Syriza, Grecia y La Troika

Por Felipe Oscar Lagos Díaz

 

PARTE I: LA LEYENDA DE ORFEO Y EURÍDICE EN LA TIERRA DE HADES.

 

  1. ACTUAR EN TIEMPO REAL: EL ASCENSO.

 

Tras el desastre financiero internacional de 2008, el contexto griego ha sido de constante crisis económica, volatilidad política, emergencia de nuevos partidos políticos y resquebrajamiento de los viejos. En esas coyunturas, la capacidad de canalizar los anhelos populares y ciudadanos jugó un rol esencial para el desarrollo de las organizaciones políticas. Syriza (Coalición de la Izquierda Radical) ha sido capaz de comprender e interpretar esos anhelos. Así se explica el ascenso en mayo de 2012 con 16,78% (subiendo respecto al 4,60% de 2009) y luego aumentando a 26,89% en junio (obteniendo 71 parlamentario de un total de 300) siendo oposición; y luego siendo gobierno, en las elecciones de enero de 2015 con un 36,3% y en septiembre del mismo año obteniendo 35,5% (logrando 145 de 300 parlamentarios). En el Parlamento Europeo subió de 1 escaño en 2009 a 6 escaños en 2014.

 

En 2009, el Movimiento Socialista Panhelénico (PASOK) había alcanzado el gobierno y el triunfo parlamentario con el 43,9% de los votos. Pero rápidamente fue influido por las instituciones de gobernabilidad europeas, la Comisión Europea, el Banco Central Europeo y el Fondo Monetario Internacional (La Troika) para tomar una serie de medidas de austeridad contenidas en el Primer Memorándum o programa de ajuste macroeconómico, que fueron la base de una “dramática crisis económica y social”. La gente entendió rápidamente que tanto el PASOK como el partido de oposición de derecha, Nueva Democracia (ND), eran cómplices en las políticas de austeridad, además de ser coaliciones caracterizadas por la corrupción política[1].

 

El desempleo llegó a niveles del 26% y en el caso de los jóvenes hasta de un 58%; las pensiones fueron recortadas generando que casi la mitad de las y los pensionados se encontraran bajo el umbral de la pobreza; hubo recortes en las políticas públicas y salariales, privatizaciones y despidos masivos[2].

 

En 2011, promovido por La Troika, se formó un gobierno tecnocrático de “unidad nacional”, claramente orientado a la derecha del espectro político, entre el PASOK, ND y el partido conservador Concentración Popular Ortodoxa (LAOS), quienes llevaron a cabo el “programa de rescate” del Segundo Memorándum. En mayo de 2012 estos partidos no lograron obtener la mayoría necesaria para conformar gobierno, por lo que hubo que repetir las elecciones dos meses después con un PASOK sustantivamente resquebrajado, en medio de protestas sociales y monumental represión policial.

 

Por eso, el ascenso de Syriza se basa, en parte, en el proceso de descomposición política de la socialdemocracia, en este caso del PASOK, que en las elecciones de enero de 2015 obtuvo 4,68% de votos, y su disminución de diferenciación con la derecha neoliberal a partir de su aceptación del Primer y Segundo Memorándum. De este modo, la socialdemocracia griega se articula en la trama de poder neoliberal europeo, con los bancos, las organizaciones de gobernabilidad, los grandes empresarios y sus medios de comunicación; instaura el programa de reajuste macroeconómico, empobrece a personas y familias y limita su actuar con el sindicalismo a relaciones de clientelismo[3].

 

Pero no es suficiente un contexto de crisis social, económica y política para generar un crecimiento orgánico en los partidos políticos emergentes. Es necesario un proyecto de alternativa que encaje con los anhelos populares. Esto no fue logrado por el histórico Partido Comunista de Grecia (KKE) que del 7,54% de 2009, pasó al 8,48% en mayo de 2012, el 4,5% de junio del mismo año y a un promedio de 5,5% en las elecciones de 2015.

