Marcar AC en el plebiscito de abril: Una forma de impugnación a los límites del proceso constitucional – constituyente

* Nota: Texto escrito para el Plebiscito antes fijado para el 26 de abril y postergado por la situación pandémica para el 18 de octubre, con plena vigencia más allá de el cambio de fechas.

Desde diversos espacios ha surgido y se ha anunciado la iniciativa de «marcar AC» en el voto del plebiscito del próximo 26 de abril. En la más importante hasta ahora, por la relevancia de las organizaciones participantes, en el llamado comando «Apruebo Chile Digno» (integrada por las fuerzas políticas Partido Humanista, Partido Igualdad, Izquierda Libertaria, Partido Comunista, Partido Progresista, la Federación Regionalista Verde Social, Wallmapuwen Movimiento Autonomista, y algunas organizaciones y dirigencias sociales), que anunciaron: «hacemos un llamado a votar APRUEBO la Nueva Constitución, a votar por Convención Constitucional cien por ciento electa por el pueblo, y a marcar este voto con la sigla AC (Asamblea Constituyente), para dejar claro que seguimos trabajando por una Asamblea Constituyente Plurinacional y Soberana. Como comando Chile Digno nos organizaremos con una red de apoderados en todo Chile para garantizar el recuento de estos votos» Ver «Manifiesto del Comando Chile Digno«). Pero más allá de la pertenencia o no a esas organizaciones y espacios, aquí desarrollaremos la idea de marcar AC, argumentando a su favor y en el sentido de que haya una creciente adhesión y unión de otras fuerzas sociales en torno a lo que ella implica, entre otros espacios de importancia en la coyuntura actual, las organizaciones comprendidas en el conglomerado de «Unidad Social«, o en la «Coordinadora de Asambleas Territoriales – CAT«, y los distintos espacios donde el pueblo se ha venido reuniendo y movilizando.

Antes ya hemos desarrollado las múltiples limitaciones que se le han puesto al proceso de reemplazo constitucional que se abrió gracias a la gigantesca e histórica rebelión popular estallada a partir del viernes 18 de octubre (Ver «La revuelta popular Constituyente frente al intento de los poderes constituidos por contenerla y controlarla» o «El por qué la «Convención Constitucional» NO es lo mismo que una Asamblea Constituyente soberana«). Tales límites y condiciones conspiran gravemente contra la posibilidad de un proceso genuinamente «Constituyente», intentando controlarlo y encauzarlo hacia un cambio sólo «Constitucional», altamente maniatado por los poderes constituidos y las estructuras y pilares del modelo neoliberal y del régimen de «democracia de baja intensidad» que han caracterizado la historia reciente de nuestro país.

Dada esas condiciones puestas por el mal llamado «Acuerdo por la Paz y la Nueva Constitución», la Comisión Técnica derivada de él, y el Congreso Nacional mediante su Reforma Constitucional para abrir paso al itinerario de cambio de Constitución, se ha desatado el debate entre las organizaciones y fuerzas populares que se han movilizado desde antes del 18 de octubre, pero con particular fuerza desde entonces, por una Asamblea Constituyente transformadora y refundacional. ¿Qué hacer?¿Participar o no del plebiscito?¿Y de la elección de la eventual «Convención Constitucional» o «Convención Mixta Constitucional»?

Algunos elementos para abordar esas preguntas, y proponer entre otras cosas la pertinencia de, junto con votar «Apruebo» y «Convención Constitucional», el «marcar AC» en el voto del plebiscito del 26 de abril.

