Pueblo a Pueblo, cooperativa de abastecimiento popular

Por: Gabriel Cardozo

En medio de la crisis que ha puesto de manifiesto el crudo drama social del acceso a los alimentos, emergen con fuerza distintas manifestaciones solidarias, entre ellas  las cooperativas de abastecimiento. Expresiones de la economía popular-solidaria, que se articulan para asegurar el acceso a la alimentación por parte la población, contribuyendo en la reducción de desplazamientos y  aglomeraciones y que en un momento donde aumenta la cesantía son capaces de generar fuentes de empleo. El siguiente artículo es resultado de nuestra conversación con la cooperativa de trabajo Pueblo a Pueblo, una cooperativa de abastecimiento que busca establecer un puente entre el pueblo productor y el pueblo consumidor.

Antes que el covid-19 fuera declarado como pandemia, distintas organizaciones internacionales – entre ellas CEPAL y  FAO – alertaban sobre el impacto que la recesión económica tendría sobre la desigualdad social,  el empobrecimiento y la precarización de la población. Según dichas organizaciones, la pandemia no solo afectaría la economía y los empleos, sino que también las cadenas de suministro.

el gobierno chileno – consciente de la precariedad pre-existentes en la sociedad – prefirió  proteger la  ganancia de los grandes empresarios antes que la salud y el bienestar de la población,  desentendiéndose de implementar medidas de protección social a sabiendas que esto provocaría una “pandemia social”. Algo difícil de entender atendiendo a la crisis política que desataran las masivas protestas de octubre, cuyas demandas aún se encuentran no resueltas.

Antes de tomar medidas sanitarias serias, Piñera declaró estado de excepción constitucional, suspendiendo las expresiones de participación política, adelantándose a posibles manifestaciones de protesta, apuntando a desarticular la agenda de movilizaciones que comenzaron en marzo.

El accionar legislativo de gobierno generó el debilitamiento de la precaria seguridad de las familias; permitiendo despidos y cambios arbitrarios a las condiciones contractuales, llevando la cesantía a niveles que no se habían visto en 30 años, legislando para facilitar la suspensión de las remuneraciones, poniendo en riesgo con ello el sustento familiar.

Una olla de presión que no tardaría en estallar.

Gracias a la cobertura de la prensa independiente y los medios internacionales a las diferentes protestas por la falta de alimentos, las autoridades se dieron por enteradas de la situación que atravesaba la población de menos recursos. Para ese entonces, las ollas comunes  se habían masificado en los barrios de todo el país, una imagen que nos hace retornar a la crisis de 1980.

Inicialmente los medios de comunicación y las autoridades buscan despolitizar las ollas comunes, criminalizarlas o reprimirlas -por ejemplo asociándolas al narcotráfico. Hoy se les intenta cooptar, con fines de legitimación política o electorales futuros.

Pero lo cierto es que la olla común forma parte del acervo histórico del pueblo, que frente a la miseria que masifica el modelo, encuentra en estos espacios no solo el alimento, sino un momento para recuperar las fuerzas, re articular la lucha y fortalecer los lazos entre organizaciones y que en otros periodos de la historia han sido punto de encuentro de la resistencia popular.

Más allá de la asistencia pública y el libre mercado

Colaborando con las ollas comunes se fortalecen y toman relevancia otro tipo de manifestaciones organizativas de la economía popular,  emergen como proyectos político/productivos, entre un sin número de iniciativas de sustento: son las cooperativas de abastecimiento.

Encontramos entre estas experiencias, que recogen la tradición cooperativista chilena, a los “comprando juntos”; como el caso de COPAM, que se gesta al alero de la organización de pobladores UKAMAU o la red de abastecimiento cooperativo y comunitario “La Kanasta”, expresión del trabajo conjunto de organizaciones sociales, productivas y territoriales –  algunas forman parte TRASOL, federación de cooperativas de trabajo.