 

Es menester destacar la diferencia entre Syriza y KKE siendo ambos partidos de izquierda, pero con enormes diferencias en sus identidades colectivas, discursos y lógicas de construcción. Por ejemplo, si bien Syriza y sus miembros estuvieron en las movilizaciones sociales antiausteridad, a diferencia de KKE no intentaban conducir las iniciativas, sino colaborar en la multitud, lo que era mejor aceptado por la mayoría de activistas sociales. De esta manera, la lógica de construcción y la identidad colectiva más abierta o diversa, permitió el crecimiento de Syriza, incorporando “nuevos grupos, movimientos y activistas con facilidad, muchos de ellos exiliados del PASOK. En contraste, el KKE tenía una estructura muy centralizada, una política de membresía estricta y una jerarquía establecida, convirtiéndolo en un partido mucho más intransigente y, sobre todo, escasamente adaptado a procesos de cambio político y social, algo que en aquel momento era un fenómeno constante en Grecia”[4].

 

Así, entre un PASOK impopular y aliado a la trama de La Troika y un KKE con retóricas y prácticas que “no habían cambiado desde el fin de la Unión Soviética”, Syriza “apareció como la única opción política de izquierda creíble”. Y durante los años de gobierno de ND (en coalición con el PASOK) y su primer ministro Antonis Samarás (2012- 2014), “Syriza supo imponer su imagen a la vez reformista y radical, proeuropea pero opuesta a la hegemonía del gobierno ordoliberal alemán y capaz de librar a Grecia de los flagelos de la corrupción y el clientelismo” [5].

 

Otra habilidad que destacó en Syriza fue su capacidad de diagnosticar y actuar en la “deriva populista” (Laclau) por el que Grecia estaba pasando, teniendo asimismo la habilidad de incorporar a su discurso la división de la arena política entre las elites corruptas, especialmente representadas por el PASOK y ND, por un lado, y el pueblo humilde y trabajador, por otro; es decir, más allá de la izquierda y la derecha, la diferenciación era entre los de arriba y los de abajo, los amigos de la patria y sus enemigos.

 

No obstante, el “momento populista” (centrado en la oposición tanto a las medidas de austeridad como a la “clase política”) no sólo fue diagnosticado y aprovechado por Syriza, también lo hizo Griegos Independientes (ANEL), un partido nacionalista de centro-derecha (que luego será socio de Syriza en el gobierno, a partir de 2015); del mismo modo, el movimiento fascista Amanecer Dorado generó un crecimiento orgánico e ideológico en medio de la coyuntura.

 

El triunfo de Syriza en enero de 2015 también se explica por su habilidad de actuar en la deriva populista y mostrarse como una alternativa clara a la corrupción del sistema político, aunque en las elecciones de septiembre “basculó hacia un discurso basado en aptitudes y competencias, es decir, quién gobernaba mejor o peor”[6].

 

Por las características del proceso político era imposible no centrar la estrategia en la imagen de un líder carismático que sintetizara el recambio con la vieja elite política. Este fue Alexis Tsipras, militante originario de Syriza, proveniente de Coalición de los Movimientos de Izquierda y Ecológicos (Synaspismós) del que llegó a ser Secretario General de su Juventud Política, destacando por su activismo desde las bases y ser elegido luego para el Comité Central del Partido en las tareas de educación y juventud.

 

Fue uno de los principales promotores de la conformación de Syriza y llegó a ser candidato a la alcaldía de Atenas (2006), obteniendo el tercer lugar con 10,5%, pero posicionando su joven prestigio político. Ese prestigio se vio enormemente potenciado en su paso a la política nacional con Syriza.

 

No obstante, la “deriva populista” generó igualmente sustantivas dificultades al desarrollo orgánico de la nueva coalición, donde las orgánicas que la conformaban pasan de pequeños “partidos de cuadros” (con componentes trotskistas, maoístas, altermundialistas, comunistas, ecosocialistas), con una fuerte cultura militante, de reflexión y debate político interno, y activismo desde los movimientos sociales (socioambiental, feministas, sindicales, estudiantiles), a un “partido de masas”, con la tarea de disputar el vacío y el centro político. Esto llevó a la nueva organización a participar de un tiempo y ritmo político de alta velocidad, al que no estaban acostumbrados. Stathis Kouvelakis, uno de los principales intelectuales de Syriza hasta su salida en 2015, escribió: “Fue sorprendente que las dos mayores reuniones del partido –primera conferencia nacional en noviembre de 2012 y congreso fundacional en julio de 2013–, fueran convocadas ambas a quemarropa; sólo dispusimos de un mes para prepararlas. Cierto es que había que moverse con rapidez debido a la coyuntura política, pero aquellos procedimientos por la vía rápida sirvieron para crear órganos abultados, demasiado grandes para la toma eficaz de decisiones”[7].

