«Liderando con el ejemplo: Cuba en la pandemia de Covid-19». Por Helen Yaffe

Dando continuidad a la cobertura sobre la respuesta de Cuba ante la pandemia del Coronavirus, volvemos a compartir un texto de Helen Yaffe, profesora de Historia Económica y Social en la Universidad de Glasgow y especializada en el desarrollo de Cuba y América Latina (Ver «La ciencia médica cubana al servicio de la humanidad», de principios de abril), presentando las referenciales y ejemplares políticas del Estado y el Gobierno de Cuba en esta tan particular coyuntura histórica que atraviesa el planeta, ya a varios meses de su irrupción, esta vez en un texto traducido desde el medio de comunicación alternativa estadounidense Counterpunch


«Liderando con el ejemplo: Cuba en la pandemia de Covid-19». Por Helen Yaffe. Fuente: Counterpunch

La respuesta de la Cuba socialista a la pandemia mundial del SRAS-CoV2 ha sido destacada tanto a nivel nacional como por su contribución internacional. Que una pequeña nación insular, sometida a cientos de años de colonialismo e imperialismo y desde la Revolución de 1959 a seis décadas del criminal bloqueo de los Estados Unidos, pueda desempeñar un papel tan ejemplar, se debe al sistema socialista de Cuba. La planificación central cubana dirige los recursos nacionales de acuerdo con una estrategia de desarrollo que da prioridad al bienestar humano y a la participación de la comunidad, y no al beneficio privado.

Las autoridades cubanas reaccionaron rápidamente a la información proveniente de China sobre el SARS-CoV2 a principios de año. En enero, las autoridades establecieron una Comisión Nacional Intersectorial para el COVID-19, actualizaron su Plan de Acción Nacional para las Epidemias, iniciaron la vigilancia en puertos, aeropuertos e infantes de marina, impartieron a los funcionarios de fronteras e inmigración capacitación sobre la respuesta a COVID-19 y redactaron un plan de «prevención y control». Los especialistas cubanos viajaron a China para conocer el comportamiento del nuevo coronavirus y las comisiones del Consejo Científico del gobierno comenzaron a trabajar en la lucha contra la pandemia. A lo largo de febrero, las instalaciones médicas cubanas fueron reorganizadas, y el personal fue entrenado para controlar la propagación del virus a nivel nacional. A principios de marzo se creó un grupo de ciencia y biotecnología para desarrollar tratamientos, pruebas, vacunas, diagnósticos y otras innovaciones sobre el COVID-19. A partir del 10 de marzo, los viajeros que entraban a Cuba fueron sometidos a pruebas de COVID-19. Todo esto fue antes de que el virus fuera detectado en la isla.

El 11 de marzo, tres turistas italianos fueron confirmados como los primeros casos de COVID-19 en Cuba. Las autoridades sanitarias cubanas entraron en acción, organizando reuniones vecinales, realizando controles sanitarios puerta a puerta, pruebas, rastreo de contactos y cuarentena. Esto ha sido acompañado por programas de educación y actualizaciones diarias de información. El 20 de marzo la población fue sometida a un «confinamiento», obligada a respetar las normas de distanciamiento social, y a llevar mascarillas cuando salgan de sus casas por asuntos esenciales. Se suspendieron los impuestos sobre los negocios y las deudas domésticas, se garantizó el 50% de los salarios de las personas hospitalizadas, y los hogares de bajos ingresos fueron calificados para los planes de asistencia social y familiar, con alimentos, medicinas y otros bienes entregados en sus hogares. Los talleres de todo el país comenzaron a producir máscaras, impulsados por un movimiento de base de producción doméstica, y los grupos comunitarios de ayuda mutua se organizaron para ayudar a comprar alimentos las personas vulnerables y a los ancianos, ya que las largas colas se convirtieron en la norma. El 24 de marzo, Cuba cerró sus fronteras a todos los no residentes, una decisión difícil dada la importancia de los ingresos del turismo para el Estado. Cualquiera que entrara al país debía pasar una quincena en cuarentena supervisada, y bajo un régimen de testeos médicos. Se activaron los Consejos de Defensa en las provincias y municipios.

