Planificación, desregulación, y crisis global. Análisis de Parasite (III)

Por: Felipe Oscar Lagos Díaz

 

Tercera y última entrega del análisis de Parasite, film de Bong Joon-Ha, precedida por (I) «Análisis espacial de Parasite»: http://revistadefrente.cl/analisis-espacial-de-parasite-de-bong-joon-ha-por-felipe-lagos/  y (II) «Clase y movilidad social»: http://revistadefrente.cl/clase-y-movilidad-social-analisis-de-parasite-ii-de-bong-joon-ha-por-felipe-lagos/

Cuando la familia Kim, especialmente los hijos, esperan de Ki-Taek, el padre, un nuevo plan para remontar la dramática adversidad, él declara: “El mejor plan es no tener ningún plan”. Hasta ahora no se había interpuesto en los planes de los hijos, en su frenesí planificador, por así decir; Ki-Taek los había acatado en silencio y hasta con júbilo. Pero ahora expresaba lo que siempre había pensado.

¿Es el pesimismo espontaneista de los padres contra el optimismo planificador de los hijos, es decir, un conflicto generacional? ¿O, como lo interpreta Eileen Jones, la ausencia de proyectos de las clases bajas?: “La idea de que nada funciona cuando se es de clase baja es algo que en general la gente se resiste todo lo posible a reconocer. Aparentemente lo que la sostiene es la determinación de que siempre se puede intentar algo más, algo mejor, y que sin importar cuántas veces se fracase, se debe tratar de levantarse de algún modo”[1].

Diremos que es ambas cosas, una cuestión de clases y también generacional. La pulsión planificadora, sostenida en fantasías, persiste hasta el final, cuando Ki-Woo “planea” ir a la universidad, hacerse millonario, comprar la casa de los Park y rescatar al padre. Si parasitar de la familia Park es una forma de ser parásitos, otra es  serlo de las propias fantasías y esperanzas.

No obstante, sostenemos que, paradojalmente, el impulso planificador de los hijos Kim es una forma instintiva y espontanea de responder al parasitismo. Una especie de “contra-movimiento” con el objetivo de controlar los nefastos factores impuestos por el mercado autorregulado[2]. Aun siendo parásitos, deben elaborar un plan intrincado, al que son arrastrados los padres y, asimismo, los espectadores.

Se presenta así también una distinción generacional entre los padres y los hijos Kim. La instalación del modelo neoliberal, es decir, de la económica desregulada de mercado, del espontaneismo del mercado, no sólo fue un fenómeno económico, sino cultural. La ausencia de planes, el rechazo a los planes que se expresan al final del film, por el padre, era no “normal”, lo que correspondía. En realidad, la narración del film se centra es un periodo excepcional, el de un plan excepcional y extravagante.

La memoria de la generación de los padres Kim (mayores en edad de los padres Park) fue la del desarrollo en el periodo de la globalización neoliberal entre los años 80 y 90. Años de felicidad que se fueron resquebrajando a partir de las distintas crisis: desde la llamada crisis financiera asiática de 1997  a la crisis financiera e inmobiliaria global de 2008. En un primer periodo de globalización, financiación y neoliberalismo feliz, la economía se expandía y el horizonte se presentaba seguro.

Pero esto ya ha cambiado, globalmente. Ya sea en Corea del Sur, Grecia, Italia, Argentina o Chile, la globalización feliz se acabó. La desigualdad ha emergido. Y aunque los datos digan otro cosa (supuestamente Corea del Sur es menos desigual que Reino Unido o Estados Unidos), la percepción es que la economía ya no se expande y lo único que se propaga es la desigualdad.

Stefania Gozzer cita a Owen Miller, profesor de Estudios Coreanos en la Escuela de Estudios Orientales y Africanos de la Universidad de Londres, quien en una entrevista para BBC Mundo dijo que aunque el modelo surcoreano tenga el ritmo de crecimiento de los países desarrollados, “no está sacando a la gente de la pobreza en la forma en que lo hacía antes, así que hay una sensación de que la gente está estancada”[3].

Tras las crisis de fines de los 90 y mediados de 2000, la flexibilización laboral aumentó, forjando desestabilización y también una diferenciación generacional. Y si bien en Corea del Sur la tasa de desempleo es baja, “el 51% de los trabajadores dice que se les exige más de lo que pueden dar”[4].

De estabilidad laboral se ha pasado a la flexibilización contractual y la tercerización. El horizonte se vuelve inseguro. La frustración se expande. La competencia se vuelve intensa, emocionalmente agresiva. La salud mental se menoscaba. Ni siquiera ir a la universidad y obtener un título asegura el futuro.

El mercado desregulado ha producido, en el mejor de los casos, un sector social, especialmente de jóvenes, sobreeducado para empleos precarios: “tres de cada diez surcoreanos tiene un trabajo para el que está sobrecualificado lleva al menos tres años en esa situación”[5].