 

De este modo, la necesidad de “actuar en tiempo real en política” (Manolo Monereo), con una gran mayoría social amenazada por la austeridad neoliberal de La Troika, y el desafío de convertir a Syriza en el partido de la patria y no sólo de un sector social, es decir, lograr proyectar el paso de un gobierno de izquierda a un gobierno de unidad nacional (ahí radica la decisión de integrar a ANEL), generó una serie de dificultades orgánicas en el momento mismo donde, alcanzando la mayoría electoral, se produce un cambio histórico en Grecia con la victoria de Syriza.

 

 

 

  1. AÑO DE PASIÓN Y FRUSTRACIÓN: 2015.

Syriza llegó al gobierno en enero de 2015, como el partido de oposición política no sólo al PASOK y a ND, sino también a la corrupción, la austeridad y a La Troika. Enormes expectativas fueron generadas por la llegada de Alexis Tsipras al poder, tanto dentro como fuera de Grecia, especialmente en Portugal y España.

 

Con el programa de gobierno, denominado “Programa de Salónica” (2014), se buscaba resolver los diversos problemas y crisis existentes en el país. Cuatro ejes eran los principales: enfrentar la crisis humanitaria; reactivar la economía y promover la justicia fiscal; recuperación del empleo por medio de un plan nacional laboral; y transformar el sistema político para revivificar la democracia y la ciudadanía.

 

Durante semanas, miles de ciudadanas y ciudadanos se reunieron espontáneamente en Plaza Síntagma o Plaza de la Constitución, con el objetivo de expresar su apoyo al nuevo gobierno, “ya que parecía que preferían defender los intereses de su pueblo en lugar de servir a los de la oligarquía (griega o extranjera)”[8].

 

Pero rápidamente el gobierno empezó a ser arrastrado a una espiral de limitaciones y concesiones. Aunque el nivel de apoyo a Syriza era enorme, enorme también era la deuda griega, llegando a un 140% del PIB. Y sólo con el anuncio en 2014 de las elecciones anticipadas de 2015, la Bolsa de Comercio Griega cayó 13%. Además, internacionalmente se propagó el miedo al “contagio” que Grecia podría irradiar hacia Portugal y España o hasta Italia y Francia. Porque si bien un país como Grecia representa tan sólo el 2% del PIB de la Eurozona, “contagiar” a Italia o Francia, la cuarta y segunda economía de Europa respectivamente, podría ser altamente peligroso para el poder instituido. Y por si fuera poco, esa conflagración contra Syriza no es en ningún momento equilibrada con algún aliado internacional.

 

Así, durante el primer semestre, el gobierno de Syriza intentó llegar a acuerdo con los acreedores y La Troika, esperando se cumplieran las promesas de solidaridad de la Unión Europea. Se buscó extender el programa de “rescate” y generar un nuevo acuerdo de créditos y reputación de la deuda fiscal. El objetivo era generar un marco que le permitiera ganar tiempo y no tener que privatizar y profundizar las medidas de austeridad. Como muestra de buena fe por parte del gobierno, en el mes de abril se pagó parte de la deuda al FMI.  “La apuesta de Syriza era tan simple como inocente: por la vía de apelar a los valores comunes de la unidad europea, la Troika se vería presionada desde todos los flancos a ceder en la política de asfixia financiera a Grecia”[9].

 

En paralelo a las negociaciones, se impulsó una serie de reformas para detener las privatizaciones en los servicios públicos, especialmente en salud, en recontratación de funcionarios públicos despedidos, restauración de la negociación colectiva en los sindicatos y aumento del sueldo mínimo.