Video: Centros de Aislamiento de Cuba:

En abril se suspendió el pago de las facturas de los servicios públicos, así como el transporte local y regional, mientras que se garantizó el transporte del personal médico y de otros trabajadores esenciales. La Habana y otras ciudades fueron desinfectadas. Se pusieron en cuarentena total o parcial 20 comunidades de 6 provincias. Se puso en funcionamiento una aplicación de telefonía móvil de creación cubana, el «Pesquisador Virtual Covid-19», con una aplicación de listas de correos electrónicos que permite a los usuarios presentar una encuesta epidemiológica para su análisis estadístico por parte del Ministerio de Salud Pública (MINSAP). Se tomaron medidas para mantener el virus fuera de las cárceles, con exámenes activos dos veces al día y ningún caso reportado hasta el 23 de abril.

Al 24 de mayo, una población cubana de 11,2 millones de habitantes había reportado 82 muertes y menos de 2.000 casos confirmados; 173 casos confirmados por cada millón de personas, en comparación con los 3.907 por cada millón de Gran Bretaña. No había muerto ni un solo trabajador sanitario, aunque a mediados de abril se habían infectado 92.

La respuesta ejemplar de Cuba se basa en cinco características de su desarrollo socialista. En primer lugar, su sistema de salud pública único, universal y gratuito, que busca la prevención más que la cura, con una red de médicos de familia responsables de la salud comunitaria, que viven entre sus pacientes. En segundo lugar, la industria biofarmacéutica de Cuba, impulsada por las necesidades de salud pública, y que produce casi el 70% de los medicamentos que se consumen en el país y exporta a 50 países [1]. En tercer lugar, la experiencia de la isla en materia de defensa civil y reducción de riesgos de desastres, generalmente en respuesta a desastres naturales y relacionados con el clima. Su aplaudida capacidad de movilizar recursos nacionales para proteger la vida humana se logra mediante una red de organizaciones de base que facilitan la comunicación y la acción comunitaria. En cuarto lugar, la experiencia de la isla en el funcionamiento de los controles de enfermedades infecciosas (barreras). Durante décadas, Cuba ha enviado profesionales de la salud a países en los que las enfermedades infecciosas han sido erradicadas en la isla desde hace mucho tiempo, y ha invitado a decenas de miles de extranjeros de esos países a estudiar en Cuba. Tiene procedimientos bien desarrollados para poner en cuarentena a las personas que entran o salen de la isla. En quinto lugar, el internacionalismo médico cubano, que ha permitido que 400.000 profesionales de la salud proporcionen atención médica gratuita a poblaciones desatendidas en 164 países; unos 28.000 integrantes del personal médico estaban prestando servicios en 59 países cuando comenzó la pandemia. A finales de mayo, otros 2.300 especialistas de salud de las «brigadas médicas Henry Reeve» de Cuba, especialistas en epidemiología y respuesta a desastres, habían ido a 24 países para tratar a pacientes con COVID-19.

Un compromiso con la atención de salud pública de alto nivel

En 1959, Cuba contaba con unos 6.000 médicos, pero la mitad de ellos se marcharon pronto; sólo se quedaron 12 de los 250 profesores cubanos de la Facultad de Medicina de la Universidad de La Habana. Sólo había un hospital rural. El gobierno revolucionario se enfrentó al reto de proporcionar un sistema de salud pública de alto nivel partiendo casi desde cero. Para ello, en 1960 se estableció el Servicio Médico Rural (RMS) y durante la siguiente década cientos de médicos recién graduados fueron destinados a zonas remotas [2]. Los médicos del RMS operaron tanto como educadores de la salud como médicos clínicos. Se establecieron programas nacionales para el control y la prevención de enfermedades infecciosas. A partir de 1962 un programa nacional de inmunización proporcionó a todos los cubanos ocho vacunas de forma gratuita. Las enfermedades infecciosas se redujeron rápidamente y pronto se acabaron. Para 1970, el número de hospitales rurales había llegado a 53. No fue hasta 1976 que se restableció la proporción pre-revolucionaria entre médicos y ciudadanos. Para entonces, los servicios de salud ya estaban disponibles en todo el país y los indicadores habían mejorado significativamente. En 1974 se estableció un nuevo modelo de policlínicas de base comunitaria que proporcionaba a las comunidades cubanas el acceso local a especialistas de atención primaria. En la capacitación y las políticas se hizo hincapié en las repercusiones de los factores biológicos, sociales, culturales, económicos y ambientales en los pacientes. Los programas nacionales se centraban en la salud maternoinfantil, las enfermedades infecciosas, las enfermedades crónicas no transmisibles, y la salud de los adultos mayores.

