Lecciones para el futuro

Por Pablo Parry

 

La reciente elección presidencial dejo sorprendido a más de alguno. Contra todo pronóstico, Sebastián Piñera se impuso no solo con un porcentaje importante, sino que además logrando movilizar a un electorado pequeño pero significativo que le permitió conseguir los suficientes votos para imponerse sobre una moribunda centro-izquierda, sin ninguna mística o relato, prepotente y arrogante, incapaz de leer el momento actual y encerrada en el viejo adagio del “todos contra la derecha”, que no hace sino reafirmar su condición de mal menor.

 

De esta pasada hay que sacar muchas lecciones. La primera, y la más trascendental, está en no subestimar al adversario. La derecha todavía mantiene una capacidad de movilizar votantes que no debe de ser mirada en menos. En ese mismo sentido, esta demás decir que nuestra principal tarea para los próximos 4 años está en fortalecer nuestro trabajo territorial y construir bases de apoyo que nos permitan generar las mayorías necesarias para avanzar en la refundación de nuestro país, además de hacerle frente a las maquinarias electorales en manos del duopolio político.

 

En segundo lugar, y en función de lo anterior, hay que entender que aquí una batalla cultural e ideológica que no está del todo ganada. Eso es algo que tenemos que leer con suma atención. Si lograron desplazar a alrededor de 300.000 votantes nuevos, no es necesariamente porque Piñera destaque por su carisma, sino porque fueron capaces de instalar un sentimiento en cierto sector de la población, que les hace sentido. Es un hecho que todavía existe una parte de la sociedad chilena que es tremendamente reacia a hacer transformaciones profundas y que mantiene un espíritu muy conservador, además de que han sabido actuar de forma organizada cuando ven que sus intereses están en riesgo. No se nos puede olvidar  (creo que en caso alguno exagero poniendo esto como ejemplo) que hace no muchos años hubo un 44% de personas que fueron capaces de votar por la continuación de una tiranía que lo único que le trajo a este país fueron 17 años de hambre, muerte y sufrimiento.

 

En este aspecto, hay que reconocer que la derecha cuenta con cierta ventaja. Tiene un discurso que no se pierde en las abstracciones propias de la izquierda y que es muy fáctico. El votante de derecha no está perdiéndose en hablar sobre la lucha de clases o sobre la teoría del plusvalor. Está concentrado en tener un empleo, en que no le asalten la casa y en mejorar sus niveles de consumo, lo cual, al mismo tiempo, nos muestra el nivel de impregnación que ha logrado el neoliberalismo. Ahí se nos abre un flanco del cual tenemos que responder con inteligencia, el cual  es saber bajar nuestras ideas y nuestros principios (Ej: Asamblea constituyente) a un lenguaje lo suficientemente sencillo como para ser entendido y que se conecte con la vida diaria de las personas, sin caer en el error de sacrificar o moderar nuestro proyecto político. Dicho de otra forma, disputar la hegemonía desde la lucha por el sentido común, lo cual, hasta el momento, tanto el FA como los movimientos sociales han hecho con bastante éxito, si bien todavía queda mucho por hacer.

 

Por último, termino señalando que, aun con todos los elementos recientemente señalados, en caso alguno esta nueva victoria de Piñera debe de leerse como una “derechización” del país. Por más que hayan ganado, es un hecho de la causa que esta victoria tiene un sabor bien amargo. Con todo, la derecha hoy no representa más que un pequeño 20% de la población, lo cual los deja con una legitimidad muy reducida como para iniciar un proceso de desmantelamiento de las pocas ganadas concretas que han conseguido los movimientos sociales en el último tiempo, a la par que se encuentran en una situación de minoría en ambas cámaras del congreso en la cual va a estar sumamente difícil conseguir los votos necesarios para hacer cualquier clase de reformas. Así mismo, resulta evidente que tras esta vuelta electoral, hay una creciente fragmentación interna dentro de la derecha que se ha visto potenciada con el giro programático que tuvo que hacer Piñera, principalmente gracias a las presiones que hizo Ossandón quien logro instalar exitosamente su agenda política, para poder ganar esta elección. Resulta difícil pensar que un nuevo gobierno del ex presidente logre derogar la ley de pesca teniendo a la UDI con parlamentarios presos por cohecho a manos de las grandes pesqueras y con su presidenta cuestionada por lo mismo. Lo mismo con la extensión de la gratuidad a los CFT, promesa que apesta a demagogia y que no es en absoluto creíble, mucho menos viniendo de una persona que cree que la educación es un bien de consumo), la cual ya ha generado el rechazo del sector de Felipe Kast, quien ya ha dicho públicamente que votaría en contra de aquella medida. Habrá que ver si Piñera, que históricamente no ha destacado mucho por ser un articulador politico, sino más bien como un líder personalista que ve en los partidos una mera plataforma para posicionarse a el mismo, aprendió algo de lo que fue el desastre de su primer gobierno, en donde opto por pasar por encima a su coalición, dejándola con los peores resultados desde el fin de la dictadura, y consigue cuadrar a todo su sector y al congreso en el cumplimiento de su programa electoral.

 

Mientras tanto, esto ahora es “Wait and see”…

 

Fuente de imagen: https://www.elespanol.com/mundo/20171217/sebastian-pinera-gana-elecciones-primer-recuento-oficial/270223486_0.html

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