ministro António Costa, del Partido Socialista, que hoy en día es, junto al Gobierno que encabeza en España Pedro Sánchez del PSOE, en alianza con Unidas Podemos y las confluencias territoriales ubicadas en las comunidades históricas del país, los actores gubernamentales más progresistas en el espacio de la Unión Europea.

Por: Héctor Testa Ferreira, 25 de abril de 2020. Publicado también en blog personal «Miradas desde Nuestra América»


 

Fuentes y enlaces:

 

Celeste Caeiro, la mujer cuyos claveles dieron nombre a la Revolución que cambió Portugal, RTVE (España).

«De la revolución hacia la democracia representativa. El 2do Pacto MFA – Partidos Políticos», Brasulio Gómez-Fortes.

«¿Constitución o Ley Fundamental? Acerca de la Constitución portuguesa de 1976», Albert Noguera Fernández.

 


 

Videos:
Documental sobre la Revolución de los Claveles, del canal español estatal RTVE:

«Imágenes del Siglo XX, Revolución de los Claveles»:

Conversación en programa de la TV Pública Argentina:

 

Abogado. Investigador en temas de Nuestra América, Derecho Constitucional, Procesos Constituyentes, e Historia y Teoría Política. Blog personal "Miradas desde nuestra América".

Comentarios (1)

  • Avatar

    Miguel silva

    Dificil entender la revolucion de las flores sin hablar de los cientos de lugares de trabajo tomados y el crecimiento de la consciencia de millones de personas.
    Tambien dificil sin tomar bien en cuenta del rol de ese sector radicalizado de las fuerzas armadas y la fe que muchos tenian en ellos. Demasiado fe porque cuando fueron disueltos, quedó un vacio.

    Yo recuerdo esos dias mucho más como de rebelion popular y organizacion, que por una asamblea constituyent.

    reply

Comparte tu opinión o comentario