Nuestro derecho a la violencia revolucionaria

Por: Nicolás Valenzuela

#DeFrente

 

Tenemos, en nuestra búsqueda por la libertad, el derecho a la violencia. Tenemos derecho a ejercer la fuerza y a rebelarnos ante un sistema injusto. Es el derecho más fundamental de todo pueblo. Y hoy no es algo antojadizo. No es arbitrario. Es la legítima respuesta a más de 40 años de abusos, donde la institucionalidad se ha mostrado indiferente ante los dolores de los de abajo. Han sido 40 años de movilizaciones, jornadas de protesta, marchas, tomas, paros, huelgas, huelgas de hambre, funas, interpelaciones y otras tantas formas de lucha. 40 años donde los ricos y poderosos, sin pudor alguno, hacen gala de sus privilegios y los políticos se ríen de nuestra miseria.

 

La experiencia del Chile neoliberal nos ha mostrado que, el estado y los gobiernos han tenido lugar para, antes que cualquier otra cosa, asegurarle las ganancias a las oligarquías y las trasnacionales. Ese, por ejemplo, es el verdadero  fin de las AFP y las Isapres, no el velar por nuestras pensiones o salud. Su normalidad es violencia. Su gobernabilidad, indiferencia y paz social es violencia. Es explotación, es pobreza, es desigualdad, es saqueo, es contaminación. Son las pensiones de 100 lucas, son las listas de espera, son la falta de insumos y especialistas en los hospitales, son los salarios de hambre, son las zonas de sacrificio, entre otros tantísimos ejemplos.

 

Mientras ellos nos saquean la vida quieren que nos mantengamos sumisos. Y gran labor han tenido en ellos los medios de comunicación, la prensa televisiva, escrita y radial. Nos han convencido que repitiendo discursos contra nosotros vamos a ser validados, nos han inculcado la consigna de la no violencia en las calles como un lema casi irracional y automático, mientras mienten y manipulan.

 

Y hoy, sobre todo lo anterior, hay muerte, tortura, violación y abusos. Por suerte hemos despertado. Y hemos sacado afuera la rabia y la furia que nos enfermaba y nos comía las entrañas.

 

Hemos salido a la calle a manifestarnos nuevamente, masivamente, como un solo pueblo. Y si, hemos ejercido violencia. No como el único medio, ni como el principal, pero lo hemos ejercido. Sin embargo, nuestra violencia es distinta. No se ejerce contra la vida, no se ejerce contra los cuerpos. Se ejerce contra los símbolos de su violencia y los agentes represores. Contra los supermercados, los bancos, las farmacias, las trans-nacionales, su prensa y contra todo otra institución que lo represente. Esa violencia es revolucionaria. Esa es la violencia que defendemos. Es la violencia que le dice a los poderosos: ¡Basta! Ya se han aprovechado demasiado de nuestra nobleza y las cosas van a cambiar.

 

Vaya en ese sentido, un reconocimiento a todos aquello jóvenes y no tan jóvenes que se exponen en las primeras líneas y contienen a las fuerzas represoras, para que las grandes mayorías podamos manifestarnos. De lo contrario, seríamos estampida y dispersión ante los perdigones, gases y carros lanza-agua.

 

No nos pidan a nosotros hacernos cargo de su violencia. La violencia neoliberal, el lumpenproletariado y los domésticos son el fruto de su siembra. De sembrar individualismo, competencia, patriarcado, drogas y desigualdad. Quieren usar esa “violencia” para dividirnos, quieren armar montajes para dividirnos. No lo lograrán. Ya hemos venido aprendiendo.

 

Tal vez por todo lo anterior es que los conductores de televisión, los burócratas y los tecnócratas condenan tanto el “vandalismo”. Deben ser saber, en el fondo de sus corazones, que sus sueldos, vacaciones y en definitiva su forma de vida, representa y encarnan la violencia. Saben que el final del día, sus propiedades y sus lujos, pueden ser parte de lo que pueblo quiere que arda, como símbolo del fin de los privilegios. Y por supuesto, ellos no quieren perderlos.

 

Por todo esto, da bronca ver a los dirigentes comunistas, frenteamplistas y de los grandes movimientos sociales “condenar la violencia” “avalar la protesta pacífica, pero no la protesta violenta”. Da bronca, porque se ponen del lado de la derecha para dividirnos. Se ponen en línea con la política de normalización que requiere represión y criminalización. Basta del buenismo con los poderosos. Si pretenden ser representantes del pueblo, como se dice en las calles, es con todo, si no ¿Pa’ qué?

 

No repitamos la oda contra el “vandalismo”, tampoco los llamados a condenar la violencia “venga de donde venga”. Gritemos la palabra justicia, unidad, pueblo, manifestación. Sin miedo. Porque el olor a goma quemada nos pertenece y es la señal de una furia popular que merece ser escuchada y compartida.

La obra de la portada es de autoría de Abel Elizondo Comic.

Músico, abogado y defrentista. Vive en Peñalolén, Santiago.

Comments (1)

  • eliandro da silva gonçalves

    Sem dúvida, quem concorda com a não violência, ou atos pacíficos está longe de apoiar o povo oprimido e que até agora tem sofrido todo tipo de violência. Esses sistema é fruto de violência institucional, serve para manter as massas calma enquanto são exploradas e nações saqueadas em benefícios de poucos. É justamente isso que as oligarquias querem, que nada saia da ordem que lhes interessam. Nada, nada mudamos com protestos pacíficos e comportados, manifestações enlatadas e higienizadas é tudo que os poderosos querem. Revolução e mudanças não ocorrem sem violência contra a quem comete a violência a que levou a esta situação caótica. Luta!

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