Pandemia y lucha de clases: El exterminio de pobres

Por Jorge Valdebenito A.*

 

Circula en redes digitales el fragmento de una nota periodística donde una mujer, de nombre Verónica, indica que la situación es un exterminio de pobres. Exterminio que ha sido inducido por el Gobierno de Chile, cuya negligencia se ha cuadrado con los intereses del capital. Intereses contrapuestos a la reproducción de la vida, sea esta humana o natural.

 

Se añaden múltiples testimonios de trabajadores y trabajadoras del área de salud, quienes claman por falta de insumos y saturación en recintos hospitalarios. Hemos incluso sido testigos de negaciones de personal clínico de asistir a sus labores, como reclamo ante las mezquinas medidas sanitarias provistas por el sistema de salud chileno. Esto vale tanto para públicos y privados.

 

De conjunto se trata de un curioso estado de cosas para el país que hasta hace poco se auto proclamaba como un oasis en la vasta América Latina.

 

“Los momentos de crisis representan enormes desafíos, pero también grandes oportunidades”, frase que resuena como un eco en las mentes de quienes nos hallamos habituados a oírla de parte de Sebastián Piñera. Proclamada también hace una década atrás por el Banco Mundial, en medio de lo que fuera una de las mayores crisis financieras de la historia.

 

La burguesía insiste en señalar al capitalismo como un sistema históricamente familiarizado a los momentos de crisis. Es más, a estos suele sobreponerse y salir fortalecido.

 

Pero hoy la situación es particularmente delicada. Las clásicas fórmulas decisionales, los modelos de gestión de la crisis, experimentan limitaciones fácticas para sus respectivas implementaciones.

 

El Banco Mundial tuvo razón: hubo oportunidades, y estas fueron tomadas. Pero no quiso agregar “(….) y por los mismos de siempre”. Los dichos y medidas del gobierno de Macrón prácticamente no han dejado indiferentes tras de sí. Marco Enríquez Ominami, triunfalista, exclama que los economistas neoliberales han quedado mudos. Los paladines de la socialdemocracia se jactan hoy de haber tenido razón. “El Estado de Bienestar siempre fue la salida”, “no se puede lucrar con los derechos fundamentales”, “el crédito y la financiarización son pan para hoy, hambre para mañana”, etc.

 

Las escuelas keynesianas parecen anotar un triunfo ante el monetarismo. E incluso, aquellos que promueven consignas revolucionarias como la nacionalización o estatización de los medios de producción, parecen ver sus fantasías hechas realidad. A las sugerencias del ex Ministro Velasco de nacionalizar corporaciones como Latam, se suman ahora los dichos del Ministro Mañalich, quien anuncia el control estatal de clínicas privadas para el tratamiento de pacientes afectados por coronavirus. ¿Se trata de una medida “sin vuelta atrás”? Sólo el desarrollo práctico de la lucha de clases nos evidenciará qué munición se disparará a favor de los chicago boys en el futuro.

 

Lo cierto es que la naturaleza juega hoy una vez más con la historia humana. La incertidumbre se propaga en inusitadas magnitudes. Es como si de un momento a otro nos encontraremos reviviendo aquellas medievales escenas donde asesinamos gatos y nos resguardamos del sol en sótanos, temiendo ser víctimas de la peste bubónica.

 

Poco se conoce respecto al comportamiento y aspectos mutagénicos del virus. Los mercados bursátiles han reaccionado con violencia, y en Chile ciertos sectores alarman sobre las pérdidas experimentadas en los fondos de pensiones. Al respecto, hay quienes se burlan aludiendo a que como si mañana hubiera.

 

Analistas como David Harvey intentan ver el lado positivo. La ralentización de la actividad industrial ha permitido reactivar en parte la regeneración metabólica del ecosistema. Y así lo celebran quienes ovacionan la circulación de imágenes de cisnes y peces en las aguas de Venecia.

 

También hay quienes confían que estamos ad portas de un cambio cultural, cuya expresión sea una masiva toma de conciencia ambiental, materializada en la adopción de diferentes prácticas de vida-verde.

 

Todo esto ocurre en medio de vehementes movimientos en los tipos de cambio del mundo, especulación financiera, y salvatajes estatales a corporaciones privadas. El optimismo colisiona con el acaparamiento, el deterioro aún mayor de la salud mental y del incremento de suicidios en la población, y un flagrante ocultamiento de la realidad del sistema sanitario en los medios de comunicación de masas.

 

¿Entramos en una situación revolucionaria? Chile combina una crisis sanitaria con una crisis política y social, a lo que se suma la entrada de lleno en recesión económica. Distinguimos también desorden entre las fracciones del régimen, disparidades entre gobierno central y alcaldías, luchas de liderazgos que parecen replicar una lógica de sálvese quien pueda.

 

Lo anterior pone de manifiesto que las medidas tomadas bajo administración capitalista de la pandemia son insuficientes. Y a ello sumar el amplio rechazo de masas hacia las fuerzas armadas y de orden. ¿Quién restaurará el orden en este escenario? ¿Cómo se asegurará la estabilidad necesaria para la reproducción del ciclo económico en Chile?

Pero una vez más se hace patente la casilla vacía. La falta de una organización revolucionaria que sea capaz de acaudillar y conducir al pueblo a la toma del poder y la victoria sobre sus enemigos de clase. A los resabios del estalinismo, y sus respectivos crimenes de lesa humanidad, se acopla la derrota de la izquierda revolucionaria en Chile.

 

Pese a todo, no queda más que reiterar nuevamente “¡Socialismo o barbarie!”. Las masas debemos avanzar de conjunto hacia nuestra propia emancipación, o perecer en el intento. La historia, como siempre, está por escribirse.

*Sociólogo. Dr. © en Estudios Interdisciplinarios, Universidad de Valparaíso.

 

 

Corresponsal para Revista De Frente

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