Lo primero es señalar que los procesos constituyentes son siempre singulares y de características irrepetibles, pero hay ciertos elementos comunes que permiten caracterizarlos de cierta manera. Una de esas características es que son momentos históricos en los que el campo de posibilidades se abre, donde las cuestiones que se dan por ciertas e inamovibles en el marco de un régimen constitucional (y político, económico, y social), pasan a estar controvertidas y con un grado de incertidumbre no menor. Claro, eso no implica que las cosas puedan «cambiar de un día para otro», o que la redacción de una nueva Constitución pueda crear, por sí sola, una nueva realidad. Pero sí, que las posibilidades se abren, y tal apertura involucra también (y sobretodo), al propio proceso constituyente: Lo que parte de una forma, bajo determinadas correlaciones de fuerza, o mecanismos o vías, puede terminar en condiciones significativamente distintas. Lo que es puesto como condicionante y limitación por parte de los poderes constituidos, no tiene por qué ser aceptado por parte de la fuerza constituyente puesta en marcha, y perfectamente puede ser desbordado. En otras palabras: Todo proceso constituyente implica también un proceso destituyente. El grado, profundidad o radicalidad del proceso, se juega en buena parte en la eficacia de esa impugnación o rechazo de lo anteriormente instituido, logrando desbordarlo, superando sus límites y controles.

Dicho todo eso, ¿Por qué votar en el plebiscito de abril? Pues por varias razones complementarias: Porque es una forma de mantener el proceso abierto, que si bien es cierto hoy es más «constitucional» que «constituyente», puede ser desbordado hacia lo segundo. Porque el escenario abierto por la rebelión popular iniciada el viernes 18 de octubre, es de tal magnitud y profundidad, que seguramente se le dará una derrota histórica a las derechas en dicha votación. Porque hay que utilizar todos los espacios posibles para evitar que el proceso «se cierre por arriba», de manera elitaria y continuista, y para tal cosa, parece ser más eficaz el apropiarse del proceso limitado que se ha abierto, que quedarse al margen de él corriendo el riesgo que sea totalmente copado por las fuerzas conservadoras de distinto signo.

¿Y por qué marcar AC? Pues porque las opciones puestas en el voto del plebiscito de abril no contemplan forma alguna de expresar electoralmente el rechazo e impugnación a los términos del proceso. No se están plebiscitando los términos o «bases comiciales» de éste, como ha ocurrido en otros procesos de cambio constitucional. Y al no estar la opción de «Asamblea Constituyente», una forma de manifestar la voluntad expresa por seguir disputando el proceso, evitando su control o limitación por las fuerzas del continuismo neoliberal, es marcando «AC» en la papeleta junto con votar por «Apruebo» y por la «Convención Constitucional», utilizando la misma forma que ya probó cierto éxito, en condiciones claramente más «frías» de movilización social, en las elecciones presidenciales del 2013, donde se contabilizó el porcentaje no menor de un 8% en la primera vuelta, y un 10,3% en la segunda (Ver nota de la Radio Universidad de Chile).

Tal como en dicha ocasión, es pertinente volver a indicarlo: Se trata de votos perfectamente válidos, y es posible además hacer un conteo extra oficial de ellos. Todo entorpecimiento de tal validez de esos votos puede ser impugnado en las instancias legales e institucionales correspondientes de antemano, y en el mismo acto electoral. No está de más recordar, además, que en dicha ocasión incluso hubo una serie de conversaciones y acuerdos con el propio Servicio Electoral, para efectos de coordinar el conteo de los votos con marca AC (Ver «Servel ratifica validez y registro de votos marcados con «AC»«, «Movimiento “Marca tu voto” coordina con Servel conteo de votos con leyenda “AC”«, y «Guiño del Servel a iniciativa Marca tu Voto: vocales contabilizarán sufragios que pidan asamblea constituyente«). Con mayor razón, aquello que se hizo posible en el 2013, puede ser realizado en esta coyuntura constituyente ya en curso. Un número alto de votos marcados con «AC» puede ser seguramente uno de los hechos políticos más importantes de aquel día, lo que eventualmente, además, se dará junto a otras manifestaciones populares en los votos (seguramente abundarán mensajes como «Renuncia Piñera» o hacia las fuerzas policiales).

