Precio del petróleo en Estados Unidos en un «crash» histórico. Algunos elementos para la comprensión

En uno de esos días históricos de «crash» capitalista, el de hoy será recordado como uno de los más icónicos de la época que vivimos: el petróleo, la mercancía insigne de la escena económica global desde hace más de medio siglo, se cotizó hoy en el mercado estadounidense en -37 doláres, esto es, en números negativos. Es decirl menos en teoría, las compañías petroleras estadounidenses estarían pagando 37 dólares a quien «compre» el barril del petróleo, esto es, el equivalente a unos 158 litros. Para comprender las causas e implicaciones de estos inéditos sucesos, aquí compartimos algunos elementos históricos que resulta pertinente señalar porque dicen mucha relación con lo que se viene viviendo, y ayudan a entenderlos (continuando y corroborando lo descrito más en extenso en nota publicada hace ya más de un mes acá, «La coyuntura de la pandemia del Coronavirus en contexto histórico. Elementos para abordar un presente crítico e incierto«).

 


Índice:

1. La hegemonía estadounidense, el predominio del dólar «fiat», y el dúo dólar – petróleo
2. La crisis pandémica planetaria del Coronavirus acelera y detona la crisis capitalista global
3. Sobre este «crash» del precio del petróleo norteamericano en particular
4. Algunas conclusiones preliminares sobre esta crisis

 


 

 

1. La hegemonía estadounidense, el predominio del dólar «fiat», y el dúo dólar – petróleo

 

Tras la Segunda Guerra Mundial, se instaura un sistema económico y monetario con dominio de Estados Unidos, y con ello, del dólar como divisa internacional dominante. En 1971, ese esquema se agudiza: El Gobierno de Richard Nixon se encuentra ante un creciente déficil fiscal (entre otras cosas pero muy centralmente, por el entrampamiento imperial en la Guerra de Vietnam), y abandona unilateralmente el «patrón oro», esto es, aquella medida que se había puesto como lemento estabilizador del capitalismo mundial, que consistía en que las monedas se respaldaban en una cantidad de metal (sobretodo oro, en su momento también plata). Por tanto, a partir de entonces, la Reserva Federal de Estados Unidos emite dólares a discreción. El dólar se convierte en lo que se llama como «moneda fiat», es decir, una moneda sólo respaldada por la «confianza» o poder de quien la emite. Esto pone un fundamento al esquema neoliberal de la economía que se profundizará después.

 

En 1973, la decisión de la Organización de Países Exportadores de Petróleo de subir los precios del crucial combustible fósil, produciría una fuerte sacudida económica a nivel global conocida como «Crisis del Petróleo». Los países del capitalismo central, dependientes de la importación del petróleo por sus altos y crecientes niveles de industrialización, entraron en inflación y depresión económica. Fue entonces que el Gobierno de Estados Unidos logró, con la complicidad activa de Arabia Saudí, instaurar el dólar como moneda de intercambio para el mercado petrolero. Los países de la OPEP aceptaron tal medida, lo cual le daba cierta estabilidad en el sistema del cártel oligopólico petrolero, dando inicio a la conocida idea de los «petrodólares», y una relación simbiótica entre ambos factores, habida cuenta de la importancia crucial del petróleo para un cada vez más acelerado sistema industrial global.

 

Desde entonces, como es sabido, se viven las décadas del auge y hegemonía neoliberal, y de Estados unidos como superpotencia, secundados por Europa occidental y Japón y el Sudeste Asiático como actores secundarios en la escena capitalista global. El Sudeste Asiático vivió una dura caída en la crisis de 1998, y el crecimiento de Japón se fue estancando. En el 2008, se desata una nueva crisis, esta vez con núcleo en Estados Unidos pero con fuerte repercusión en Europa, lo que la hace profundizar la senda neoliberal que ya traía de antes el conjunto de la Unión Europea.

 

En Estados Unidos la crisis es muy aguda, y hace quebrar a empresas e instituciones financieras emblemáticas en el orden capitalista neoliberal. La Reserva Federal (el banco central estadounidense) sale a contener la crisis con una emisión masiva de dinero en líquido y en títulos de diverso tipo, y por tanto, de dólares.

