“Sobreviví al COVID-19 y sobrevivo a la pandemia”: Entrevista a una joven que contrajo el Covid-19 y sobrevive a la cesantía

Por Francisca Gutiérrez

#DeFrente

El coronavirus proviene de una extraña familia de virus que pueden causar enfermedades tanto en animales como en humanos. El COVID‑19 es la enfermedad infecciosa causada por el coronavirus que se ha descubierto en la actualidad. Tanto este nuevo virus como la enfermedad que provoca eran desconocidos antes de que estallara el brote en Wuhan (China) en diciembre de 2019. Actualmente la COVID‑19 es una pandemia que afecta a muchos países de todo el mundo, por ejemplo, Brasil, España e Italia.

Este llega a Chile en los primeros días de marzo del 2020, causando fuerte impacto en sus habitantes, que ya venían con un desgaste importante producto del estallido social que irrumpió a mediados de octubre del 2019. Actualmente podemos hablar de diferentes crisis; sanitaria, social y económica. Todas entrelazadas entre sí, esta última, está empujando a gran parte de la población a la pobreza. Desde que se inició la crisis sanitaria hasta la fecha son más de dos millones los empleos de trabajo que se han perdido en Chile. Entre inicios de marzo hasta fines de mayo, llevando las cifras de cesantía (INE)  por sobre

“Cuando llevaba 5 días con COVID-19, me sentí tan sola que pensaba; Dios no me quiero morir, no así”

Caí hospitalizada el día 20 de abril del 2020, al Hospital Sotero del Rio,  por una apendicitis, estuve 15 días en recuperación, y cuando me iban a dar el alta médica comencé con fiebre y malestar corporal, tos seca y pérdida del olfato y posteriormente pérdida de parte del gusto también, recuerdo haberme sentido muy cansada, cómo si hubiese estado corriendo durante horas. Lo raro es que un día me encontraba bien y al día siguiente volvía a tener síntomas. Yo lo atribuía a los malestares propios de la operación. Después de 3 días sintiéndome así; entró una enfermera y me hizo el examen de coronavirus, y di positivo por lo que tuve que permanecer dos semanas más en el recinto, completamente aislada.

Las primeras horas fueron las peores, lo pasé muy mal, estaba triste. Me sentía sola, ya llevaba dos semanas hospitalizada, de no haber sido por el apoyo de mi familia podría haber tenido depresión. Mi mamá me decía “Enfermo que come no muere”, y además le pedía a las enfermeras, que supervisaran si estaba comiéndome toda la comida. Estas últimas me trataron muy bien. Pienso que se debió a que era la más joven del recinto. Todos los días hacía una videollamada con mi familia. Me importaba no perder el contacto con mi hija, porque es mi regalona y fue a quien más le afectó la distancia social. También hablaba con amigos para no perder el contacto y pasar un rato divertido. Incluso hablaba con personas con las que no tengo una relación cercana, pero el aislamiento las convirtió en grandes confidentes. De rutinas muy similares; que consistían en despertarme a las 7 para chequear mi temperatura, tomar al menos un litro de agua diario y hacer videollamada, puedo decir dichosamente que es de las cosas que más alegraban.

Este proceso me marcó a nivel personal, positiva y negativamente. Para bien, inmediatamente se viene a mi mente es la importancia de la gratitud, sí valorar lo que se tiene, y no imaginas cómo. Por ejemplo, para mí es fundamental mi papá, es mi más leal compañero en la vida. Actualmente estoy viviendo en su casa, con mi hija. Pese a lo mucho que él significa para mí, pocas veces se lo demostraba. Cuando terminó mi periodo de recuperación, abracé a mi mamá, a la Mati (mi hija) y por último a mi viejito lindo, estábamos tan emocionados que todavía puedo sentir su abrazo. Aunque no me lo decía, yo sabía que estaba asustado, es un virus nuevo y no sabíamos que tan nocivo podía llegar a ser. Para mal, la angustia, cuando vi en la televisión que Ossandón, había vuelto a salir positivo al coronavirus, exploté en llanto y me sentí engañada por algunos médicos del Sotero del Rio. Estos me decían que era imposible que alguien con Covid-19 volviera a contagiarse.

El proceso es por decir lo menos, intenso a nivel emocional y desgastante. Más aun cuando tienes una hija y tu padre, el jefe de mi hogar queda sin trabajo; él es vendedor ambulante y pertenece al grupo de riesgo por su avanzada edad. Las medidas por la pandemia, no le permitieron seguir trabajando. Desde la Dirección del Trabajo, señalaron que es importante realizar campañas de ayuda para los trabajadores irregulares. Pero Valentina asegura que su padre no ha recibido ningún tipo de ayuda.

El gobierno de Sebastián Piñera ha tomado medidas que, para muchos, son insuficientes como; bonos, canastas familiares y la suspensión de pagos como;  dividendos. Aprobado el retiro del 10% parcial de fondos previsionales (AFP) sin duda es un pequeño respiro para muchas familias como las de Valeria, que les permite frenar un poco el endeudamiento.

Valeria integra una parte de la población chilena, que ve como insuficientes las medidas tomadas por el Ejecutivo, que en la cuenta pública del pasado 31 de julio evidencio las ineficiencias, el egoísmo y la tozudez del Gobierno ante la emergencia nacional.

“Las medidas tomadas hasta ahora, son pésimas, vamos muy mal. A veces pienso que es el principio del fin”

Hay que sacar fuerza, la batalla que se está dando desde octubre del año pasado, está encendida y se está dando a lo largo de todo el país. No vamos a permitir más abusos, el silencio se rompió. Y es tarea de todos dar esta pelea, sacar las ollas y exigir ante autoridades que parecen estar siegas, los derechos que por décadas han sido vulnerados a través de un sistema neo liberal que ofrece oportunidades sin garantías y que lucra con el esfuerzo de los y las trabajadoras, creando eternos consumidores para enriquecer aún más a los ricos. “Soy Valeria y mi mensaje es cuidarse, por nosotros y para otros. Sin dejar la lucha por la dignidad”.

 

 

Imagen extraída de Agencia UNO 

Corresponsal para Revista De Frente

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