En 1983, se introdujo en todo el país el «Plan de Médicos y Enfermeros de Familia». Con arreglo a este sistema, se establecieron consultorios de médicos de familia en los mismos barrios, en los que el médico o la enfermera vivían con su familia en ellos, de modo que la atención médica está disponible las 24 horas del día. Los médicos de familia coordinan la atención médica y dirigen las actividades de promoción de la salud, con énfasis en la prevención y el análisis epidemiológico. Éstas acciones se basan en la toma de historiales y en la capacidad clínica, reservando costosos procedimientos de alta tecnología para los pacientes que los requieren, concertando citas con los pacientes por las mañanas y haciendo visitas a domicilio por las tardes. Los equipos realizan diagnósticos de salud de barrio, fusionando la medicina clínica con la salud pública y la «evaluación continua y evaluación de riesgos» (CARE) individualizada para sus pacientes. Los médicos de familia y las enfermeras también trabajan en grandes centros de trabajo y escuelas, guarderías infantiles, y hogares de ancianos.

En 2005, los cubanos tenían un médico por cada 167 personas, la proporción más alta del mundo. Cuba tiene ahora 449 policlínicas, cada una de las cuales atiende a entre 20.000 y 40.000 personas y sirve como centro de 15 a 40 médicos de familia. Hay más de 10.000 médicos de familia repartidos uniformemente por toda la isla.

La Atención Primaria de Salud como la columna vertebral de la respuesta de Cuba

Un artículo de abril de 2020 de la Revista Médica describe el sistema de atención primaria de salud de Cuba como un «arma poderosa» contra COVID-19 [3]. «Sin un acceso temprano a las pruebas rápidas, las pruebas masivas no estaban claramente entre las cartas como una primera opción estratégica. Sin embargo, la atención primaria de salud sí lo era». Las autoridades cubanas se aseguraron de que todos en el sistema de salud, incluyendo el personal de apoyo, recibieran el entrenamiento COVID-19 antes de que el virus fuera detectado. Los médicos superiores de cada provincia fueron entrenados en el mundialmente famoso hospital cubano de enfermedades tropicales, el Instituto Pedro Kourí. Al regresar a sus provincias, formaron a sus colegas del segundo nivel: los directores de hospitales y policlínicas. «Luego pasaron al tercer nivel: formación de médicos y enfermeras de familia, técnicos de laboratorio y de radiología, personal administrativo y también personal de limpieza, conductores de ambulancias y camilleros. Cualquiera que pueda entrar en contacto con un paciente», explicó una directora de policlínica, la Dra. Mayra García, citada en el artículo de Medicc.

Cada policlínica también capacitó a personas ajenas al sector de la salud en su área geográfica, en los lugares de trabajo, a los propietarios de pequeñas empresas, a las personas que alquilan casas, especialmente a extranjeros, o que administran instalaciones de cuidado de niños, indicándoles cómo reconocer los síntomas y tomar medidas de protección. Los profesionales médicos superiores de las policlínicas fueron enviados a los consultorios de los médicos de familia como refuerzo. El personal médico se destinaba a los hoteles locales para proporcionar detección y atención médica las 24 horas del día a los extranjeros que residían allí. Se reorganizaron los servicios de emergencia sin cita previa para separar a cualquier persona con síntomas respiratorios y para proporcionar una evaluación las 24 horas del día. Las citas no relacionadas con COVID-19 se pospusieron cuando fuera posible o se cambiaron a visitas a domicilio para los grupos prioritarios.

El artículo de Medicc subraya la importancia del modelo CARE para combatir el COVID-19. Todos los cubanos están ya categorizados en cuatro grupos: aparentemente sanos, con factores de riesgo de enfermedad, enfermos, y en recuperación o rehabilitación. Los médicos conocen las características de la salud y las necesidades de la comunidad a la que sirven. «El modelo CARE también nos alerta automáticamente sobre las personas más susceptibles a las infecciones respiratorias, las personas cuyas enfermedades crónicas son los factores de riesgo más comúnmente asociados a las complicaciones en los pacientes de COVID-19», explicó el Dr. Alejandro Fadragas.

