“Luchando por un sueño”: la autobiografía de Roberto Ávalos

Por Diego Torres

#Sócrates #DeFrente

 

 

El fútbol mercantilizado como explotación de una masa pobre para generar sujetos que fomentan el consumo e impulsan industrias multimillonarias. Hay muchísimas aristas sobre estos temas y, claramente, muchos libros que cuentan historias directa o tangencialmente relacionadas. Uno de los carros de arrastre de este sistema es la figura del futbolista famoso y multimillonario, acaparador de portadas, embajador de marcas, autos, mujeres, dinero. Fama. En un mundo donde la movilidad social es muy baja, una de las pocas alternativas legales para que un muchacho nacido en la miseria pueda llegar a una vida de lujos es siendo un astro del fútbol. Los niños y sus familias ven a este deporte como un pasaje de salida de la pobreza, pero no todos pueden ser Cristiano Ronaldo -o Vidal, para el caso-. ¿Qué pasa con los que quedan en el camino, entonces? Si no se retiran jóvenes, sostienen la pirámide del negocio del fútbol, poblando ligas en todas partes del mundo para darle tiraje y posibilidades de surgir a esa nueva estrella, nazca en el país que nazca, pero, en general, todos ellos comparten el origen precario y sus dificultades intrínsecas. Así es como llegamos a casos emblemáticos como el que origina esta columna: Roberto Ávalos y su historia contada en el libro “Luchando por un sueño”, de la editorial Ceibo.

 

Puede que a los que hayan seguido el fútbol chileno con algo de asiduidad durante la década pasada les suene el nombre Roberto Ávalos. Puede que incluso lo relacionen con Palestino -el equipo de su vida-, o que hasta recuerden que jugaba de seis, ocho o diez, si las circunstancias apremiaban. Si nos ponemos a revisar su trayectoria como jugador vemos que estuvo casi toda su carrera, desde su debut en 1998 hasta su retiro en 2015, ligado a Palestino, excepto en las temporadas 2003 (San Luis), 2014 (La Calera), 2015 (Everton) y entre 2004 y 2007, en que no jugó. Un ascenso y descenso poco común: de titular en primera división a desaparecer cuatro años, y luego regresar, así como así, a primera, incluso siendo titular en esa final del clausura 2008 contra Colo Colo. Con mayor razón nos hacemos la pregunta: ¿qué fue del pelao Ávalos durante esos cuatro años?

 

 

Roberto, según cuenta él mismo, vivió toda su infancia cerca del paradero 28 de Santa Rosa, en la comuna de San Ramón, una de las comunas con peor calidad de vida del país. Su vida giró siempre alrededor del fútbol: primero en clubes de barrio y luego en las inferiores de Palestino. Fue potente en su formación la figura de su padre, un hombre de trabajo y con los pies en la tierra, que, cuenta, fue quien le hizo rechazar una invitación a participar en las cadetes de la U porque tendría más opción de llegar al primer equipo en el elenco árabe. Sería una decisión sabia: al poco tiempo de comenzar a entrenar con los juveniles de Palestino debutaría en el primer equipo. Veintiún años y toda la carrera por delante, pero es aquí donde la precariedad de los orígenes del futbolista se hacen presentes, y no para bien, porque los cuatro años de ausencia del fútbol profesional mencionados anteriormente se deben a una condena por narcotráfico. Según lo menciona él mismo, la condena se debió a facilitar un contacto, pues “el que vendía” era un conocido que había vivido toda la vida en su barrio. La negativa a colaborar (“no ser sapo”) le jugó en contra y tuvo que cumplir cuatro de los cinco años que pidió la fiscalía encerrado en la cárcel de San Miguel.

 

Lo que sigue es el relato en primera persona desde el interior de la cárcel de San Miguel, hoy “famosa” por el incendio en el que murieron más de 80 reos. Toma mayor valor, entonces, el regreso al fútbol profesional de Ávalos, pues lo consiguió luego de estar cuatro años separado de éste y encerrado en un lugar que no solo no cumple con las mínimas medidas de respeto por aquellos que son condenados a estar allí, sino que los vulnera. Es común encontrar opiniones polémicas con relación a los derechos humanos    -a raíz del Museo de la Memoria, por ejemplo-, pero Chile ha invisibilizado sistemáticamente la condición en la que se mantienen sus reos y privados de libertad, así como la dignidad de todos quienes los visitan. Sus derechos humanos.

 

Siguiendo esta línea, algo que pareciera ser tan necesario como programas de reinserción están completamente ausentes, contándose desde la perspectiva del protagonista cómo las capacidades dentro de una cárcel -infraestructura, ambiente y personal- no están preparados para cumplir dicha función. En este caso, se refería al deporte, pero otros sueños de rehabilitación también se ven truncados por la precariedad de estos recintos. Para Ávalos, su regreso al fútbol profesional tiene mucho que ver con el encuentro con un gendarme particular: Freddy Herrera. La estrecha relación que forjaron ambos tuvo un origen puntual: la afición al deporte del gendarme (“futbolista frustrado”). Si bien es cierto que contar la historia de un gendarme que ayuda a un preso a retomar sus sueños es “algo que vende”, no puede ser deseable que un país medianamente civilizado ponga los esfuerzos de rehabilitación y reinserción en la conexión que pueda llegar a generarse entre los guardias y los reos.

 

 

Otro soporte fundamental para volver al sueño, y que pareciera ir fuera de las lógicas del fútbol mercado, fue el apoyo recibido por el plantel y directiva de Palestino. Se relatan detalladamente los acercamientos entre los distintos estamentos del equipo y Ávalos. Los jugadores, por ejemplo, muchas veces fueron a visitarlo y a motivarlo a entrenar. Otro tanto la directiva, abriéndole las puertas para practicar con el primer equipo días después de obtener la libertad. No todos los clubes quisieran verse involucrados con un exjugador convicto por narcotráfico, y menos ofrecerle un contrato. No vende, eso es claro. En el libro también se relata el impacto positivo que las instancias de apoyo tienen en el ánimo de los presos, como los campeonatos de baby fútbol con sus compañeros. Según se cuenta, es algo que cala: hasta el día de publicación del libro, Ávalos seguía organizando actividades de esparcimiento al interior de las cárceles.

 

Es extraño leer este libro contado de la forma en la que lo está, dadas las circunstancias. Dada la misma historia, podríamos decir. Es el relato -la vida- de alguien que se reconoce a sí mismo desde sus orígenes y asume las culpas que le corresponden. No hay autocompasión, lo que habla también del carácter que debe forjar alguien que pretende cumplir sus sueños en un negocio tan despiadado como el fútbol. Tal vez pueda adolecer de una falta de crítica a las condiciones sistemáticas en las que crece y se desenvuelve gran parte de la población, pero es importante dar cuenta de que este libro-memoria es la forma en la que el mismo protagonista quiere ser recordado. Y la forma en la que quiere que lo recuerden no es con el olvido de sus oscuros, sino a través de un relato de resarcimiento personal. Es esto, quizá, lo que convierte a este libro y al personaje tras el libro en algo tan interesante. Probablemente también haya podido ser contada de mil maneras mucho mejores, pero en este caso la historia trasciende al texto. Y el personaje trasciende a la historia, vale decir.

Post a Comment