 

La crisis del 2008 en sus distintas dimensiones productivas y financieras, se contiene también, en crucial medida, porque China mantiene su crecida en todas las variables posibles, en producción «física», en poder financiero. Acumula grandes cantidades de deuda estadounidense, y junto a Rusia, prosiguen acumulando oro, es decir, una reserva que va afianzando su solidez económico financiera. El 2010, desplaza a Japón como el país con el 2do Producto Interno Bruto (PIB) más grande del planeta. En los años posteriores, sigue acortando la brecha con Estados Unidos, lo cual es más grave aún más para la hegemonía de éste, atendiendo a que sus cifras tienen toda la fragilidad de una economía y unas empresas sobrevaloradas por el propio espiral de la economía especulativa privada, concentrada en unas pocas empresas o grandes corporaciones oligopólicas y que han aumentado artificialmente sus valores por la vía de compras y recompras de sus propias acciones, y de quiebras y fusiones que acrecentan dicha concentración, a contrapelo de la propia teoría económica neoliberal que señala que tales fenómenos, al reducir la competencia empresarial, aumenta los peligros y la irracionalidad del sistema en su conjunto.

 

2. La crisis pandémica planetaria del Coronavirus acelera y detona la crisis capitalista global

 

Con la crisis desatada por el coronavirus, que tiene el agravante inconmensurable de cortar en buena medida las cadenas de suministro y el movimiento de mercancías y personas a escala planetaria, la Reserva Federal sale a repetir lo del 2008, pero a mayor escala aún: 2.2. biilones de dólares (un millón de millones, o un «1» con 12 ceros al lado), junto con una rebaja también inédita en las tasas de interés, llevándola a 0 por ciento. Se supone, según la teoría económica «monetarista» o neoliberal, que el riesgo de dichas medidas sería una espiral inflacionaria. Pero no. Nuevamente, el problema es aún mayor: la deflación, es decir, una baja generalizada en los precios (Un completo repaso de la gestión económica estadounidense en respuesta a la crisis capitalista desatada por el coronavirus, ver «La Reserva Federal de Estados Unidos y la crisis del coronavirus: el banco central que gobierna un país«).

 

Así, llegamos a hoy, cuando tras un tira y afloja por los precios del petroleo, que se venía de antes de lo del coronavirus pero que la pandemia lo ha disparado, y que desde venía teniendo a dos actores centrales: Rusia y Arabia Saudita. En el caso de Arabia Saudita, se trata ahora de una potencia petrolera relativamente «despegada» de Estados Unidos en cuanto a sus decisiones sobre la cuestión petrolera, y que cuenta, además, con el factos de inestabilidad de una ya alargada guerra en el vecino Yemen iniciada en el 2015, y que aunque tiene un componente de «guerra civil» de dos bandos yemeníes, cuenta con la participación decidida de Arabia Saudí con uno de ellos.  En cuanto a Rusia, se trata de una potencia de un renovado poder geopolítico, que ha seguido la línea ascendente de toda la era Putin, que cuenta con una muy clara alianza con China, y que viene realizando una política exterior que muestra una muy notoria autonomía y poderío en diversos escenarios, desde el díficil escenario en que se le puso en el conflicto en Ucrania desde el 2013-2014, la Guerra en Siria desde el 2011, o el hace muchos años tenso escenario de agresiones y asedio hacia Venezuela.

 