 

Para algunos críticos, estas medidas sólo “reforzaron el aparato clientelar del Estado griego”, transfiriendo dinero pero no distribuyendo el poder[10]. Sin embargo, desde Syriza se impulsaron campañas solidarias en torno a alimentación, medicina y techo y se establecieron vínculos con sindicatos[11]. Se aumentó a su vez la recaudación de impuestos de las grandes empresas, al mismo tiempo que se sometían a una mejor regulación, se restablecieron derechos y programas sociales.

 

No obstante, es cierto también que ya desde 2014 se habían estado incorporando a Syriza figuras asociadas al PASOK, aunque no con el objetivo de sumar votos populares, ya que eran personas desprestigiadas de la clase política. La decisión estaba más bien orientada a dar señales de templanza y gobernabilidad. Muchos de estos cuadros ocuparían cargos en el gobierno de 2015: en el Ministerio del Interior y de la Reconstrucción Administrativa, en el vicepresidente del Parlamento, en el Ministerio de Transportes e Infraestructuras Públicas, por ejemplo[12].

 

A lo largo de todo el primer semestre, Syriza persistió en el proceso de negociación, aseguró que no se saldría del Euro y se mantendría en los códigos democráticos. Pero La Troika seguía impávida y las negociaciones se estancaron. Se tuvo que recurrir a otro medio que, sin embargo, se mantenía en el proceso democrático: el Referéndum Nacional de julio de 2015.

 

Las ciudadanas y ciudadanos griegos debían decidir si aceptar o no la propuesta del “Tercer Memorándum” hecha por La Troika, lo que implicaba mayores medidas de austeridad. Quienes abogaban por el “No” a la propuesta eran: la izquierda griega en su conjunto, incluso la extraparlamentaria, el Gobierno de Syriza, distintos partidos Europeos y personalidades del mundo académico y económico como  Paul Krugmann y Joseph Stiglitz, ambos Premios Nobel[13].

 

Mientras tanto, La Troika cesaba la liquidez de los bancos griegos, generando restricción de la libre disposición de dinero en efectivo (lo que se conoció tras la crisis argentina de 2001 como “corralito”) a una semana antes del Referéndum, lo que se sintió en la gran mayoría griega como el intento de banqueros al interior y fuera del país de doblegar la dignidad y soberanía de la patria. Y los enormes niveles de apoyo, que superaban a los de las elecciones de enero, pasaban del objetivo de llegar al gobierno a la tarea de enfrentar a los enemigos del pueblo griego.

 

El Referéndum planteaba la siguiente pregunta: “¿Debería ser aceptado el plan de acuerdo presentado por la Comisión Europea, el Banco Central Europeo y el Fondo Monetario Internacional en el Eurogrupo del 25 de junio de 2015, comprendido por dos partes, las cuales constituyen su propuesta conjunta?”: Fueron 5.803.987 los votos válidos. El 38.69% voto por sí aceptar la propuesta de La Troika, mientras el 61.31 % votó por no hacerlo. En el mapeo de los distritos electorales, en todas las ciudades ganó el “No”.

 

Pero, en lugar de servir para negociar mejor, La Troika se entrega a un reaccionario revanchismo. La negociación, en el fondo, sólo buscaba quebrar al gobierno. Y las condiciones, después del Referéndum, fueron peores.

 

Tras conocer los resultados, el poder ejecutivo liderado por Alexis Tsipras dio marcha atrás, ante el pavor producido por la posibilidad de abandonar la Unión Europea. El gobierno situó al controversial y afamado Ministro de Finanzas Yanis Varoufakis y a otros miembros de izquierda en un lugar que los obliga a dimitir. Y decidió aceptar la propuesta de La Troika, pero en peores condiciones aún.

 

El pueblo griego fue ahogado por la sensación de que ya no se podía pelear más. Se generó un enorme sentimiento de frustración, resignación y hasta de traición. Ya no había otra alternativa.

 

De esa manera, a seis meses de llegar al gobierno, Syriza empezó a aplicar las reformas de austeridad más duras en los últimos años. ¿Cuál fue la razón de fondo de esta decisión? En palabras de Stathis Kouvelakis: “Éste fue el resultado predecible de la contradicción encarnada en el programa de Syriza: rechazar la austeridad, pero mantener el euro”[14]. El Gobierno y la Nación claudicaban ante La Troika, cual Orfeo y Eurídice descendiendo a la tierra de Hades.

