Remodelación de San Carlos, un proyecto de la oligarquía

Somos la mezcla de lo que hemos sido y lo que podemos ser.

 

La católica como club de fútbol es y representa a todos quienes de una u otra manera somos o nos sentimos parte de ella. Desde sus hinchas, quienes son parte de sus escuelas formativas, socios, trabajadores, jugadores y dirigentes.

La formación de la Universidad Católica como casa de estudios es una reacción a la separación de iglesia y estado que tardíamente se realizó en Chile a fines del siglo XIX. Por lo tanto, representaba (y sigue representando) a buena parte de la más rancia y conservadora oligarquía y casta eclesiástica. Allí, en una época (década de los 20-30 del siglo pasado) donde el fútbol ya se posicionaba como el deporte popular por excelencia, nació el Club Deportivo Universidad Católica. 

Así, el fútbol y los gloriosos clásicos universitarios, hicieron que el club se ganara un lugar en el seno del campo popular. La llegada del estadio a Independencia en 1945, junto a las primeras glorias del club, profundizaron este fenómeno. Mi viejo y sus amigos, por ejemplo, forma parte de esa generación de patipelaos de la Villa Chena en San Bernardo que en los 60 se hicieron de la Cato alucinados con el Tito Foullioux y Néstor Isella, y las historias del Sapo Livingstone y el Charro José Manuel Moreno.

Y es que echar raíces en un lugar genera un proceso simbiótico. El lugar toma cosas nuestras y nosotros vamos adquiriendo cosas de dónde nos hacemos parte. El antiguo barrio de la Chimba fue y ha sido un histórico barrio popular. Fuera de los círculos higiénicos con los que el patriciado mercantil intentaba sacar al bajo pueblo del centro capitalino. Católica se perfilaba como un club de origen elitario pero con un nítido arraigo popular. Da cuenta de ello, la concurrida campaña que tuvo en la B en los años 74 y 75. Incluso el día de hoy, como no hay otra comuna en Santiago, todavía pueden verse añejos banderines de la UC en los viejos almacenes de Independencia.

Algunos doctos dicen “el club no es de Independencia, es de Santiago Centro”. Puede ser sabiondos, pero esta comuna es el lugar en el cual por cerca de 30 años echamos raíces y llegamos a ser lo grande que somos.

El emplazamiento del principal recinto deportivo de un club, nos guste o no, nos determina. Nos da identidad. Clubes históricos como Magallanes o Santiago Morning sufren la ausencia de un estadio y es una de las principales razones que explican porque están en vías de extinción como proyectos sociales y deportivos. Al clásico rival lo salva su popularidad y la identidad de la universidad de la que es tributaria, pero cada año que pasa el peso de no tener estadio propio es cada vez peor.

San Carlos de Apoquindo es un estadio que nos puso lejos de las comunas populares y dentro de una de las comunas del rechazo. Algunos dicen que el barrio llegó después del estadio, pero cualquiera con un poco de sentido histórico y conocimiento de la comuna donde éste se encuentra emplazado sabe que el destino no podía ser otro. Que no se malentienda, todo bien con volver a tener estadio después de la amarga experiencia de tener que vender la primera casa. El problema es que las decisiones las toma un puñado de fieles representantes del origen elitario de la UC y lo hacen pensando en lo que ellos son y ellos proyectan para el club.

Mismo problema tenemos ahora con la remodelación de San Carlos. Un puñado de los más “distinguidos empresarios” ligados a Libertad y Desarrollo y la UDI decide por todos quienes nos sentimos parte del club. Decisión facilitada por el modelo económico de las Sociedades Anónimas. Quien tiene la plata manda. Por eso vemos que en los tres grandes quienes han tomado decisiones, salvo contadas excepciones, forman parte del mismo estrecho círculo: empresarios de ultraderecha.

Y decidieron lo que siempre, sin creatividad alguna, han decidido hacer nuestras oligarquías pedorras: copiarle a los europeos. Es cosa de ver el Parque Forestal o la Biblioteca Nacional. Latinoamérica no es la cuna del fútbol, sin embargo, es el territorio donde el fútbol ha construido como en ninguno otro en el mundo identidad propia. Ni siquiera eso se respeta. Pretenden que un club latinoamericano sea copia y calco de un club inglés. Probablemente saquen los tablones y se encarezcan los abonos. Ya es un hecho que el estadio tendrá nombre de una marca.

La mentalidad colonial que vive en nuestra élite y buena parte del pueblo hace que nos deslumbremos ante cualquier proyecto en que el adjetivo “moderno” se repita varias veces, cumpla con ciertos parámetros estéticos y se hable de astronómicas sumas de dinero. Sumas que tal vez nunca sabremos cuánto realmente son costos y cuántas son ganancias netas para las trasnacionales. 

En definitiva, al pueblo cruzado, a la sangre del equipo, se le hará más difícil estar junto a él. Con un aforo que deja más dudas que certezas. De no tener resultados deportivos acorde a las expectativas de la Cruzados S.A. el divorcio de la UC con el mundo popular puede ser definitivo o bien, quedar reducido a la máquina expoliadora de jóvenes talentos del pueblo con ganas de triunfar en el fútbol. 

Experiencias distintas de construcción de estadios o remodelaciones existen y son posibles. Es cosa de ver el caso de Peñarol en Uruguay. Revertir este proceso de elitización del club también es posible. Requerirá, sin embargo, organización, una mentalidad crítica, no deslumbrarse ante cualquier pirotecnia y, por sobre todo, la certeza de que el fútbol y el club de nuestros amores nos pertenecen.

 

Por Nicov

Comentarios (3)

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    Alejandro

    Bien como el oyo tu punto de vista, la gente de población como en la que vivo seguiremos en el estadio por que los colores no se abandonan.

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    Edson 19

    Los hinchas de la cato somos fieles y no por que suban las entradas o se remodele el estadio vamos a dejar de seguirlo, muy político tu comentario, me la suda…

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      Koke Alvarez

      Tu posición de que por ser fiel como hincha, tienes que cerrar los ojos a lo que hagan o no hagan los empresarios con el club, es la misma posición que hizo que vendieran nuestra Sede y ni la coordinación, ni ningún niño, ni ninguna agrupación de hinchas se preocupara por defender lo que también era nuestro.

      A mi me la suda cantar los 105 minutos sin defender la historia y el futuro del club.

      Excelente columna, la participación en el club la recuperaremos las y los hinchas organizados, y ojo, que también viajamos, alentamos y defendemos al club en todos lados.

      Koke.

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