Orden público y democracia. El irremediable alejamiento del pueblo por parte de la DC

Por: Nicolás Valenzuela

Luego del desvergonzado candidateo a la asamblea constituyente como representantes de la élite por parte de los socialistas renovados, es el turno de ex ministros de la DC. Quienes, al igual que sus pares concertacionistas, terminan por enterrar su historia.

Después de tanto atropello y vejación a sus principios, habría que hacer una denuncia por presunta desgracia con tal de que se encuentre al último demócrata Cristiano que respete, en serio, lo comunitario y lo cristiano. Ya poco y nada queda del reformismo de Frei Montalva, el programa presidencial de Tomic y el espíritu de los 13. La renuncia de Ricardo Hormazabal y la muerte de Andrés Aylwin parecieran marcar el término de una época.

Desde el apoyo al golpe, hasta la novísima carta «Orden público y paz social: en defensa de la democracia» firmada por 16 ex ministros de la democracia cristiana existe una deriva represiva y neoliberal que los deja a la derecha y con los de arriba, como de hecho ya venía pasando antes del 18 de octubre.

Con mucha más decencia que sus pares socialistas, pero invocando los mismos lugares comunes, proponen avanzar en una agenda represiva que trata de imponerle al pueblo un acuerdo y una agenda social en la que no ha tenido arte ni parte.

Insistir en que el acuerdo firmado por los responsables de estos treinta años es la solución al conflicto social es mantener la actitud despótica y patronal de la política chilena desde la transición. Pretender hacer lo mismo y que ahora sí que sí tendrá resultados es, a esta altura, criminal, pues quién terminará pagando con su sangre las constantes invocaciones al orden público será, como en tantas otras oportunidades, el pueblo.

Responsabilizar de las consecuencias del estallido a las organizaciones políticas de izquierda muestra alejamiento del pueblo y desconocimiento del carácter de la movilización. Una ida a una marcha o la Plaza de la Dignidad basta para derribar esos interesados prejuicios.

Para peor, se están erigiendo como los principales defensores de Piñera en la acusación constitucional, con lo cual, amparan la impunidad de las sistemáticas violaciones a los ddhh. Ofrecer al primo cómo moneda cambio no calmará la sed de justicia de un pueblo que, desde el cambio de gabinete, ha seguido sufriendo los mismos atropellos. ¿Cuántas muertes desde entonces? ¿Cuántos heridos, cuántas violaciones y abusos, cuántos mutilados?

Tal vez lo poco de siglo XX que queda en los firmantes está en la cita a Lenin, la que, hecha desde la vereda neoliberal, le da tono humorístico a la misiva.

Músico, abogado y defrentista. Vive en Peñalolén, Santiago.

Post a Comment