Lo que la prensa dominante no dice sobre los «guarimberos» venezolanos: Violentismo, lumpen, drogas, y protesta pagada

La prensa dominante viene, hace rato, dando cobertura preferencial y con altos grados de simpatía hacia las protestas violentas que intentan destituir al Gobierno Bolivariano de Venezuela. En los últimos sucesos, una sistemática cobertura a los sucesos del Puente Internacional Francisco de Paula Santander, que une Táchira y Cúcuta, hacían ver a estas bandas como supuestos defensores de la falsa «ayuda humanitaria» que se intentaba obligar a recibir a Venezuela. Lo cierto es que, como quedó claro, con innumerables pruebas gráficas y audiovisuales, fueron los mismos «guarimberos» los que incendiaron dos camiones, que además, luego se descubrió que llevaban una importante cantidad de elementos destinados a la violencia «guarimbera» (ver «Opositores venezolanos hacen barricadas y queman camiones de supuesta “ayuda humanitaria” en Puente Francisco de Paula Santander«, y «Las “guarimbas” que ingresaron por la frontera entre Colombia y Venezuela«).

Pero aquí presentamos la cara que no muestran los medios oligopolicos sobre la brutal violencia opositora en Venezuela, tal y como hemos hecho en una ocasión anterior, sobre lo que sucedió el año pasado en Nicaragua, entre los meses de abril y julio sobretodo («Nicaragua quiso Paz. La derrota del intento de desestabilización y Golpe de Estado contra el Gobierno Sandinista el 2018«). Como primera cosa, apuntar los altísimos niveles de violencia que ocupa. Han quemado vivas a personas, han puesto bombas por donde pasan caravanas de la policía, han puesto «alambres de púas» en calles para degollar a motorizados, han quemado infraestructura pública de primera necesidad, como centros de salud comunitaria, sedes vecinales, sedes de las tantas organizaciones del Chavismo.

En cualquier parte del Mundo, esas formas de violencia serían duramente condenadas por los medios dominantes, los cuales, en países como el nuestro, realizan una permanente criminalización y satanización de toda forma de movilización social y popular, incluso cuando aquella sólo implica niveles muy bajos de violencia, siendo de aquellas formas que pueden ser catalogadas como legítimas dentro de un margen aceptable en una sociedad democrática: Cortes de calle o rutas, toma de establecimientos, defensa frente a la violencia policial.

Pero si se trata de países gobernados por fuerzas adversarias o enemigas de los intereses que salvaguardan esos medios, ahí se emite otro juicio: Son «manifestantes pacíficos», se muestran como si fueran verdaderos «luchadores por la democracia y la libertad», mientras cometen las mismas formas de violencia que aquí o en otras partes denigran como puro «violentismo» y delincuencia. ¿Que hay que juzgar los ejercicios de violencia en función de su contexto? Pues claro. Pero lo que no se entiende, o más bien se entiende bajo la mala intención y evidente sesgo no explicitado por estos medios, es la clara adhesión que muestran en algunos casos, sin explicar bien los por qué de tal repentina «amistad» frente a ejercicios de violencia que son muchas veces de una magnitud y formato difíciles de defender.

Sobre los sucesos del pasado sábado 23 de febrero en la frontera colombo-venezolana, nos hemos referido en notas anteriores, antes reseñadas. Con posterioridad a estos hechos, hay numerosos testimonios que indican algunas otras luces de las características de estas bandas: ¿Quién los llevó hasta la frontera?¿Por qué hay tantas quejas de parte de ellos, de que la dirigencia opositora los han abandonado?

Porque «algo pasa», cuando se repiten tanto las quejas de parte de ellos, que, se supone, iban a combatir en una «avalancha humanitaria para liberar a Venezuela». Resulta que ahora salen apuntando hacia la dirigencia opositora, y ahí están, abandonados del lado colombiano en circunstancias de una frontera cerrada, y pidiendo a la misma Guardia Nacional Bolivariana a la que atacaban hace pocos días, el re ingreso al país.

Con anterioridad, numerosos testimonios muestran algunas características adicionales al violentismo anotado:

Un joven muchacho, que dice ser de Medellín, colombiano, que no conoce Venezuela, y que se muestra muy entusiasta por entrar por primera vez a Venezuela:

Otro, que denuncia que los han dejado abandonados:

Pero desde mucho antes de esta nueva asonada violentista y de agresiones de todo tipo contra el Gobierno Bolivariano de Venezuela, hay pruebas también del pago que se les hace a estos jóvenes violentistas, muchas veces reclutados en las redes de lumpenaje y crimen organizado:

También, del uso intensivo de drogas en los episodios de violencia, como han corroborado con tests posteriores a ser detenidos por las fuerzas de seguridad venezolanas, en particular, de «Captagon», una droga sintetizada con una mezcla de anfetamina y cafeína (ver «Detenidos por guarimbas dan positivo en pruebas de drogas«, Ciudad Caracas).

Esto explicaría, al menos en parte, la durísima violencia a las que han tenido que acostumbrarse las y los venezolanos, y en particular el Chavismo, que se ha visto sistemáticamente atacado por este violentismo sin tregua en las llamadas «guarimbas».

De muestra algunos ejemplos:

Más informaciones en los siguientes enlaces:

Abogado. Investigador en temas de Nuestra América, Derecho Constitucional, y teoría política.

Post a Comment