Pepe

Por Camilo Álvarez López

Educador popular uruguayo y columnista #DeFrente

 

 

La noticia fue que Pepe renunció al Senado, responsabilidad que asumió con un tremendo respaldo popular en las elecciones.

 

Es evidente que la renuncia a estos lugares es noticia. Porque no suceden seguido. Porque de ahí uno no se va cuando quiere en general. En el último tiempo solo el “Boca” Andrade renunció porque definió que su aporte a la lucha era en el sindicato.

 

Pepe se retiró el martes 14 de agosto. Su renuncia al Senado dio la vuelta al mundo. Una por ser Pepe y otra porque nuestras sociedades veneradoras de cargos y galones no comprenden cómo es que alguien decide lo profano frente a la tentación de la eternidad de lo sagrado.

 

Pepe es de una generación en la izquierda uruguaya a la que le debemos mucho. Muchísimo. Una generación que forjó la unidad como fuerza fundamental para enfrentar a la derecha y como identidad estratégica.

 

No es fácil mantener firme el ejemplo durante tanto tiempo y pasando por tantos lugares tentadores para desviarse. No es fácil enseñar y predicar con el ejemplo que no precisamos vivir en la exigencia de la apariencia, que el amor es una categoría revolucionaria y que la naturaleza es un espacio a respetar más que a conquistar.

 

Pepe mostró a cabalidad que el valor no reside en el coraje sino en la dignidad de pararse frente al mundo. Y que no hay orgullo personal o individual que valga tanto como la causa por los más infelices.

 

Tener la posibilidad de coincidir con Pepe en este tiempo, en este instante de la historia es tremendamente gratificante. No se trata de adulaciones, no pido que me aprueben esto ni que lo aplaudan desde la derecha. Se trata de manifestar, aprovechando esta decisión de Pepe, que llegamos acá gracias a una generación que se está yendo, pero nos deja un legado tremendo.

 

Podríamos decir infinidad de cosas de Pepe. Y seguro que cada uno/a tendría una anécdota, una experiencia. Es que Pepe logra vincularse con todo/as, logra esa cercanía, esa forma de sentirlo como de la familia, un igual. Pepe se parece a cualquiera, porque Pepe justamente es uno cualquiera y esto es lo que más jode a la derecha. Que uno cualquiera pudiera ocupar el lugar reservado para algunos.

 

Pepe se fue del Senado y pude ver que unos muchos repararon en que la oposición no dijeron nada. Solo Mieres. Como si ahí estuviera lo relevante de alguien que dice que se va a seguir luchando, sembrando ideas y solidaridad. Que en parte allí también reside el desgano, en gastar el tiempo en lo que uno quiere y le hace bien.

 

Pepe se jugó el pellejo por una causa, literalmente. A veces es bien fácil tomar definiciones, pero no siempre a estas definiciones se les pone el cuerpo, se las asume como responsabilidad. Y eso ha sido Pepe todos estos años, una consecutiva entrega y puesta de cuerpo para respaldar lo que consideró correcto en cada momento.

 

Tal vez, ir a contra corriente de lo políticamente correcto y esperable, estar dispuesto a aprender y de todos con quienes encontraba. No quedarse en los lugares comunes del aplauso fácil. Permitir la discrepancia como ejercicio y sobre todo, recordarnos siempre y cada día, que los más pobres, los más infelices son nuestro desvelo. Y para permitirle a los olvidados de la tierra y la ciudad la posibilidad de ser parte, no hay orgullo personal que valga así como no hay distancia de ideas válidas.

 

Lo increíble de Pepe es que se va del Senado a seguir luchando, algo que hizo toda su vida desde distintos lugares. Se va a militar. Por eso, hasta el último suspiro, Pepe nos va a seguir enseñando.

 

*Publicado originalmente en http://republica.com.uy/pepe-id671151/

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