 

Alexis Tsipras convocó al Parlamento a firmar el Tercer Memorándum, con el apoyo de 109 parlamentarios de Syriza y la oposición de 40 del propio partido. Apoyaron también el acuerdo ND, PASOK y ANEL. Dejando disponible su cargo de Primer Ministro, en agosto Tsipras convocó a nuevas elecciones que se realizaron en el mes de septiembre. Nuevamente fue electo, pasando del 36,3% de enero al 35,5% en septiembre. El temor y la frustración en la población griega fueron mayores a la idea de traición.  De alguna manera, las elecciones de septiembre revalidaron la expectativa, a pesar de la frustración, en el gobierno de Tsipras.

 

Un ala minoritaria de Syriza, el sector denominado  “Plataforma de Izquierda” también se presentó a las elecciones, fundado el partido “Unidad Popular” (Laikí Enótita, abreviado LAE) el 21 de agosto de 2015 por ex ministros, parlamentarios y otros militantes, obteniendo 155.242 votos, correspondientes al 2,86 %, quedando a pocas décimas del 3% necesario para arribar al Parlamento.

 

La situación orgánica de Syriza no sólo se complejizo por la salida del sector de izquierda y la conformación de Unidad Popular. A modo de ejemplo, en el mes de noviembre, las dos principales confederaciones sindicales, la Confederación General de Trabajadores Griegos, del sector privado, y la Confederación de los Sindicatos de Empleados Públicos, convocaron a la primera Huelga General desde la llegada al gobierno por parte de Syriza contra las medidas de austeridad.

Y en la misma marcha estuvieron presentes las organizaciones de bases, activistas y militantes de Syriza[15].

 

  1. TERCER MEMORANDUM Y DEBILIDAD DE LA IZQUIERDA.

 

Desde el primer día el gobierno de Syriza inició las negociaciones con La Troika. La política de comunicaciones impuesta mantenía al margen a la ciudadanía. El Programa de Salónica se postergaba y a la larga no se aplicaría. Tras cuatro meses, Tsipras cedió en todos los términos y aun así las instituciones de gobernabilidad europea permanecieron impávidas. Un Referéndum era la última trinchera. Pero caben muchas dudas acerca de la confianza en la alternativa del “No” al Memorándum de austeridad. El gobierno más bien esperaba que, si no ganaba el “Sí”, al menos la diferencia fuese más estrecha y no por más de 20% a favor del “No”. Un resultado más estrecho hubiese permitido al gobierno argumentar a favor de la claudicación realizada debido al temor a salir de la Unión Europea. Pero las y los votantes no tuvieron esa aprensión. Aun así, el gobierno no quiso romper con los acreedores ni con la Eurozona.

 

Tsipras y su equipo político y financiero consideraban que el proceso de salida de la Eurozona generaría no sólo una crisis económica o de gobierno, sino una crisis estatal. No se trataría sólo de una transición económica, sino que se hubiese requerido una nueva política monetaria, un nuevo sistema de importaciones tanto en energía, medicamentos y alimentación, ya que en esas materias Grecia es dependiente; habría que haber enfrentado movimientos político-militares de desestabilización, tanto al interior como por afuera del país, lo que implicaba un control de la policía y el ejercito que no se tenía. No se estaba preparado tampoco para un eventual Golpe de Estado[16].

 

A la larga, la política de austeridad se instauró nuevamente y se vaciaron las finanzas del sector público para pagar a los acreedores, buscando demostrar que el interés era pagar y recuperar a la vez la economía del país. El Programa de Salónica se reducía entonces a la lucha contra la corrupción y el fraude fiscal. Pero el gobierno fue empujado a una completa capitulación ante La Troika, como si se buscara humillar y someter por completo al país que había atrevido a oponerse a la gobernabilidad europea, aunque lo hubiese hecho recurriendo a mecanismos democráticos.

 

En todo el período ningún aliado internacional se hizo presente. En España, Pablo Iglesias y la dirección de Podemos se limitaron a dar su apoyo “en nombre de lo posible y de los límites de la política de posguerra”[17].