En tal contexto, este ciclo de deflación llega al bien o mercancía por excelencia de este largo ciclo histórico, el petróleo, llegando a niveles insospechados, incluso cotizándose en números negativos, es decir, las empresas petroleras estadounidenses estarían pagando por deshacerse de sus barriles. Pero nada de esto es tan inesperado. Ya durante el 2019, numerosos actores hablaban expresamente sobre la insostenibilidad de la industria petrolera estadounidense. Se trata de una industria que había logrado darle al país una momentánea autosuficiencia del preciado combustible, por la vía de multiplicar la extracción vía fracking, esto es, mediante la fractura hidráulica del suelo, una forma de extracción altamente costosa y de repercusiones ambientales extremadamente riesgosas. El último tiempo, a nivel global la oferta petrolera aumentó, bajando los precios, y poniéndolos cerca o bajo el costo de extracción para la industria estadounidense.  Tan así, que a fines del 2019, y sin mediar aún la expansión pandémica del coronavirus, ya muchos presagiaban que el 2020 sería «el año de las quiebras en el sector petrolero y del gas«.
Con este cuadro, a inicios de febrero, se anunciaba la próxima quiebra de la industria petrolera Exxon (Ver «Exxon: Un Gigante Petrolero En Crisis«). La calificadora de riesgos «Standars and Poors», luego la puso como capital bajo amenaza de bajar aún más su calificación. A mediados de marzo, ya con la crisis sanitaria cortando los flucos comerciales y cadenas de suministro a escala global, la situación de la industria estadounidense se ponía en zona de peligro. La reunión de emergencia de los países de la Organización de Países Exportadores de Petróleo, OPEP, llegó a un acuerdo que muy prontamente Arabia Saudí no cumplió. («Las petroleras de EE.UU., contra las cuerdas por el desplome del barril«). Similar a la situación de la industria petrolera, es lo que a la par viene dándose también con la del gas. Entre ambas, representan nada menos que entre el 13 y el 17% de la economía total estadounidense («La tormenta perfecta: el coronavirus y una guerra petrolera empujan a EEUU al borde de la recesión«). Se trata, como pareciera confirmarse a cada semana que pasa, y con todas sus letras, del inicio del fin del modelo del «petrodólar» y el esquema de Bretton Woods.
3. Sobre este «crash» del precio del petróleo norteamericano en particular
¿Qué significa en ese cuadro el «precio negativo» del barril de petróleo estadounidense o crudo «WTI» (en el que también se incorpora el de origen canadiense? Hay que entender algunas cuestiones adicionales para esto. El petróleo, como otros «commodities» o mercancías primarias o básicas, se transan en el mercado también en sus precios «a futuro», lo que da lugar a un juego especulativo acerca de su valor a futuro, además de ponerse otras variables en la ecuación, como el costo de almacenaje. el precio que se desplomó fue el de los contratos para mayo, que terminaban de negociarse ayer. Y como en las últimas semanas se ha reducido en un 20% el consumo a nivel mundial porque no está funcionando apenas el transporte de pasajeros (ni por tierra ni por aire) y la cadena de suministros está en buena medida paralizada o disminuida en mucho, y se prevé que al menos durante el mes mayo la situación continuará, los compradores ya tienen sus provisiones cubiertas para el mes que viene, y no necesitan más: el mercado está saturado por lo que no puedes colocar en él tu producto, así que su precio se hunde. ¿Perdurará esta situación? Depende. Ahora se están abriendo los contratos del WTI para junio, su precio subirá más o menos dependiendo de las expectativas de los compradores de petroléo sobre la actividad económica en ese mes: si consideran que para entonces se habrán levantado las restricciones de movimientos y funciones productivas o no, y si volverá a activarse el movimiento de bienes y personas a lo largo y ancho del mundo.
Dado lo anterior, una pregunta que vale hacerse es, ¿Por qué simplemente no dejan de producir? El problema radica en que en el caso de la industria petrolera estadounidense, a diferencia de otros grandes productores como Rusia, Venezuela o los de Medio Oriente, la mayoría del petróleo que está extrayendo es mediante el sistema de «fracking» (perforación hidráulica) en multitud de pequeños campos, y parar esa producción implicaría un coste enorme para volver a ponerla en marcha. Por tanto, siguen produciendo, aunque no tengan compradores y se les esté acumulando el petróleo en los depósitos hasta cerca de su límite, por lo que, si la situación se prolongara, tendrán que deshacerse efectivamente de petróleo. Una cuestión adicional: el coste de extracción mediante fracking es mayor que mediante las técnicas convencionales, por lo que, para que el petróleo que extraen de esa forma sea sostenible, necesitan que el precio del barril esté aproximadamente por encima de los 35 a 40 dólares. Todo lo que esté por debajo de eso es pérdida. De este modo, las petroleras norteamericanas, donde cerca del 90% del mercado lo componen pequeñas y medianas compañías de extracción surgidas en los últimos años, subsisten gracias a los subsidios que les da el Estado desde los tiempos del Gobierno de Obama, para evitar la quiebra. Como se ve, el neoliberalismo nunca ha estado exento de subsidios a las empresas.

 

