¿Qué es el socialismo?

Por Miguel Silva

#DeFrente

 

 

Muchos opinan que hablar de eso de “socialismo”, de “emancipación” o de “Reforma o Revolución” no tiene nada que ver con el país en que vivimos ¿Es así?

 

El socialismo y la revolución son necesarias por dos razones. Primero, porque no hay otra manera de derrotar, es decir de deshacernos, de los poderosos, de la clase dominante. Y segundo, y quizás más central para nosotros hoy, es que los trabajadores, los estudiantes, los pobladores deben aprender en el proceso de la revolución, aprender a no creer en el sistema  y a creer que los cambios hechos por ellos mismos son posibles.

 

Esta necesidad de la revolución está íntimamente relacionada con la visión del socialismo que habla de una nueva sociedad donde todos los procesos sociales y decisiones están controlados por millones de personas. Y tienen que pasar por el proceso de aprendizaje y sentir su propio poder. Claro que en la misma revolución hay divisiones y los que nos mandan pueden aprovecharse de aquellas. ¡Dividir para derrotar! Es la meta de los que nos mandan.

 

Ahora bien, no podemos hacer funcionar nuestro nuevo país si no tenemos qué comer, cómo lavar la ropa, dónde vivir. Entonces es indispensable que controlemos la producción de lo que en una forma u otra consumimos. Controlar la producción y distribución de tallarines, del confort, de la pasta de dientes, del detergente, de la  luz y agua y todo lo demás. ¿Y quiénes están mejor posicionados para ejercer ese control?… los trabajadores que hacen la producción. Por eso la importancia de la “clase trabajadora” que labora en los supermercados, en los bancos, en las fábricas, en los puertos y colegios, en el transporte y en el mar.

 

Bueno, los millones de trabajadores, de estudiantes, de hombres y  mujeres,  pueden convencerse que son capaces de mejorar sus vidas con sus propios esfuerzos  y pueden ganar la confianza en ellos mismos, en la misma lucha. Pero siempre se tienen que enfrentar a otros que les dicen que no son ellos sino otros, mejor preparados,  los que pueden ganar las batallas. Porque frente  el “socialismo de abajo”, hay múltiples tipos de “reformas desde arriba”, reformas organizadas y hechas por una minoría bien educada, bien entrenada, que actúa en nombre de los millones.

 

Es la obra de estas “reformas desde arriba” y de las divisiones entre nosotros, lo que obliga a los del socialismo de abajo a organizarse, a formar su “partido” para poner fin a las divisiones, al racismo, al machismo  y ayudar a crear la solidaridad en la lucha donde hoy existen divisiones entre chileno y haitiano, entre trabajador subcontratado y de planta, entre hombre y mujer, entre trabajador y poblador, entre chileno y mapuche. Vale la pena repetir que, sin la lucha de millones, sin la revolución, será imposible poner fin a estas divisiones.

 

Estamos describiendo los millones de la clase trabajadora en un proceso de auto-organización. Pero claro, en Chile Hoy, la clase trabajadora no es así, es desorganizada, sin sus propias ideas ni confianza en sus propias capacidades. Pero igual, el tema de revolución y reforma es central. ¿Por qué? Porque siempre hay dos opciones en la lucha… la del socialismo desde abajo y la revolución, y la de reforma desde arriba. Las dos opciones plantean y organizan formas distintas de ganar las luchas. Para los de “arriba”, lo más importante  ha sido y es… tener una situación apta para hacer una buena negociación. Y “demasiadas” actividades de base crean olas que dificultan las negociaciones.

 

 

La relación entre el gobierno de la UP y las organizaciones del poder popular es un ejemplo de antagonismo entre las reformas desde arriba y el socialismo desde abajo, que no deberíamos olvidar.  Pero también la obra del gobierno de Aylwin en sus intentos (exitosos) de evitar el crecimiento de un movimiento sindical activo y masivo  y los múltiples intentos (también exitosos) de Michelle Bachelet de controlar el movimiento estudiantil.

 

Es decir, ya sea durante la misma revolución, o durante el desarrollo de un conflicto local, siempre los de “reformas desde arriba” tienen una solución al conflicto que es distinta a los del “socialismo desde abajo”. A veces los de arriba ganan, a veces ellos pierden. Cuando los de arriba ganan,  los millones de trabajadores, estudiantes y demás,  vuelven a creer en el sistema y cuando los de arriba pierden, los millones, a veces,  ganan confianza en sus propias capacidades.

 

Las organizaciones desde arriba han tomado, y tomarán, muchas y diversas formas… desde la política parlamentaria tradicional, el nacionalismo populista de los peronistas, la religión organizada católica o musulmana, los “asesores expertos” que se dedican a guiar o suavizar las demandas en un conflicto. Y hasta los guerrilleros que dejan a los millones que podrían luchar “fuera de la cancha”. Todas las organizaciones que –en nombre de los millones – obran para tomar el lugar de las acciones mismas de los mismos millones.

 

Frente a ellos, los “socialistas revolucionarios” insistimos que sin la revolución, no podemos derrotar a los que mandan y los millones que van a construir la nueva sociedad no tienen cómo aprender y ver que son capaces de cumplir con esa tremenda obra de construcción. Ahora bien, no es la primera vez que hemos discutido este desafío de organización que enfrentan los “socialistas revolucionarios”.

 

Hemos fracasado muchas veces en los últimos veinte o treinta años en nuestros intentos de organizarnos bien. Creo que no hemos entendido bien que en la lucha, unos cambian de opinión y en sus capacidades rapidito y otros casi nunca, incluso pasa esto  en las mismas organizaciones base. Por ende, necesitamos una organización que solidifique a los que ya se piensan revolucionarios y que los ayude a trabajar con la mayoría que no han tomado ese camino todavía. Es decir, una organización que escucha, aprende y enseña, que enseña, aprende y escucha, que dice claramente quiénes son, qué piensan, qué es el socialismo y la revolución, y entiende bien cómo tomar parte en – y ayudar en — la lucha de los millones.

 

En fin, la obra de los “revolucionarios socialistas desde abajo” es doble. Trabajar en la organización de base  y trabajar en la construcción de un partido de revolucionarios capaces de escuchar, aprender  y enseñar.

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