“Merlí”: Nietzsche está vivo y habla en catalán

Por Miguel Fauré P.

El profesor llega a la bulliciosa sala, mira altaneramente, con desprecio incluso. Los adolescentes reaccionan con recelo, es la primera clase con un tipo de apariencia soberbia y autoritaria. Tras tantear el ambiente, el docente les lanza una frase clave: “Quiero que la filosofía les excite”. Risas nerviosas.

 

-Parece que el sistema educativo olvidó las preguntas: ¿Quiénes somos? ¿De dónde venimos? ¿Adónde vamos? Ahora sólo importa qué empresa abrimos, cuánto dinero ganaremos…

 

Sigue la arenga con un rescate de la filosofía como herramienta (y arma) para reflexionar sobre la vida concreta y transformarla (“poner patas arriba todo lo que damos por sabido”, Merlí dixit). Será la tónica de los 40 capítulos que componen esta serie catalana que, con un éxito arrollador en su tierra natal, Netflix pone al alcance del resto del mundo y apresta ya adaptaciones en Italia y Alemania.

 

Merlí fue una apuesta. ¿Podría la filosofía ser atractiva para un público sub-20? Lo fue y con un boom inédito por rescatar a pensadores tan demodé como Hegel o Marx. Revelemos la trampa:  el guión se estructura a partir de un filósofo por capítulo. La trama de los 50 minutos girará en torno a un par de ideas claves de su obra, pero conectándolo al cotidiano de los estudiantes y los profesores.  Así Hobbes se relacionará con un abuso de autoridad del director, Judith Butler cuando aparezca una profesora trans o Zizek a la inherente imperfección del mundo.

 

El protagonista, Merlí Bergeron (Francesc Orella) es un sexagenario culto, sarcástico e impertinente, pero sin caer en la amargura de un Dr. House (aunque claro, se nota el homenaje). Se ve obligado, por cesantía y desalojo, a regresar a casa de mamá y, al mismo tiempo,  hacerse cargo de su único hijo, de 16 años de edad. Consigue laburo de reemplazante en un liceo público y –voilá– comienza entonces la serie.

 

Merlí es ante todo un nietzscheano: porta como bandera la necesidad de destruir los viejos valores, a martillazos si es necesario. No teme violentar el sentido común para que sus discípulos accedan a un ángulo inédito de las cosas. Lo sostiene en varios capítulos: intenta enseñar a ser libres, lo cual no asegura en ningún caso la felicidad. Pero el desengaño siempre nos devolverá la imagen real de la vida, en su médula tragicómica.

 

El grupo de estudiantes es un collage de cuanta adolescente dolencia pueden experimentar los millennials: preferencias sexuales, rechazo a la sociedad al punto de enclaustarse en casa, desempleo y segregación clasista, adicciones químicas y tecnológicas, temor al futuro. Se les llama “los peripatéticos” en referencia al séquito que acompañaba las reflexiones hechas en caminatas por parte de Aristóteles. Actuaciones en su mayoría contundentes, incluso cuando de reflejar superficialidad se trata.

 

La serie está completamente rodada en Barcelona, lo que ya de por sí le brinda un escenario de particular belleza. Pero no se hagan esperanzas: casi todo ocurre puertas adentro, especialmente en el “Insti”. Si se deciden a verla, háganse un regalo: disfrútenla en su lengua original. No siempre podemos acceder a esas modulaciones bellísimas que, en Chile, sólo conocimos por canciones de Serrat.

 

Es valioso que en ninguna de sus tres temporadas haya perdido el equilibrio en torno a los dos extremos a los que apostó: hablar de autores “difíciles” (por complejidad teórica y/o connotación política) y la verosimilitud con los problemas propios de la adolescencia de sus personajes. El “sexo, drogas y rock’roll” se equilibra de forma consistente con la dialéctica materialista, el ser-para-la-muerte heideggeriano o la angustia existencialista.

 

Vivimos tiempos donde reina lo útil. En ese sentido, no podría haber algo más indeseable que la filosofía: tiempo muerto aquel de rumiar ideas que no deriva en objetos tangibles o en rentas gordas. No es de extrañar, entonces, que sea la filosofía hoy un polo de atracción para la disidencia –difusa y múltiple- al modelo. Y, claro está, no es raro que la quieran quitar de los planes de estudios regulares en la Enseñanza Secundaria. ¿Podrá Merlí servir de grito a contramano de esta tendencia? En Cataluña, al parecer, sí funcionó.

 

MERLÍ

Creador: Héctor Lozano

Dirección: Eduard Cortés

País de origen: Cataluña

Temporadas: 3

Episodios: 40

Comparte tu opinión o comentario