Ngoymalaiñ: la Justicia vendrá de nuestras manos

Por Pavel Guiñez Nahuelñir

Quince días me ha tomado poder escribir algo respecto del asesinato del peñi Camilo. Han sido días que parecen meses, la cantidad de información que ha sido desmentida, corregida y vuelta a decir, es tan grande que dudo que exista quien pueda rearmar el relato completo en su cabeza.

Camilo, es el muerto número 15 desde el retorno a la democracia, asesinado por esa misma falsa democracia. Todavía recuerdo ese 2002 en plenas movilizaciones por más comida en el liceo cuando recibimos la noticia de Alex y sus 7 días de agonía incontenible. Aún me recuerdo caminando por las calles de la Villa Sur en Santiago un 3 de enero, 7 am, escuchando en vivo el asesinato de Matías o las cortinas de agua araucana que nos bañaban mientras la misma radio emitía la noticia que Rodrigo caía muerto… y congelado, indignado, cada muerte marcó a fuego cada día en la memoria mía, y quizás en la de tantos y tantas. Son tantos los muertos que cargamos, es tanta la impunidad que la verdad, ya empieza a perder sentido gastar tiempo en cranear hilos de palabras cuando la vida es tan frágil y la voluntad tan pesada de movilizar, trenzar letras para que su danza intente seducir al lector o lectora y articule un racimo de ideas fuerza que permitan movilizar la solidaridad y salir del letargo, argumentar el descontento y defenderse… y con ello defendernos.

Y la verdad es que resulta inevitable preguntarse: ¿para qué y para quién escribir el hondo pesar que despierta este nuevo episodio? Como que cada muerte asesina también la vocación; que el sistema extractivo, que la economía neoliberal, que la democracia tutelada, que la actual y nueva “Pacificación de la Araucanía” dirigida por un tropel de guarenes entrenados en la jungla, y recorrer con la pluma tantos atropellos legitimados a punta de fusil esperando sumar indignación y con ello adherentes que no solo se indignen sino que se movilicen. ¿Acaso no conocemos los horrores o los obviamos porque pasa “lejos”? ¿Actuamos como cuando aparece el adulto mayor en la fila del banco: haciéndonos los hueones?… y pues la coprolalia aflora de tanta rabia, que perdonen las dermis delgadas de aquellos viejos que no creen que uno pueda escribir a la manera de Redolés.

Han pasado 16 días desde el asesinato de Camilo, 16 días en que se inventaron las más creativas historias de parte de quienes en nuestra sociedad debían ser los más serios y responsables. Mintieron de capitán a paje para cubrir su vergüenza, mintieron más de 20 veces y hasta ahora solo una escalera ha hecho un poco de justicia en La Moneda. Se vieron los más horribles titulares en los periódicos masivos enjuiciando a Camilo desde el día uno. También afloró una que otra performance de apoyo, cuyo único afán pareciera ser la selfie del momento buscando “ngulumapu” en Temuco (como si Santiago fuera Texas).

El león mata mirando, dicen los zapatistas, se sabe amo y señor de la selva mientras el resto de las especies reza no encontrarlo con hambre, y desconfía del otro y se estorban mutuamente por no hablarse. Los otros, separados, tienen tan poco que abrazan las oportunidades como realidades, y se pelean las escuálidas rendijas del poder pensando en mañana, mientras ellos, los de arriba, piensan a 10, 20 años plazo.

Y es que los asesinos están constituidos como actor político y lo saben, mientras nosotros, aún recorremos nuestro otoño orgánico esperando la primavera de los pueblos. Ellos están unidos en torno a un objetivo claro, no atomizados, perdidos en tesis, pretesis, mociones y un abanico desarticulado de estrategias que justifican cada una de las ambiciones individuales de los mesías criollos. Ya va siendo hora de que los pueblos construyan y constituyan su contraparte, su propio actor político para zafar del demonio neoliberal que nos condena al hambre y ese actor político no es el partido de turno, el frente político o el movimiento de actualidad, mucho menos el diputado polémico o la diputada preclara.

Ese actor político que requiere la historia para cambiar su eje somos nosotros y nosotras todas, movilizados en torno a una visión de futuro compartida que nace en un pasado común que nos enorgullece. La patria liberada somos quienes nos sentimos convocados en torno a una forma de vivir que nos permita disfrutar a nuestros hijos e hijas ahora, es donde ya no muera nadie más que, por tratar de vivir mejor sin el permiso de nadie, termine recibiendo una bala por la espalda de un traidor pagado para que le enseñe a los rotos que al patrón no se le discute.

 Hay que saber de donde se viene para saber a dónde se va, y ya va siendo hora de que los miles a quienes les dolió el asesinato a mansalva de Catrillanca se miren al espejo y resuelvan su posición en este conflicto sin ambigüedades y cedan en poder individual para ganar en poder colectivo. Significa disponer de toda nuestra creatividad para inventar caminos diferentes a los mismos problemas de fondo, de todas nuestras fuerzas para resistir a los desvíos y tentaciones acomodaticias del status quo y la moralina burguesa, y de todas nuestras voluntades para concebirnos como aliados en la diferencia y de todos nuestros saberes para liberarnos en un círculo pluricultural virtuoso de aprendizajes y triunfos mutuos.

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Un proyecto político de liberación será común en la medida que se identifique a cada cual y se le ceda su espacio para hablar por sí mismo, sin intérpretes. Será hegemónico en tanto sea capaz de representar a la globalidad de intereses respetando sus propias voces e interpretar cada una de ellas en una sinfonía tan diversa como consistente y coherente. Será legítimo en la medida que demuestre en los hechos que otro mundo es posible, que es posible comer, crecer y amar en otros cuadrantes. En resumen: a nuestros muertos se les hará justicia en la medida que estemos juntos y juntas pero no revueltxs, cada cual con su cada cual y todxs contra el mismo enemigo: el capitalismo y el patriarcado.

(Las opiniones vertidas en esta columna son de exclusiva responsabilidad de quiénes las emiten y no representan necesariamente el pensamiento de Revista De Frente)

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