Pablo Padilla (RD): «El frenteamplista no puede acostumbrarse a vivir como el 5% más rico»

Por Nicolás Valenzuela Paterakis

 

Activo militante del G80, hoy renueva sus esperanzas de cambio en Revolución Democrática. Escritor, sindicalista y rockero, Pablo Padilla,  fue candidato al parlamento por el distrito 9 y hoy es reconocido al interior de su partido como uno de sus liderazgos. Continuamos, con esta cuarta entrega, el ciclo de Debate Socialista en Revista #DeFrente.

 

 

#DeFrente: ¿Dentro de las grandes tradiciones de la izquierda, dónde situarías a Revolución Democrática (RD)?

 

Es un partido de izquierda, donde tenemos como eje el cambio social y el referente que me hace sentido sigue siendo Salvador Allende. De hecho, el nombre de RD es una cita de Allende en la que afirmaba estar orgulloso de comandar una revolución democrática. Eso debería marcar el desarrollo del partido. Creo que está más cerca de ser una síntesis. Si uno mira la composición de RD, uno encuentra un origen variado. Personas que se politizaron en el partido, otros que, desilusionados a fines de los 80 se han re-encantado, como es mi caso. Dentro de ese amplio espectro hay personas que vienen con experiencias militantes de otros lados.

 

 

#DeFrente: ¿Qué es ser socialista, hoy, en el Chile del siglo XXI?

 

Desde mi experiencia, recuperando lo que hacíamos en los tiempos de la dictadura, la democracia sigue siendo una idea radical, revolucionaria, que no pasaba solo por sacar a Pinochet. Esa era la primera piedra. En ese entonces, queríamos recuperar lo que era la UP, un proyecto socialista. El desafío sigue siendo, recuperar la democracia, en todos los ámbitos. Con todos los ajustes que tenemos que hacer a la estructura económica, entendiendo que no tenemos un proletariado industrial, tenemos otras características, al margen de eso, la democracia sigue siendo un desafío radical.

 

A nivel basal, respecto de como funcionan los espacios de participación político y social también es necesario que se llegue a una profundización democrática, y que eventualmente se institucionalicen, como la revocación de los cargos. También, por ejemplo, no repetirse los cargos de elección a cualquier nivel. Tender hacia algo que Podemos de España tiene, que es “una persona, un cargo”. No puede ser que en organizaciones grandes una persona tenga más de un cargo relevante.

 

 

“A mí me genera disonancia cognitiva con lo que decíamos hace cuatro o cinco meses en campaña. La mayoría gana, con cuea, 500 lucas, y harta cuea. Después de eso, resulta difícil escuchar que por un sueldo de un millón doscientos no vas a tener un buen abogado para un equipo parlamentario»

 

 

#DeFrente: Pasemos a los debates de la izquierda. Tú fuiste dirigente sindical, ¿qué papel le cabe a la pelea en el trabajo asalariado dentro de esta nueva izquierda plural, en la que emerge el feminismo, el ecologismo, y las luchas anticoloniales? ¿Cómo se articulan estos conflictos? ¿Sigue siendo la contradicción capital-trabajo más central que las otras?

 

Como Frente Amplio (FA) estamos al debe, no nos hemos actualizado ni hemos puesto al centro la relación capital trabajo, que también evolucionó y es distinta. No hemos dado el ancho poniendo ese acento. Esa distinción sigue siendo una contradicción que define nuestras vidas. Sea como profesional liberal, emprendedor o como  trabajador subcontratado, seguimos siendo sometidos por el capital. Que es dúctil y se ha movido hasta llegar a ser impersonal es una cosa, pero la esencia sigue estando ahí y nosotros como izquierda no hemos sabido dar la tecla al respecto. Nos hemos quedado atrás.

 

Dicho eso, no creo que sean accesorios, corren en paralelo. Aun cuando la contradicción capital-trabajo agudiza todas las otras. Si ya es malo ser mujer en un mundo machista, si eres trabajadora pobre es peor. Lo mismo en la diversidad sexual. Es difícil distinguirlo. La contradicción capital-trabajo es la más extendida, que afecta más personas, de más amplio espectro. Sin embargo, deberíamos saber hacer un sincretismo de agendas. Yo he visto experiencias sindicales que incorporan en su trabajo diario las temáticas de género y de la diversidad sexual de manera tan importante como las remuneraciones. Eso es lo que hay que hacer. Hay que hacer todo lo contrario a separar.

