Las ideas de «derecha» e «izquierda» política, la Revolución Francesa, y la revuelta popular en Chile

Érase una vez una Revolución en la que se había instalado por primera vez en la Historia de la Humanidad una instancia llamada Asamblea Nacional Constituyente con el objetivo de redactar una Constitución. Agosto de 1789. Unas semanas atrás, el Pueblo había asaltado un viejo edificio carcelario e irrumpido en París y las ciudades del Reino de Francia. La revuelta comenzaba a expandirse por el campo, y el régimen feudal crujía. Era la segunda vez que se demandaba y discutía la escrituración de un texto Constitucional (tras el de Estados Unidos en los años inmediatamente anteriores), y también, la segunda vez que en Europa había una revuelta popular que tenía a la Monarquía absoluta contra las cuerdas (tras la larga Revolución Inglesa de idas y venidas entre 1642 y 1688).

 

En la sala de sesiones de la Asamblea Nacional Constituyente, se debatía sobre el control de los poderes constituidos, encarnado en la persona del Rey como representante personal del régimen abolutista, sobre la Asamblea Constituyente y su toma de decisiones. Para contabilizar los votos, se decidió que a la derecha del salón se pusieran quienes defendían la idea del derecho de veto del Rey sobre las decisiones de la Asamblea, y en la izquierda del salón, quienes defendían la Soberanía y el Poder Constituyente «originario» de ésta.

 

Con el correr de las sesiones y los meses, surgen ahí los conceptos de «derecha» e «izquierda» como forma de designar a los sectores políticos que pujan por la conservación y los cambios controlados desde arriba y por los poderes constituidos, por una parte, y quienes intentan impulsar la transformación constituyente contra todo vestigio antipopular y antidemocrático, por otra.

 

Los momentos constituyentes entre otras cosas redibujan el escenario político previo, y se van construyendo nuevas delimitaciones e ideas sobre la política y sobre el sentido común sobre ellas. Por eso, quienes en esta coyuntura tiendan a ponerse en una postura de continuismo y cambio «gatopardista», conteniendo y limitando el despliegue de la fuerza constituyente puesta en marcha, están siendo, lo quieran o no, funcionales o parte de las derechas en el actual escenario.

 

Para quienes nos oponemos al control de los poderes constituidos sobre el proceso destituyente – constituyente en curso, el desafío es impugnar tales condiciones, forzarlas, llevar siempre a su máximo posible las posibilidades de transformación e inflexión histórica, y en todo lo que nos sea posible, cambiarlas en un sentido favorable a los intereseses y anhelos populares. Y cuando eso no sea posible, mantener en alto la denuncia e interpelación pública frente a las resistencias de los poderes constituidos y las elites dominantes. Por cierto, eso impica también ocupar y forzar todos los espacios que se abran,, manteniendo y acrecentando la presión popular dentro y fuera de las instituciones, y más allá de las condiciones en que las fuerzas conservadoras concedan ceder parte de su poder, para mantener lo esencial de él.

 

La disputa en el Chile de hoy y en los meses y años que vienen, a un mes de esta histórica revuelta popular, está dibujada con dos grandes polos donde a uno lo algutina la idea un cambio no sustancial ni refundacional del «antiguo régimen» en la línea de «renovar el pacto social» como dijera Piñera e impulsa el conjunto de la vieja clase política transicional y algunas «nuevas» expresiones de ella en clave «progresista liberal», y al otro, la idea y exigencia de una apertura de un proceso constituyente efectivo que refunde el país y al Estado de Chile en un sentido democrático y popular.

 

Como ha sucedido una y otra vez en la historia, las viejas y nuevas elites y los sectores dominantes y oligárquicos están en el primer polo, y la mayor parte del pueblo movilizado y del sentido común popular emergente, en el segundo.

 

El papel de las fuerzas políticas de vocación transformadora y la intelectualidad crítica es darle expresión, ideas y apoyo al polo popular, más allá y contra toda idea de «neutralidad» del «saber técnico» o «experto» que sea, lejos de toda empatía o colaboracionismo con una salida «por arriba» y antipopular de la coyuntura historica abierta.

 

Vamos a ganar. No soltar nunca la calle, y prepararse para una larga disputa Constituyente, y por lo pronto, un 2020 arduo, disputado y trabajoso. El Pueblo y los Pueblos de Chile vencerán.

 


 

*** Imagen: Una de las banderas de la Revolución Francesa, antes de la adopción de la bandera actual, con franjas verticales.

Abogado. Investigador en temas de Nuestra América, Derecho Constitucional, y teoría política.

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