Por esta razón es que también se ha presentado otra crisis, el de las migraciones: “El gobierno ha reaccionado implementando programas para exportar profesionales como K-move, una iniciativa para ayudar a jóvenes surcoreanos a encontrar empleos de calidad en el extranjero. Aunque la cifra de empleados que envía fuera aún es baja: menos de 6.000 en 2018”[6].

Esta situación es global. En España, por ejemplo, jóvenes graduados de universidades han tenido que migrar a Alemania para obtener trabajo como meseros. Grecia e Italia también viven los problemas asociados a la migración. Así como el continente africano.

De ahí que los hijos Kim deban, espontáneamente, reaccionar a la desigualdad e inseguridad, ¿cómo? Planificando. Es allí de dónde emerge el impulso planificador.

Pero el sistema neoliberal no tiene cabida para la planificación. Por eso el resultado es la catástrofe. Mercado autorregulado y planificación se obstaculizan mutuamente: “…fue precisamente a lo largo de esta tentativa para conjurar los peligros absolutamente nuevos del mecanismo del mercado, cuando el movimiento de protección entró inevitablemente en conflicto con la autorregulación del sistema”, escribió Polanyi[7].

Todo lo graficado aquí es válido de manera mundializada. Parasite está ambientada en Seúl, capital de Corea del Sur. Pero podría ser Rio de Janeiro, Buenos Aires, Atenas, Detroit o Santiago de Chile. Que sea una de las diez economías más grandes del planeta, de alguna manera sorprendió a todas y todos. Y por eso su efecto ha sido tan profundo. Me figuro a un Bong Joon-ho como si fuera el joven Friedrich Engels escribiendo La situación de la clase obrera en Inglaterra (1845) y, digámoslo también, a Marx, en El Capital (1867), realizando el análisis cabal del modo capitalista de producción en una formación económico-social específica, la inglesa. Lo que Engels, Marx y Bong Joon-ho expresan… es una tendencia…, un destino… Ese es el gran significado del Londres del siglo veintiuno: Seúl.

Las relaciones de privilegios, por un lado, y desposesión y exclusión, de otro; las movilizaciones sociales generalizadas; las turbias estructuras de poder, nacionales y en redes internacionales; son elementos que se extienden globalmente. De ahí que el éxito del film “se deba principalmente a la gran habilidad que tiene para leer el presente desde una ficción doméstica”[8].

Parasite y Joker, ambos estrenos cinematográficos de 2019, uno surcoreano y otro norteamericano, a partir de historias centradas en casos específicos (familiar uno, individual el otro), narran la realidad desesperada de la actual situación global.

En una entrevista para Russia Today (RT), Slavoj Zizek considera que el Joker “al final, cuando se identifica con su máscara, es una figura del nihilismo extremo, la violencia autodestructiva y la risa loca de la desesperación de otros”; expresando así el estancamiento del sistema y la autodestrucción de la sociedad[9].

Las palabras de Zizek acerca del film Joker también pueden estar destinadas a Parasite: “La elegancia de esta película es que nos deja el siguiente paso para crear una alternativa positiva. Es una imagen del nihilismo oscuro destinado a despertarnos”. E incluso estas: “Mostrarse sorprendido por la violencia representada en la película es solo una huida de la violencia real”[10].

Joker narra, en el colapso personal, la debacle de la sociedad en su conjunto. También Parasite lo hace. El descenso de los hombres Kim, bajo la tormenta, es cardinal en la trama. Es el colapso social.

Pero a diferencia de JokerParasite es mucho más profundo y contundente respecto a ese colapso. Podríamos decirlo así: Joker es el colapso de la sociedad, Parasite plantea el colapso de la sociedad, la civilización y la naturaleza.

No obstante, así como la crisis social no es simétrica, tampoco lo son las crisis civilizatoria y climática, al menos en este periodo de su desarrollo. Los pobres sufren más inmediatamente las consecuencias. La ruina en el hogar de los Kim, no fue sino un bello día tras la tormenta en el patio de los Park.

Además, esto se aprecia en el film del siguiente modo: los Park salen de excursión un fin de semana, mientras los Kim tienen la sensación de haber consumado su plan. De pronto, todo se desborda… Aparece la antigua empleada, Moon Gwang, porque viene a buscar a su marido, Geun Se, el topo. Ese personaje que vive en el subterráneo, un ex refugio nuclear que el antiguo dueño, por vergüenza, no había contado a los Park de su existencia.  Además, la esposa, antigua empleada, en una breve escena lúdica, simula ser una lectora de noticias norcoreana. De este modo, se expresa doblemente la amenaza bélica, acallada, por vergüenza, subterránea, entre Corea del Sur y Corea del Norte.

Asimismo, emerge la amenaza ambiental. La tormenta repentina no es sino una “metáfora” definitivamente real del cambio climático. Paradojalmente, la tormenta es un recurso simbólico pero también concreto, explicito, literal. Símbolo del caos interior y del desenlace, por un lado, y por otro, literalidad de la crisis global.

Es el momento donde la planificación, el gran plan de Ki-Taek y al que su hermana Gi Jeong también se había acoplado creativamente,  “se desmorona y no hay un plan alternativo”. Y hacen su entrada las fuerzas de la espontaneidad, de la desregulación[11].