Estados Unidos estaba siendo hace años deficitario en petróleo, es decir, necesitaba para hacer funcionar su economía más petróleo que lo que producía. Tal déficit estaba afectando negativamente a su economía y sobre todo a su geopolítica: para mantenerse como potencia hegemónica tenía que desgastarse política y militarmente en Oriente Medio para conseguir un suministro barato y en general condicionar los precios internacionales, sobre los que tenía y tiene mucha influencia el cártel formado por la mayoría de países productores agrupados en la Organización de Países Exportadores de Petróleo, OPEP, del que no forma parte Estados Unidos. Así que hace unos años decidieron marcarse como objetivo no solo tener capacidad de autoabastecerse sino convertirse en el primer exportador mundial, objetivo que consiguieron gracias al fracking. Ahora, con el descenso del consumo de petróleo, ser el principal productor mundial pero sin la capacidad que tienen otros de «cerrar el grifo» o presionar a la baja por el precio, se les está volviendo en contra. Aunque, como contrapartida, este verdadero «crash» en los precios puede también servirles para una nueva concentración de las pequeñas y medianas empresas de extracción petroleras, concentrándolas en las grandes empressas que venían, como aquí hemos reseñado, teniendo graves problemas de sostenibilidad ya con anterioridad de la crisis desatada por la pandemia del coronavirus.
Lo anterior aún no es un hecho, pero explica una de las vías «de salida» posibles de este crash de precios: es de suponer que esta «solución» contribuya a hacer quebrar a muchas de esas empresas más pequeñas que probablemente forzarán a ser absorbidas por las grandes, e intentar salvar parte del capital financiero de éstas por la vía de adquirir capital fijo a bajo precio de las quebradas. Esto, nada nuevo ni novedoso, es precisamente cómo funcionan las crisis de sobreproducción, la forma más clásica que toman las crisis capitalistas descritas con agudeza por Marx y las teorías económicas marxistas posteriores, como tendencia intrínseca a la lógica de funcionamiento del capitalismo.

 

4. Algunas conclusiones preliminares sobre esta crisis/strong>

 

Lo que estará por pasar es difícil de ponderar en todas sus consecuencias, pero ya podemos decir que aquellos augurios que se vienen señalando desde inicios de esta crisis (y por varios actores, desde antes de ella) de una crisis capitalista generalizada y de alta magnitud asemejable a la de 1929, están cumpliéndose a cabalidad. Lo que está sucediendo con el precio del petróleo estadounidense es parte de un «juego» especulativo en torno a lo que se mencionó sobre la insostenibilidad de la industria petrolera de Estados Unidos, pero también con un fenómeno más general sobre la propia economía de la potencia norteamericana y de la economía global en su conjunto. La espiral decreciente y deflacionaria en curso, esto es, la baja generalizada de los precios que se viene dando aún a pesar de la gigantesca expansión monetaria que viene ejecutando la Reserva Federal de Estados Unidos, «contaminará» seguramente a todas las áreas de la economía, y esta brusca baja del precio del petróleo estadounidense dice relación también con las expectativas existentes en torno a la magnitud de la paralización económica que está suscitando, y seguirá suscitando, la crisis planetaria.

 

Con este escenario, algunas áreas de la economía seguramente serán muy sensibles ante lo que siga pasando, en particular, aquellas que dicen relación con la producción, distribución y suministro de los bienes más esenciales para la sostenibilidad más elemental de la vida humana, y en específico, la alimentación. La economía extremadamente «deslocalizada», de largas trayectorias entre los lugares de producción y los lugares de consumo (Ver «Cómo se verá el Mundo después de la pandemia del Coronavirus». Compilado de Revista Foreign Policy), ha mostrado, y seguirá mostrando cada vez más, su irracionalidad y carácter depredador y destructivo tanto del medio ambiente, como de las condiciones sociales y laborales que debieran ser básicas en un estadio histórico con las capacidaddes técnicas que tiene la Humanidad actual.

 

Para terminar, algunas reflexiones a partir de tres citas que parecen pertinentes para la hora actual.  La primera, de Milton Friedman, economista ícono del neoliberalismo, que tuvo una frase muy elocuente para este momento: “Solo una crisis -real o percibida- da lugar a un cambio verdadero. Cuando esa crisis tiene lugar, las acciones que se llevan a cabo depende de las ideas que flotan en el ambiente. Creo que ésa ha de ser nuestra función básica: desarrollar alternativas a las políticas existentes, para mantenerlas vivas y activas hasta que lo políticamente imposible se vuelva políticamente inevitable”. Este es un momento en que la disputa intelectual, ideológica y programática resultan de una enorme relevancia para el futuro político y geopolítico del planeta en lo sucesivo. En el campo de las elites occidentales, seguramente el eje de las políticas y paradigmas económicos con que se aborde la crisis irá pasando hacia posturas menos neoliberales y más «neokeynesianas», con una especie de «vuelta al Estado» más protector. Pero de todas formas, los sectores más vinculados a las formas de acumulación típicas del modelo neoliberal (por lo pronto, todo el poderoso sector bancario y financiero), presionarán por su sobrevivencia y nuevos «rescates» a sus respecivas empresas y áreas económicas. Por otra parte, la confrontación entre las derechas «globalistas» y «proteccionistas» se hará aún más explícita y probablemente conflictiva.