En toda Cuba, los CDR o «Comités de Defensa de la Revolución», organizaron reuniones de información sobre salud pública para médicos de familia y enfermeras para asesorar a los barrios sobre la pandemia. Una vez confirmados los primeros casos, las visitas diarias de los médicos de familia a las casas se extendieron y se convirtieron en la «herramienta más importante» para la detección activa de casos, para adelantarse al virus [4]. Unos 28.000 estudiantes de medicina se unieron a ellos yendo de puerta en puerta para detectar los síntomas. Este procedimiento significa que toda la población puede ser encuestada.

Video: Los médicos de puerta a puerta de Cuba

Las personas con síntomas son remitidas a su policlínica local para una evaluación rápida. Los sospechosos de tener COVID-19 son enviados a uno de los nuevos centros municipales de aislamiento establecidos en toda la isla. Deben permanecer un mínimo de 14 días, recibiendo pruebas y atención médica. Si el caso parece ser otra enfermedad respiratoria regresan a casa, pero deben permanecer en ella durante al menos 14 días, con seguimiento de atención primaria. Los hospitales se reservan para los pacientes que realmente los necesitan.

Los profesionales de la atención primaria también son responsables de la rápida localización de los contactos para todos los casos sospechosos; esos contactos se prueban y deben ser aislados en casa. Además, los hogares y las entradas comunes de los pacientes enviados a los centros de aislamiento son desinfectados por equipos de «respuesta rápida» compuestos por directores y vicedirectores de policlínicas, junto con los miembros de la familia. Los consultorios de los médicos de familia también se desinfectan diariamente. Mientras tanto, los trabajadores de los hoteles donde se alojan los extranjeros son controlados diariamente por el personal médico. La policlínica les provee de equipamiento de protección personal y desinfectantes. Las policlínicas y los médicos de familia también se encargan del seguimiento durante 14 días de los pacientes de COVID-19 dados de alta de los hospitales.

Medicina casera

El protocolo de tratamiento cubano para los pacientes de COVID-19 incluye 22 drogas, la mayoría de producción nacional. El enfoque se ha puesto en la prevención, con medidas para mejorar la inmunidad innata. Desde el principio se identificó el potencial de la droga antiviral cubana Heberon, un interferón Alfa 2b recombinante humano (IFNrec). El producto biotecnológico ha demostrado ser eficaz para enfermedades virales como la hepatitis de tipo B y C, el herpes zóster, el VIH-SIDA y el dengue. Producido en Cuba desde 1986 y en China desde 2003 a través de una empresa conjunta cubano-china, ChangHeber, en enero de 2020 fue seleccionado por la Comisión Nacional de Salud de China entre 30 tratamientos para pacientes con COVID-19. Pronto encabezó su lista de medicamentos antivirales, habiendo demostrado buenos resultados.

La droga tiene mayor eficacia cuando se utiliza de manera preventiva y en las primeras etapas de la infección. En Wuhan, China, casi 3.000 miembros del personal médico recibieron Heberon como medida preventiva para reforzar su respuesta inmunológica; ninguno de ellos contrajo el virus. Mientras tanto, el 50% de otros 3.300 médicos a los que no se les administró el fármaco sí contrajeron el COVID-19. El IFNrec de Cuba está recomendado en los protocolos médicos de varios países, por la Organización Mundial de la Salud (OMS), el Centro Médico Johns Hopkins y la Revista Mundial de Pediatría, entre otros. El producto ya estaba registrado en Argelia, Argentina, Chile, Ecuador, Jamaica, Tailandia, Venezuela, Vietnam, Yemen y Uruguay. A mediados de abril se habían recibido solicitudes para su uso desde unos 80 países y estaba siendo administrado por las «brigadas médicas Henry Reeve» de Cuba que trataban a pacientes de COVID-19 en el extranjero. El 14 de abril se informó de que el 93,4% de los pacientes de COVID-19 en Cuba habían sido tratados con Heberon y sólo el 5,5% de ellos habían llegado a un estado grave. La tasa de mortalidad reportada para esa fecha era de 2.7% pero para los pacientes tratados con Heberon era sólo de 0.9%.

