Molfvn (Sangre): exposición del artista visual mapuche Antil

Por: Daniela Amahia Rodríguez Díaz

 

El día 6 de septiembre de 2019 fue inaugurada la exposición del artista visual Antil, Ex estudiante del Liceo Experimental Artístico, que terminó su formación académica en la Universidad Católica de Chile. La muestra transgrede el espacio de la Galería BECH, y lo convierte en un lugar donde se produce una crítica a los medios de comunicación, cuya transmisión y visualización del conflicto mapuche, es ligado al terrorismo sin entender que, en el Walmapu existe un conflicto en donde el espacio pasa a ser de resistencia y reclamo, por el reconocimiento de este Estado cultural indígena, que es constantemente violentado.

 

 

La muestra nos entrega un montaje decolonial, que mezcla materialidades en desuso   y las reutiliza, convertiéndolos en el soporte de objetos de arte. Lo desechable, lo quemado, lo marginado, muestran una dimensión estética que se imbrica con el sentir de un pueblo, el que ha sido constantemente sometido a un Estado, que no lo representa y tampoco lo respeta. La fotografía principal de la exposición, cuyo soporte es una plancha de zinc, muestra a un niño que posa con una metralleta echa de madera. Este es el objeto más atractivo y polémico del montaje, ya que visualiza la necesidad de resistencia, creando imaginarios en la infancia, que lejos de ser un juego; generan la posibilidad de una vida ligada a la violencia, dejando la sensación de shock en el espectador.

No puedo dejar de nombrar el aporte teórico que sustenta el testimonio de Fernando Pairican Padilla, quien cursa el Doctorado en Estudios Americanos por la Universidad de Santiago de Chile. El académico da su perspectiva decolonial del conflicto, los pone encima de la mesa, para que cualquier persona pueda crear una perspectiva critica -a favor o en contra- de esta guerra, que enfrenta el Pueblo Mapuche con el Estado chileno, por medio de empresarios de la zona del Bio-Bio. De esta manera el historiador se refiere al tema:

«Son los agricultores, en específico los de la Sociedad Nacional de Agricultura, los que en el año 2000 ya dan cuenta o equiparan el movimiento mapuche a actuaciones terrorista, no por las quemas, sino que por las recuperaciones de tierra.[…] La Sociedad Nacional de Agricultura es la que importa o pone en la agenda, incluso antes del atentado de las Torres Gemelas, el concepto terrorismo, el que comienza a ser políticamente correcto y se utiliza por las democracias latinoamericanas, […] la derecha chilena se adelanta a un contexto mundial para poner en torno al discurso del terrorismo las manifestaciones críticas al modelo imperante, en este caso, adquiere una dimensión racial si asumimos que el movimiento mapuche, por su procedencia étnica, [busca] la autodeterminación que es un derecho humano fundamental ¿o no? Por ende, la derecha acusa de terrorista a los Derechos Humanos de los pueblos originarios.»

 

 

Es así que el espectador, se lleva de la galería una amplitud de perspectivas, que lo transportan a la posibilidad de generar pensamiento crítico y político, en todos los espacios en que transitan, de manera simple e ilustrativa.

Finalmente, estamos frente a una exposición de gran madurez artística, que no solo se centra en lo estético desde el arte contemporáneo, sino que lleva un sustrato teórico, que permite democratizar el conocimiento de un conflicto que a través de los medios de comunicación, es sesgado para crear solo una perspectiva, que adhiere a un lugar territorial, social y geográfico desde lo hegemónico, y no desde la verdad. Con un Chile que pone su carga necro-capitalista, por medio del subterfugio de las hidroeléctricas y transnacionales de la región del Bio-Bio, sin llegar al trasfondo de la realidad del pueblo mapuche, ya que sigue siendo sometido, por medio de la sangre generadora de muerte. MOLFVN es un símbolo socio-político de la represión por medio de la fuerza del Estado chileno, de miles de seres humanos en todas sus dimensiones. La exposición de Antil en la Galería BECH nos invita desde materialidades que son accesibles (desechos) a resignificar una realidad oculta: la normalización de la violencia, no solo en la adultez de estos grupos humanos, sino que también desde la infancia; entre dos frentes que generan ideas heredadas del colonialismo, pasando a ser un conflicto en donde el racismo prima bajo cualquier perspectiva socio-política.

 

 

 

Músico, abogado y defrentista. Vive en Peñalolén, Santiago.

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