Proporcionalidad en el uso de la fuerza

Por Andrés Sáenz Vergara

 

 

Un instrumento demanda su uso

Jacques Ellul

 

En las selvas colombianas fue que un selecto grupo de carabineros, pertenecientes al GOPE, aprendió las artes antisubversivas del Comando Jungla de la Policía Nacional de Colombia, mismos de quienes heredaron el nombre en señal de admiración. Ellos oficiaron como diligentes maestros, curtidos en décadas de lucha contra los guerrilleros de las FARC y el ELN. Paramilitares e incluso los «narco soldados» de los carteles de tráfico de droga traspasaron gustosos los saberes adquiridos a sus antiguos amigos de las carabinas cruzadas.

 

El entrenamiento recibido permanece en la reserva del secreto militar. Lo que sí sabemos y se puede desprender de las acciones que la Unidad Colombiana realiza, mismas que sin disimular ostenta orgullosa en variados programas televisivos como Policías de Élite que transmitió el gigante cultural National Geographic, es que se la define sin matices como la unidad policial “más violenta del mundo”.

 

La entrada de la Unidad de operaciones especiales, conformada por casi un centenar de hombres, vio la luz pública con la acostumbrada retórica fanfarrona Piñerista en una ceremonia donde el mismo jefe de Estado lanzaba vacías frases de seguridad y paz frente vehiculos blindados anfibios, helicópteros equipados con cámaras de visión nocturna y sensores infrarrojos, drones  capaces de transmitir videos de alta definición en tiempo real y -claro está- el Comando Jungla en pleno, dispuestos marcialmente con tenida de combate en una imagen más propia del Vietnam en guerra que de la región que cada verano agota su capacidad hotelera por turistas con más sensatez que los mandos de carabineros.

 

Jacques Ellul, filósofo y teólogo francés, dijo alguna vez que “un instrumento demanda su uso” y esto, pese a lo obvio, fue desestimado (o acaso no) por los continuos gobiernos que han enfrentado el conflicto de la macro zona del Wallmapu, el cual comprende tres regiones y miles de comunidades en una inmensa cantidad de territorio.

 

La presencia de unidades policiales de alta especialización como los son el GOPE, provistos de vehículos posibilitados para resistir fuego de ametralladoras y granadas autopropulsadas, armas que incluyen desde los revólveres reglamentarios a fusiles de asalto con munición estándar OTAN, capaces de ser brutalmente letales a medio kilómetro de distancia y efectivos en disposición de conflicto regular (nadie utilizaría ese tipo de armamento y entrenamiento para la contención de acciones más propias de desórdenes públicos) supuso por parte de carabineros un hecho evidente: son un instrumento formado con un fin específico, combatir un enemigo con capacidad de fuego equiparable a las FARC o los narco soldados colombianos por lo que demandaba ser usados como tal contra población en resistencia territorial.

 

La desproporcionalidad del uso de la fuerza en el contexto de un conflicto que lleva décadas, tenía un solo resultado, y era la escalada del conflicto. La historia de eventos equivalentes, donde territorios son ocupados o lo que -eufemísticamente- se define como “pacificados” a lo largo del siglo XX siempre ha sido el mismo y este el gran error con que el Estado chileno burdamente ha manejado el tema. Belfast, en Irlanda del Norte, se me viene a la cabeza como uno de los mas icónicos de estos fracasos: la presencia de efectivos ingleses fuertemente armados en las calles solo supuso el aumento explosivo de los muertos, militantes del IRA y violencia política donde solo el cambio de estrategia, lo que vale a decir el cambio por una opción política para enfrentar la situación, vino a significar una paz que hoy católicos y protestantes se esfuerzan por mantener.

 

No es una elaborada conclusión el suponer que armas automáticas y carros anfibios de ocho ruedas produciría en los crispados ánimos del Pueblo Mapuche, el recuerdo de las tanquetas que vieron en los ochentas desde la resistencia a Pinochet y que aún generan indignación y escalofrío. Esto es evidente al recorrer poblaciones como la Victoria en Pedro Aguirre Cerda, donde su calle principal casi treinta años después de acabada la Dictadura, renueva constantemente los murales que hacen alusión a esos oscuros años, que permanecerán por mucho tiempo más anclados a la memoria de sus pobladores.

 

Al cerrar solo cabe preguntarse sobre la eficiencia de las políticas públicas para enfrentar el conflicto mapuche, ¿acaso era tan difícil prever la escalada que supondría formar a efectivos de carabineros en Colombia y enviarlos al Wallmapu? o ¿debemos suponer que estaba previsto y es parte del diseño con que los sucesivos ministerios del interior han abordado el tema, donde los muertos solo son el coste necesario para lograrlo y el Peñi Catrillanca, un planificado daño colateral en el Plan Araucanía?.

 

 

 

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