Otras medicinas cubanas que reportan resultados prometedores incluyen:

+ Biomodulina T, un inmunomodulador que estimula el sistema inmunológico de los individuos vulnerables y que se ha utilizado en Cuba durante 12 años, principalmente para tratar infecciones respiratorias recurrentes en los ancianos.

+ El anticuerpo monoclonal Itolizumab (Anti-CD6), utilizado para tratar los linfomas y la leucemia, administrado a los pacientes de COVID-19 en estado grave o crítico para reducir la secreción de citoquinas inflamatorias, que causan el flujo masivo de sustancias y líquido en los pulmones.

+ CIGB-258, un nuevo péptido inmunomodulador diseñado para reducir los procesos inflamatorios. Para el 22 de mayo, 52 pacientes de COVID-19 habían sido tratados con CIGB-258; entre los que se encontraban en una etapa severa, la tasa de supervivencia fue del 92%, contra un promedio global del 20%. Entre los que se encontraban en un estado crítico, la tasa de supervivencia fue del 78%.

+ Plasma de sangre de los pacientes recuperados.

Los científicos médicos cubanos están produciendo su propia versión de Kaletra, una combinación antirretroviral de Lopinavir y Ritonavir, utilizada para tratar el VIH/SIDA. La producción nacional eliminará las costosas importaciones de la gran farmacia capitalista y el bloqueo de los Estados Unidos. Mientras tanto, el medicamento homeopático, Prevengho-Vir, que se cree que fortalece el sistema inmunológico, se ha distribuido gratuitamente a todos los habitantes de la isla. Los científicos médicos están evaluando dos vacunas para estimular el sistema inmunológico, y se están diseñando cuatro candidatos para una vacuna preventiva específica para el COVID-19.

A principios de mayo, los científicos cubanos habían adaptado SUMA, un sistema de diagnóstico computarizado cubano, para detectar rápidamente los anticuerpos para COVID-19, lo que permite realizar pruebas masivas a bajo costo. El objetivo es encontrar nuevos casos y luego intervenir, aislar, buscar contactos y tomar todas las medidas posibles para asegurar que Cuba continúe como está ahora», dijo el principal epidemiólogo de Cuba, Francisco Durán durante su actualización diaria televisada el 11 de mayo. Esto significa que la isla ya no depende de las pruebas donadas o de las costosas compradas internacionalmente. La tasa comparativamente alta de pruebas de Cuba está destinada a dispararse.

BioCubaFarma está produciendo en masa mascarillas, equipos de protección personal (EPP) y productos médicos y sanitarios, así como coordinando a las empresas estatales y a los trabajadores autónomos para reparar equipos vitales, como los respiradores. Los esfuerzos de Cuba por adquirir nuevos respiradores se han visto obstaculizados por el bloqueo de los Estados Unidos que, durante casi 60 años, ha incluido a los alimentos y medicamentos entre sus prohibiciones.

Liderando la lucha mundial

El 18 de marzo, Cuba permitió que el crucero MS Braemar, con 684 pasajeros en su mayoría británicos y 5 casos confirmados de COVID-19, atracara en La Habana después de una semana varado en el mar, tras habérsele denegado la entrada a Curazao, Barbados, Bahamas, la República Dominicana y los Estados Unidos. Las autoridades cubanas facilitaron su traslado seguro a vuelos chárter para su repatriación. Tres días después, una brigada médica cubana de 53 personas llegó a Lombardía (Italia), en ese momento el epicentro de la pandemia, para ayudar a las autoridades sanitarias locales. Los médicos eran miembros del contingente Henry Reeve de Cuba, que recibió el Premio de Salud Pública de la Organización Mundial de la Salud (OMS) en 2017 en reconocimiento por prestar asistencia médica de emergencia gratuita. Fue la primera misión médica cubana en Europa. Para el 21 de mayo, más de 2.300 profesionales de la salud cubanos habían ido a 24 países para tratar a los pacientes de COVID-19, incluyendo una segunda brigada en el norte de Italia y otra al principado europeo de Andorra.