 

 

#DeFrente: Una de las cuestiones sobre las que se conversa bastante al interior del FA tiene que ver con la importancia de tener una herramienta legal. Haciendo un balance. ¿Cuál es la cuenta que se saca de tener un partido legal? ¿Son muchas las imposiciones de la ley de partidos? ¿Favorece la burocratización interna? ¿Crees que sería mejor contar con una organización más ligera, con más autonomía ante la ley?

 

Es un trabajo arduo cumplir con la legalidad, a veces te exige recursos que no tenemos. Por ejemplo, con la junta de firmas para inscribir RD. Afortunadamente, el Frente Amplio se puso -generosamente- a disposición. Fue uno de los momentos más altos que tuvimos. De eso sacamos acceso a espacios de poder, puro y duro, que es lo que necesitamos en esta disputa. Sin eso, difícilmente hubiésemos sacado la cantidad de diputados que sacamos. No soy muy amigo de la expresión, pero tiene su gracia hackear el sistema. No hay que engolosinarse con eso en todo caso. No vamos a vivir de eso, no vamos a poder juntar 40 mil firmas todos los años, hacer esas marchas forzadas para cumplir con la legalidad. Para lograr un peldaño importante, moverse dentro de la legalidad es necesario. Lo que viene ahora, es saber excederla con elegancia. Por ejemplo, en el ámbito laboral. Hay muchas experiencias de sindicalismo que exceden la legalidad por todas partes y avanzan. Entonces tenemos que saber lo legal es un sólo un espacio. No sé cómo toma eso expresión política. No sé si hay que explorar experiencias de cabildos, asambleas, que no son estrictamente legales. Una buena experiencia fue, al menos en lo simbólico, el plebiscito de la Coordinadora No + AFP que, en estricto rigor, no fue un plebiscito, lo sabemos, pero se hizo y punto. Fue hito importante.

 

 

#DeFrente: RD es un partido diverso, con varias tendencias internas. ¿Cuál es tu opinión de ellas? ¿Qué objetivos cumplen espacios como éstos? ¿Cuáles son los problemas que pueden traer estas formaciones?

 

Nunca he sido anti-lote. Durante mucho tiempo me he pasado observándolos. Me parece que es natural que existan, que nos ordenemos. Si como individuos somos complejos, juntar 10 mil o 30 mil personas es más complejo aún. Las tendencias son articulaciones de sensibilidades. Esta heterogeneidad se tiene que articular de alguna manera, se arman grumos en la leche, es normal. Ningún partido es homogéneo. Y si lo “es”, sospechoso que lo sea. Es medio raro. El punto es que las prácticas no las hagan volverse un partido dentro de un partido, o movilizadas por intereses espurios, vínculos personales, familiares, de clase, económicos. Hemos visto experiencias así en el PPD por ejemplo.

 

El problema de los partidos que funcionan con centralismo democrático es que terminan en capas y capas de suplantación de voluntades. El total de la militancia es suplantada por representantes, que más arriba tienen otros representantes. Entre más arriba, más suplantación, hasta llegar a la suplantación total. Y ese partido -supuestamente vanguardia- termina suplantando al proletariado. Es mejor que florezcan mil flores, como dice Mao. Sin llegar a cortarlas, a pesar de las preocupaciones que nos generen. Igual hay que poner ojo a como funcionan las tendencias dentro de la orgánica del partido, sin perder de vista la causa común que nos reúne.

 

 

#DeFrente: Vamos más al Frente Amplio. ¿Cuál crees que es papel que deben desempeñar los comunales ? Hay algunos que, replicando una división bien dura entre lo político y lo social, le asignan un papel de construcción territorial sin mayor incidencia sobre las decisiones políticas que hoy ha monopolizado la mesa del FA y quienes detentan cargos institucionales. El año pasado no tuvieron mayor peso, por ejemplo, a la hora decidir candidatos. ¿Deberían pasar a ser espacios de deliberación política? Hemos sabido de varios partidos que se oponen dentro de la Mesa Nacional. ¿Y si es así, cómo lo hacemos posible?

 

Creo que el papel de los comunales, a diferencia de lo que fueron el año pasado por la urgencia electoral, no puede estar desconectado, por ejemplo, con la elección de los candidatos, que sean solo tropas de asalto, repartidores de papeles, los que dejan las patas en la calle. Tienen que ser capaces de tener real incidencia. En términos electorales, las candidaturas deben tener ese arraigo. Lo segundo, es un papel más estratégico es ser el paraguas o la estructura que acoja a los independientes (del FA). Es uno de los temas a discutir, porque sabemos de algunos partidos que mostrado resistencias a la participación deliberativa de los independientes.

