Paro nacional de profesores: Demandas de interés nacional colectivo más que gremial

Gonzalo Díaz Martínez

Ex presidente Federación de Estudiantes Universidad de Los Lagos, sede Osorno

 

La actual movilización impulsada en distintos puntos del territorio nacional por el gremio más numeroso de nuestro país, presenta una serie de elementos programáticos en su pliegue de demandas que da cuenta del nivel de precarización de la educación pública en el Chile del siglo XXI. Esto no ha de extrañar a parte importante de la población, asumiendo que estas problemáticas que van desde condiciones de higiene y saneamiento de las dependencias de diferentes establecimientos, hasta cuestionables modificaciones al currículum nacional, no surgieron espontáneamente, sino que son consecuencia directa de un largo proceso sistemático de precarización de la educación pública a favor de la alternativa de la educación privada que se arrastra desde la dictadura.

 

No obstante, si hay algo que diferencia la presente movilización del magisterio a las anteriores protagonizadas principalmente por demandas salariales y contractuales que cosecharon el escepticismo e indiferencia de una sociedad altamente atomizada, es el intento de este gobierno de realizar cambios significativos en la malla curricular para estudiantes de tercero y cuarto medio, atentando curiosamente y de manera acentuada sobre asignaturas que tributan a una formación integral de las y los estudiantes. En este sentido, figuran como amenazadas las asignaturas de filosofía, artes visuales y musicales, educación física e historia y geografía; una jugada tremendamente contraproducente para un país que de acuerdo a un informe de la FAO del año pasado, se estima que el 34,4% de la población sobre 15 años sufre de obesidad y, en una situación igual de preocupante, Qsolamente un 46% del padrón electoral sufragó en la última elección presidencial a fines del año 2017. Un par de cifras contundentes que dan cuenta del absurdo que significa hoy en día suprimir asignaturas que por el contrario, debiesen estar en constante fortalecimiento.

 

Desde la otra cara de la moneda de este conflicto, podemos apreciar sin mayores dificultades la actitud obtusa de un gobierno que no comulga en absoluto con la necesidad de combatir estas realidades más que propiciar su asedio. Una muestra clara de esto es apostar una vez más por la táctica del desgaste del movimiento social más que atender a un diálogo de carácter vinculante con los principales actores del mundo de la educación. Además, la presente coyuntura nos permite ver cómo la educación no resulta una prioridad para este gobierno al no ser éste un sector productivo y cuya paralización no afecta los ingresos de los oligarcas de este país, a diferencia de lo que significa un paro desde los portuarios, forestales o mineras.

 

Al respecto, resulta necesario contemplar el escenario actual sin ingenuidades que pretendan disfrazar las nefastas intenciones detrás de un cambio curricular planificado con el objetivo claro de debilitar aún más el nivel de politización de la población, además de obstruir en mayor medida el desarrollo del individuo como un ser integral cuyo sentido va mucho más allá de una vida marcada por la producción laboral.  De este modo, podemos darnos cuenta que lo que está en juego es mucho más que una demanda que atañe a los profesionales de particulares áreas de la educación, sino que al conjunto de una sociedad que hoy necesita salir de estos abismos para transformar su realidad más que sepultar aún más las expectativas tanto de su mente como de su futuro. Considerando lo anterior es que constituye hoy en día un error estratégico el hecho de esperar que la negociación de este punto a nivel micro en cada municipio del país pueda significar una solución definitiva a esta situación.

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