Por cierto, esta forma de rechazo e impugnación frente a las limitaciones del proceso, no es autosuficiente ni se basta por sí misma, como cualquier otra medida o acción que se tome de aquí en adelante. Pero es una forma que puede adquirir particular fuerza en la medida que sea «agitado» por las franjas más organizadas y movilizadas del pueblo, y que, con un número significativo de votos marcados en las papeletas del plebiscito, puede ser un hecho político que contribuya a correr el cerco de lo posible y desbordar los términos que ilegítimamente se le han puesto al proceso constituyente.

Como ejemplo de otras medidas o acciones en el mismo sentido, en cuanto a expresión electoral de lo impulsado por la rebelión popular presente, es la construcción e inscripción de partidos políticos leales a la fuerza constituyente y su carácter refundacional (ya se han anunciado varias iniciativas en tal dirección), la unidad en una lista conjunta de éstas fuerzas con miras a la elección de la «Convención Constitucional» y de las elecciones Regionales y Municipales que ocurrirán en ese mismo día (las nuevas correlaciones de fuerza se medirán en la suma de todas las elecciones), con la mención explícita de que se trata de fuerzas que impugnamos las limitaciones ilegítimas al proceso, y hacer valer tal cosa en nuestra representación en la propia Convención Constitucional, intentando tensionarla hacia su conversión en una genuina Asamblea Constituyente. Y, como «plan B» frente a la eventual posibilidad de que no se logre modificar los términos del acuerdo, y dado el seguro veto y bloqueo que la derecha ejercerá usando su casi asegurado «1/3 +1» de la Convención, manifestar que se está disponible también para evitar una «Constitución en la medida de lo posible», a fin de cuentas continuista del modelo neoliberal y con la falta de democracia que han provocado la crisis general que atraviesa el país y sus instituciones, tener la voluntad clara de, dado el altísimo quórum de dos tercios puesto para la aprobación del nuevo texto constitucional, ejercer por nuestra parte el eventual rechazo a una nueva Constitución continuista y que se someta a los vetos y bloqueos de las derechas, manteniendo abierto el problema Constitucional en el escenario del proceso electoral de las Elecciones Presidenciales y Parlamentarias del 2021, el cual, no está de más tomar nota de eso, sus campañas se darán en paralelo con la discusión de la Convención Constitucional (u ojalá, Asamblea Constituyente).

En otras palabras, marcar AC es otra forma más de no dar como “hecho consumado” los términos elaborados por los poderes constituidos y la clase política para el proceso de elaboración constitucional. Empujar la modificación del itinerario y regulación con miras a un efectivo Proceso Constituyente Soberano y Refundacional.


Video relacionado:

Entrevista a Mario Aguilar, Presidente del Colegio de Profesores, Aguilar marcará “AC” en plebiscito: “Ninguna de las opciones es una asamblea constituyente soberana”:

 

Notas relacionadas:


 

Instructivo del Servicio Electoral (Servel), «Cartilla de instrucciones para Mesa receptores de sufragio» de la última elección, año 2017:

 

Abogado. Investigador en temas de Nuestra América, Derecho Constitucional, Procesos Constituyentes, e Historia y Teoría Política. Blog personal "Miradas desde nuestra América".

Comentarios (3)

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    Danilo

    La verdad, no le veo ninguna solución la propuesta hecha por ustedes y los partidos políticos (a parte de ilegítimos, por el caso refichaje 2016-17)para lograr una Asamblea Constituyente. He estado leyendo todos sus artículos al encontrar su revista crítica, pero sin ningún anhelo de profundizar los cambios: igual se llegará a la Convención Constitucional, siguiendo el juego a los partidos políticos que se vendieron a la derecha fascista con este juego. Ningún aporte este artículo. Sigan creyendo el Viejo Pascuero.

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    Ester Vásquez guzman

    Jajjajaaajjajajajajj me dan risa zurdos ctm hablan de asamblea plebiscito y ni la constitución se leen basuras de mrda se asen llamar la voz del pueblo y puro que tapan la corrupción de la araucanía hijos de pvta

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