 

En el campo de los actores políticos y sociales populares, de izquierdas, y genuinos progresismos, y la intelectualidad de carácter subalterno o alternativo, el desafío pasará entre otras cosas por no ceñirse al cierre del debate entre las posturas antes señaladas, y tampoco, en la sola repetición del recetario de la vuelta a un «Estado fuerte» a la usanza del «socialismo real» del siglo XX o los diversos nacional-desarrollismos que surgieron en su momento en el «Tercer Mundo», por mucho que se deba aprender y extraer lo mejor de esas experiencias. La defensa y concreción de las alianzas tácticas o estratégicas con actores que contribuyen a un rediseño del esquema global en un sentido multipolar y transformado, como la Rusia o China actual, por muy necesarias y pertinentes que sean, tampoco debieran significar un «seguidismo» acrítico de sus políticas o posiciones.

 

La otra referencia, de Mao Tse Tung, el fundador de esta China moderna que hoy corre a pasos acelerados hacia la hegemonía global, en clave positiva señalaba: «Hay un gran caos bajo el cielo, la situación es excelente». O como decía un lienzo desplegado hace unos días en la «Plaza de la Dignidad» de Santiago de Chile, donde hace pocos meses se popularizó también un profético «Chile fue la cuna del Neoliberalismo y será su tumba», ahora se hacía un llamamiento a la acción que bien vale para la situación actual planetaria: «no dejes que el miedo te paralice». Y no está de más señalar que, a pesar de que el detonante de esta crisis, esto es la emergencia pandémica, haya golpeado primeramente a China, la ola de una sensación de decadencia y crisis general en el mundo occidental, es algo, en general, no compartido por los 1.400 millones de habitantes del gigante asiático. Para comprender mejor el momento actual y el mundo que vendrá, el eje y las miradas centradas en occidente, en particular en la dupla Estados Unidos – Europa occidental que ha dominando la escena en los últimos siglos (algo sólo cuestionado por algunas décadas del siglo pasado por el polo del «socialismo real» encabezado por la URSS), tendrá que reemplazarse, sí o sí, por una apertura, en todas sus dimensiones, a un mundo más multipolar, y donde el centro está más situado en China y Eurasia que en ninguna otra parte.

 

La última, del historiador Eric Hobsbawm, que en su referencial repaso historiográfico por la historia del era contemporánea y el capitalismo, en su último volumen sobre la «era de los extremos» o «Historia del Siglo XX», terminaba con una idea que da cuenta de la magnitud del desafío histórico que viene hace rato atravesando la Humanidad: «No sabemos a dónde vamos, sino tan sólo que la historia nos ha llevado hasta este punto y  -si los lectores comparten el planteamiento de este libro- por qué. Sin embargo, una cosa está clara: si la humanidad ha de tener un futuro, no será prolongando el pasado o el presente. Si intentamos construir el tercer milenio sobre estas bases, fracasaremos.el precio del fracaso, esto es, la alternativa a una sociedad transformada, es la oscuridad».

 

 


Ver también:

La coyuntura de la pandemia del Coronavirus en contexto histórico. Elementos para abordar un presente crítico e incierto.

«El coronavirus podría remodelar el orden global». Artículo en revista estadounidense «Foreign Affairs».

«Cómo se verá el Mundo después de la pandemia del Coronavirus». Compilado de Revista Foreign Policy.

«Contagio social: guerra de clases microbiológica en China», del grupo comunista chino «Colectivo Chuang».

«Política anticapitalista en la era del COVID-19», del geógrafo y marxista David Harvey

«Coronavirus en Estados Unidos: El miedo de Kissinger. El ocaso del Imperio americano». Por Telma Luzzani.

El «Financial Times» reconoce fragilidad del «contrato social» neoliberal y necesidad de reformas radicales

El papel de la especulación financiera en la formación del precio del petróleo, Francisco Navarro, CELAG.

Jaimes: derrumbar los precios del petróleo es la estrategia de EEUU, entrevista con teleSUR.

La quiebra de las petroleras golpeará a los mayores bancos de EE.UU., medio español La Vanguardia.

Abogado. Investigador en temas de Nuestra América, Derecho Constitucional, Procesos Constituyentes, e Historia y Teoría Política. Blog personal "Miradas desde nuestra América".

Comentarios (5)