¿Por qué en Chile queremos tanto a Pearl Jam?

Por Miguel Fauré Polloni

 

 

Santiago (no) es Seattle. Sus calles húmedas de amanecer, huelen a tabaco barato. Leñadoras para patear el frío dos cuadras más allá, donde las sopaipillas humean y alivian la angustia. Spotify dice que aquí Alice In Chains y Soundgarden podrían entonar el himno patrio. ¡Cuánta amargura!, comentarían los matinales, esa gente insufrible que no sufre de pelotuda y empastillada.

 

Pero resulta que por Av. Brasil pasa Eddie Vedder, filmando para instagram el periplo hasta el Movistar Arena. De día, una versión pobre de las palmeras en Miami. De noche -la vieras, Eddie- pasarela de tristes treintones ebrios de cerveza artesanal y melancolías noventeras, con cenizas de Life y Yellow Led Better en cassettes rebobinados con bic azul, punta fina.

 

Santiago (no) es Seattle. Ni hablar. Acá con suerte la lluvia pega fuerte en junio, ventisca norte con navegados de azúcar aceitosa, canela escasa, naranjas secas y el tinto de tetra. Pero, niégalo Vedder, qué buen sabor tiene a eso de las 3 AM, cuando un «Come back» a grito pelado te descascara el alma.

 

Concepción es rock. pero Seattle es más Valdivia. Ni pensar que estarán por allá. Por lo pronto, la van que les trae se acerca a la horrible tortuga de fierros en donde deberán -por vez primera- cantar en el paisito con gente a cielo cerrado. ¿Cuántos Pinot Noir se habrá bajado Eddie a estas alturas de la noche? ¿Importa?

 

¿Por qué queremos tanto a PJ en Chile? Elemental, querido Jeff. Esta isla se alimentó de grunge en medio de la transición, cuando el «no estar ni ahí» y el malestar interior empezaban a carcomer al chileno medio… no por ingresos, sino por edad. No fue fácil ser adolescentes en días de «Jeremy».  Y así fuimos siguiendo el acompasado devenir de un No Code y un Yield hippies. a la vez que acá se podía empezar a hablar de sexo y de política universitaria sin tapujos.

 

¿Qué hacer cuando una juventud de brazos anchos -de 15 a 30ytantos- se reconoce en el «Alive»? Pues, «Just Breathe». Filmar con Sean Penn y rememorar las dos décadas mostrando el día a día -sin droga de jeringas, sin sexo salvaje contra las paredes- en un documental casi familiar. Porque los rockstars de verdad ya están muertos.

 

Cuando tienes hijas pequeñas que hacen sonar el ukelele como papá y al momento de ser ingresado al Salón de la Fama del Rock, sólo atinas a agradecer el amor y apañe de tu compañera… ¿quién eres? ¿Paul Mc Cartney?. No, wn. Eres un chileno más que se la bancó. Un Eddie Vedder cualquiera, amigo de sus amigos y de la empatía franca. El mismo que te dice que el vino aquí es más rico que la chucha (como tú crees también, aunque no pruebes otros). Un común.

 

Llego al Movistar. No entro. Quién mierda paga tanto -y on line– por un ticket sin alma, ni rejilla para contener los botellines de chela lanzados al batero que no acompasa. Me voy a la boti de turno por un merlot barato. Calor e inspiración inmediata. En youtube está el último bootleg. A cantarlo -en silencio- a rabiar.

 

Mañana, al laburo, habrá que madrugar. Audífonos de luca, sopaipa de 200. Audio gratuito descargado del Ares. Pongo play: futuredays.mp3.

 

 

Fuente de imagen: www.latercera.com

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