Como Señal 3 La victoria nos hemos contactado con Pueblo a Pueblo para hablar sobre estas iniciativas. Nos cuentan que se organizan como una unidad productiva cooperativa, enfocada en el transporte de productos agrícolas como  hortalizas y frutas, diversificando las experiencias ya existentes. Buscando constituir un puente entre el pueblo productor y el pueblo consumidor – entre la periferia agrícola y las ciudad – abarcando las regiones Quinta y Metropolitana.

Representan no solo un oferta competitiva en término de precios, sino una alternativa de adquisición de productos de mayor calidad nutricional, frente a la promoción de hábitos alimenticios nocivos por parte de la grandes empresas. En una sociedad que no asegura el derecho a la alimentación, donde el constante encarecimiento de los productos alimenticios y la pérdida de capacidad adquisitiva del ingreso familiar, ha producido una situación generalizada de sub-alimentación, siendo este el motor que impulsa a las iniciativas a constituirse para asegurar la alimentación de la población.

Se definen como una expresión de  economía solidaria-popular, y buscan contribuir a satisfacer las necesidades de alimentación de comunidades organizadas,  colaborando con cerca de 40 organizaciones sociales y territoriales que abastecen a sus familias. Reconocen la centralidad que ocupa la organización social, en el contexto de crisis sanitaria y económica, construyendo con estas un canal abastecimiento y de demanda constante a los productores agrícolas.

Además colaboran con otras experiencias de abastecimiento, con las cuales comparten infraestructuras, datos de proveedores, etc. Lo que evidencia el carácter colaborativo y no competitivo del sector. Pues ponen como primer objetivo asegurar el abastecimiento de productos alimenticios a la población, antes que cuotas de participación en el mercado.

Entre las dificultades que enfrentan está el problema del desplazamiento, dado que el Estado no ha establecido una figura que les permita  desenvolverse – a diferencia de los grandes empresarios almaceneros. Situación que también afecta a las ferias libres cuando se restringe su funcionamiento como medida de contención sanitaria.

En la medida que el proyecto avanza se van enfrentando a nuevos desafíos, como poder desarrollar una mayor capacidad logística, que les permita convertirse en una fuente laboral estable, desarrollar  una relación conveniente para productores y consumidores,  en un mercado donde estos actores muchas veces son víctimas de abusos por parte de los intermediarios y controladores de alimentos y poder consolidarse como expresión política social desde el mundo del trabajo solidario y cooperativo.

Dentro de este proceso se van re definiendo ciertas relaciones: se instala la  idea de  familias organizadas antes que la del consumidor y la del trabajador agrícola detrás de los productos alimenticios; apuntan a  romper con la lógica clientelar, lo que los lleva a  intencionar  otros tipos de debates en torno a la soberanía alimentaria y el buen vivir. Lo anterior los ha motivado a idear instancias de acercamiento entre los trabajadores agrícolas y las comunidades organizadas, para ir fortaleciendo los lazos entre ellos.

Tienen claro que este gobierno es expresión del dogmatismo neoliberal y que representa los intereses del gran empresariado, el cual ha aprovechado la situación para seguir haciendo negocios. Consideran además necesario que el Estado reoriente su política, pues la alimentación no puede quedar en manos del libre mercado.

Visualizan un escenario donde aumentarán los problemas de acceso a la alimentación, frente a lo cual uno de sus desafíos es contribuir a constituir un sector económico que de seguridad y justicia a los diversos productores agrícolas, organizaciones territoriales y familias. Identifican también que es necesario establecer un puente con las economías barriales – la verdulería, el almacén, la feria –  son los puntos de abastecimiento popular con los cuales se puede comenzar a construir relaciones económicas que no esté determinada por las lógicas neoliberales.

Constituir una red económica capaz de agruparse en torno a reivindicaciones propias y que se articule, no en la búsqueda de lucro, sino en la satisfacción de las necesidades de la población, se hace imperante.

 

Vía Señal 3 La Victoria 

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