La incapacidad de la voluntad de planificación ante las fuerzas tormentosas de la desregulación, también se muestra en la alternativa, o más bien, como dijimos, en la ausencia de alternativa…  Esta ausencia tiene un doble carácter.

En la entrevista citada de Zizek por RT, el pensador esloveno señaló del Joker: “Su idea es que la película explica cómo figuras como Joker pueden surgir. Es una representación crítica de la realidad en EE.UU., que puede dar a luz a gente como Joker”; agregando que la situación requiere “cambios radicales”, que “la insatisfacción que crece hoy es seria”; y que el sistema no puede ya lidiar con la crisis a partir de “unas reformas graduales, una mayor tolerancia o una mejor atención sanitaria”[12].

Tenemos así, en primer lugar, la ausencia de alternativa del propio sistema capitalista para reformarse a sí mismo. Especialmente porque la crisis está articulada en todos los ámbitos de su desarrollo: en la salud, la educación, la vivienda, la producción, el medioambiente, la economía, la individualidad y lo comunitario, los valores y la política.

De ahí que en Parasite los distintos géneros cinematográficos se articulen, transitando de  una comedia familiar de estafadores, drama social, hasta convertirse en un thriller de horror. Del mismo modo, “como los parásitos, las imágenes de la película se mueven en muchas direcciones y nos dejan ver las grietas entre las clases sociales y las ‘amenazas de contaminación’ que encubre el intercambio entre ellas”[13].

A esto se agrega, en segundo lugar, el carácter internacional de la ausencia de alternativas, explicitado en el encuentro entre Oriente y Occidente. Los espectadores occidentales fuimos completamente interpelados por Parasite. Bong Joon-ho realiza una disección de la sociedad coreana, pero a través de códigos hollywoodenses. Pero al mismo tiempo, no dejó de seducirnos “la idealización y el exotismo” que nos presenta el film[14], por ejemplo, en la utilización del suseok, la piedra ornamental “que irá salpicando el relato y que aparece en el propio cartel del filme”[15].

Todo esto nos impulsa a una conclusión: ya sea en oriente u occidente, en lo familiar o lo exótico, en la realidad o la idealización, o al interior mismo del sistema, no hay alternativa…; la tendencia está trazada…, el destino irrumpe.

Sin embargo, para terminar, la película pareciera dejar una esperanza, aunque sea muy exigua. Al final de la historia, la infancia y lo indígena americano se encuentran. El niño Park –que a lo largo del film lanzaba flechas, llevaba un hacha “tomahawk”, jugaba y dormía en el “tipi” y elige también disfrazarse de “nativo americano” para su fiesta– tenía la capacidad de interpretar el código morse con el que se comunicaba el topo desde el subterráneo. De este modo, la infancia, mediada por lo indígena, se enfrenta a la catástrofe, al thriller de horror, a la muerte, al desenlace.

La infancia, lo indígena, lo comunitario y la capacidad de empatizar –leer el código morse– o reconocerse a sí mismo con la desgracia de los más desposeídos, pareciera ser lo único que podría intervenir en la tendencia… que Parasite nos muestra. Porque si seguimos fantaseando con las mismas reglas del sistema, de competir y triunfar, aunque sea que intentemos regular el mercado vía planificación, la catástrofe será nuestro destino.

BIBLIOGRAFÍA

Jones, Eileen. El capitalismo y los parásitos. En: https://www.nuso.org/articulo/el-capitalismo-y-los-parasitos/

García Serrano, Federico. Parásitos: thriller tragicómico y “muy” familiar. En:  https://www.elpuenterojo.es/wp-content/uploads/2019/11/Par%C3%A1sitos.pdf

  1. El filósofo Slavoj Zizek sobre la película ‘Joker’: «Es una imagen del nihilismo oscuro destinado a despertarnos». En:https://actualidad.rt.com/actualidad/332587-filosofo-afirmar-joker-exponer-problemas-orden.

Ardila, Andrés. Parasite y las tensiones entre clases sociales, culturas y géneros cinematográficos. En: https://razonpublica.com/parasite-las-tensiones-clases-sociales-culturas-generos-cinematograficos/

Torres, Lorenzo. Un juego siniestro de familias concéntricas. En: https://www.makma.net/un-juego-siniestro-de-familias-concentricas/

Sánchez, Andrés. Deconstruyendo los escenarios, reales e imaginados, de «Parasite» en Seúl. En: https://www.efe.com/efe/america/destacada/deconstruyendo-los-escenarios-reales-e-imaginados-de-parasite-en-seul/20000065-4171400

Gozzer, Stefania. “Parasite” gana el Oscar: ¿es Corea del Sur tan desigual como retrata la película? En: https://www.bbc.com/mundo/noticias-51445921

Polanyi, Karl. La gran transformación. Ediciones La Piqueta. Madrid, 1989.

Músico, abogado y defrentista. Vive en Peñalolén, Santiago.

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