 

“Desde mi experiencia, recuperando lo que hacíamos en los tiempos de la dictadura, la democracia sigue siendo una idea radical, revolucionaria, que no pasaba solo por sacar a Pinochet. Esa era la primera piedra. En ese entonces, queríamos recuperar lo que era la UP, un proyecto socialista democrático»

 

 

#DeFrente.- Parte de los desafíos del FA tienen que ver con su ética. ¿Qué opinión te merecen los elevados sueldos de militantes del FA que son diputados, alcaldes, concejales o funcionarios municipales? ¿Se afecta la credibilidad del proyecto si quienes son representantes pasan a ser inmediatamente parte de los privilegiados de la sociedad? ¿Deberían tener un sueldo más acorde a lo que gana la mayoría de las y los trabajadores en Chile? ¿Hace falta una ley para eso o lo podemos hacer desde ya?

 

A mí me genera disonancia cognitiva con lo que decíamos hace cuatro o cinco meses en campaña. La mayoría gana, con cuea, 500 lucas. Después de eso, resulta difícil escuchar que por un sueldo de un millón doscientos no vas a tener un buen abogado para un equipo parlamentario. Esos son los argumentos. Estas cosas tocan el meollo del cómo podemos hacer la diferencia o no. No podemos esperar la ley, tenemos que generar prácticas que tiendan evitar los privilegios. Si alguien tiene un compromiso político trabajando en un municipio, por ejemplo, tiene que acostumbrarse a vivir con un sueldo que no lo ponga en el 5% más rico de Chile.

 

Además, hay que crear, aunque suene ambicioso, estructuras de salud, de cuidado comunitarias entre nosotros. Perdón por el discurso generacional, pero hay varias de esas que fueron parte de las experiencias ochenteras. En su entonces fueron estrategias de sobrevivencia y hoy podrían proponerse como practicas de profundo cuestionamiento. No tenemos que inventarlo todo, hay experiencias. Algunos de nuestra generación, por ejemplo, estamos pensando en cómo resolver conjuntamente el problema de la jubilación. En prácticas como éstas, se puede impactar la comunidad, porque no queremos que sean como colonias tolstoianas de comienzos del siglo XX.

 

 

#DeFrente.- Por último ¿Crees que el FA esté preparado para ser gobierno en cuatro años más?, ¿Estamos abordando todas las dimensiones que están implicadas en la disputa del poder?, ¿Qué crees que hace falta para eso?

 

Como primera línea podemos pensar es que tenemos una buena base para ser gobierno. Aquí hay una generación con más estudios, mejor preparada académicamente. Su problema es en qué país se criaron. Están educadas en principios neoliberales y eso se nota en la izquierda. Se ve en lo que cuesta instalar el discurso sindical, por ejemplo. Hay una percepción mala de la huelga en el sector público, bajo la idea de que estoy pagando, “con mis impuestos”, por un servicio. Ese discurso está muy instalado. Hay que politizar e izquierdizar a estas generaciones que están en vías de ser los nuevos servidores públicos.

 

Al de Defensa le tenemos miedo como izquierda. Porque tenemos experiencias de las que escapamos. Hablando de lo militar, están las experiencias guerrilleras fallidas o no fallidas, la discusión sobre si vamos a tomar los fierros o no. En Chile hasta hay un libro que tiene un nombre preciso, se llama “El tabú de la lucha armada en Chile”. Eso es, hay un tabú con la violencia. En Chile hoy no veo posibilidades de una vía insurreccional, pero eso no significa que el problema (de la violencia y lo militar) no se analice. Analizarlo no es tener una brazo armado, es abordarlo y tenerlo resuelto. La referencia obligada, aunque a algunos no les guste, con lo bueno y malo, los aciertos y errores de su experiencia, es Hugo Rafael Chávez Frías.

 

Y por eso no nos metemos en los temas de Defensa y se lo hemos dejado a los milicos y a la derecha. Tenemos que seguir mandando gente a prepararse en otros lugares, sin una visión de izquierda de la defensa. No nos queda otra que hacernos amigos de Cheyre (risas) y tomar las ideas de nuestro complejo militar-industrial, por decirlo de alguna manera. Si vamos a hacer gobierno nos vamos a tener que hacer cargo de eso. Hablar de Defensa no sólo tiene que ver con qué tanques vamos a comprar, sino que con el rol de las fuerzas armadas en democracia. Lo que está pasando con en Carabineros tiene que ver absolutamente con eso. La política de izquierda en Defensa ha sido no tener política.

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