La amenaza de un buen ejemplo

El internacionalismo médico cubano comenzó en 1960, pero la exportación de profesionales de la salud no fue una fuente de ingresos estatales hasta mediados de la década de 2000 con el famoso programa «petróleo para los médicos» bajo el cual 30.000 trabajadores de la salud cubanos sirvieron en Venezuela. La administración del presidente Bush respondió intentando sabotear los ingresos de la exportación médica cubana con el Programa de Libertad Condicional Médica de Cuba. Esto indujo a los profesionales cubanos, que no habían pagado ninguna matrícula, se graduaron libres de deudas y firmaron voluntariamente contratos para trabajar en el extranjero ayudando a poblaciones desatendidas, a abandonar las misiones a cambio de la ciudadanía estadounidense. El Presidente Obama mantuvo el Programa, incluso mientras elogiaba a los médicos cubanos que combatían el Ébola en África Occidental. Se terminó en sus últimos días de mandato en enero de 2017.

Vídeo: Hablan los médicos (internacionalistas médicos cubanos):

La administración Trump ha renovado los ataques a las misiones médicas cubanas, promoviendo su expulsión del Brasil, Ecuador y Bolivia, y dejando a millones de personas en esos países sin atención médica. La motivación fue la misma: bloquear los ingresos a una nación que ha sobrevivido a 60 años de hostilidad del Gobierno de los Estados Unidos. En el contexto de la pandemia, cuando los intencionales fracasos del Gobierno de los Estados Unidos han provocado decenas de miles de muertes innecesarias, el liderazgo mundial de la Cuba socialista ha representado la amenaza de un buen ejemplo. El Departamento de Estado de Estados Unidos ha caracterizado a los médicos cubanos como «esclavos», alegando que el gobierno cubano busca ingresos e influencia política con ellos. Ha presionado a los países beneficiarios para que rechacen la asistencia cubana en sus momentos de necesidad más urgente. Estos ataques son particularmente viles; es probable que Cuba no reciba ningún pago, más allá de los costos, por esta asistencia.

Mientras tanto, el criminal bloqueo de los Estados Unidos, que se ha endurecido de manera punitiva bajo el Gobierno de Trump, está impidiendo la compra de los ventiladores que se necesitan urgentemente para los propios pacientes de COVID-19 de Cuba. Una donación china a Cuba de equipamiento médico fue bloqueada porque la aerolínea que transportaba la mercancía no viajaría a Cuba por temor a las multas impuestas por el Gobierno de Estados Unidos. Existe ahora una creciente demanda internacional para que se ponga fin a todas las sanciones, en particular contra Cuba, que ha demostrado su liderazgo mundial en la lucha contra la pandemia del SRAS-CoV2. Todos debemos sumar nuestras voces a esta exigencia. También hay llamamientos de organizaciones e individuos de todo el mundo para nominar a los Contingentes Henry Reeve de Cuba para el Premio Nobel de la Paz. Lo que queda claro en su historia de internacionalismo médico de principios es que, con reconocimiento o sin él, la Cuba revolucionaria seguirá luchando por la atención sanitaria mundial dondequiera que sus ciudadanos, y su ejemplo, puedan llegar.

Para más detalles acerca de la respuesta de Cuba a Coovid-19 ver: Medicc Review, Abril 2020.

 

Notas.

1) Véase Helen Yaffe, «La ciencia médica cubana al servicio de la humanidad», www.counterpunch.org/2020/04/10/cuban-medical-science-in-the-service-of-humanity/

↑2) Ver C. William Keck y Gail A. Reed, ‘El curioso caso de Cuba’, American Journal of Public Health, 2012. ↑

3) Tania L. Aguilar-Guerra y Gail Reed, ‘Mobilizing Primary Health Care: Cuba’s Powerful Weapon against COVID-19’, Medicc Review, Abril 2020. https://mediccreview.org/wp-content/uploads/2020/05/MR-April2020-1.pdf ↑

4) Aguilar-Guerra y Reed, Mobilizing Primary Health Care. ↑

Publicado originalmente en Fight Racism! ¡Lucha contra el Imperialismo! No. 276, Junio/Julio 2020.

 

Por: Helen Yaffe, profesora de Historia Económica y Social en la Universidad de Glasgow, especialista en Cuba y América Latina. Es la autora de «Che Guevara: The Economics of Revolution» y coautora con Gavin Brown de «Youth Activism and Solidarity: the Non-Stop Picket against Apartheid». Su último libro, pronto a publicarse, lleva por título «We Are Cuba! Cómo ha sobrevivido un pueblo revolucionario en el mundo postsoviético».

 


 

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Foto de encabezado: AFP.

Equipo de política internacional de Revista De Frente

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