 

 

 

Yanis Varoufakis describe de este modo el proceso de negociación con La Troika: “Las discusiones pasaban de un tema a otro sin poder ponerse de acuerdo en nada, ni negociar seriamente. Durante meses, los representantes de la «troika» trabajaron para obstaculizar la marcha de las conversaciones, insistiendo en que abordáramos todos los temas, lo que culminaba en no resolver ninguno en concreto (…). Mientras tanto, sin haber formulado la más mínima sugerencia y amenazando con interrumpir las discusiones si teníamos la audacia de publicar nuestros propios documentos, planeaban dejar escapar sus confidencias en la prensa, afirmando que nuestras propuestas eran «débiles», «mal concebidas», «poco creíbles»”[18].

 

El gobierno de Syriza, ya con Varoufakis y Unidad Popular fuera, disminuyó las pensiones, suprimió convenios sindicales, autorizó despidos masivos, aumentó aranceles en el sistema de salud, generó nuevas privatizaciones destinadas a pagar la deuda con los acreedores y abandonó la promesa de elevar los salarios. En una frase, aceptó por completo el Tercer Memorándum de La Troika[19].

 

Todo esto desató una crisis política y orgánica enorme al interior de Syriza. Tras la capitulación después del Referéndum comenzaron a renunciar militantes, incluso el Secretario del Comité Central del Partido, Tasos Koronakis; también lo hicieron  funcionarios locales y nacionales, parlamentarios y ministros. La violencia de las discusiones fue enorme, la ruptura, entre quienes habían sido camaradas, fue total[20].

 

Un grupo de parlamentarios de Syriza había presentado el informe “Verdad sobre la Deuda Pública Griega”, iniciativa impulsada por la presidenta del Parlamento Zoé Konstantopoulou. La información expuesta, como por ejemplo que la crisis originariamente no era publica sino de los bancos privados, y el plan ahí contenido (ideas para ir anulando la deuda) nunca había sido considerado por el poder ejecutivo[21].

 

La lección de la experiencia de Syriza en el gobierno era clara: “cualquier gobierno que hoy quiera desobedecer los principios neoliberales de los tratados europeos y llevar a cabo una política que defienda el empleo, los salarios, las pensiones, la seguridad social, los servicios públicos, las normas ambientales y la soberanía popular solo puede hacerlo razonablemente preparándose y asumiendo la eventualidad  de una salida…”[22].

 

Pero la debilidad, los errores, los limites, no sólo se encuentran en Syriza. El KKE (Partido Comunista Griego) no tuvo ninguna opción, ni siquiera de generar un movimiento de oposición, puesto que su dogmatismo e incluso sectarismo no le permite convocar a otros sectores de la sociedad, inclusive siguió impulsando manifestaciones que fuesen paralelas al movimiento social en su conjunto.

 

La ultraizquierda o autodenominada “izquierda anticapitalista”, reunida en Antarsya (Frente de la Izquierda Anticapitalista), por su lado, se mantuvo en su “marginal consecuencia” o “consecuente marginalidad”, con el 0,64% de las elecciones de enero de 2015, o para decirlo de otra manera: después de siete años de profunda crisis, política, social y económica, no logra convocar ni al 1% de las y los votantes griegos[23].

 

Stathis Kouvelakis reflexiona acerca de una posible acercamiento entre Unidad Popular, Antarsya y KKE: “La coalición Antarsya de extrema izquierda tiene algunos  activistas potencialmente muy interesantes y podrían haber contribuido, pero eran demasiado sectarios. Para los sectarios, los más cercanos a ellos aparecen siempre como el mayor obstáculo, por lo que en lugar de tratar de construir algo con nosotros –y cuando la confrontación final se acercaba, tratar de desbloquear la situación–, se pasaban el tiempo denunciando a la Plataforma de Izquierdas con más fuerza que a la propia dirección de Syriza. Y, por supuesto, el sectarismo extremo del KKE ha contribuido a la evolución negativa desde 2010 en adelante. Se podría haber evitado la coalición con los Griegos Independientes si en 2012 el KKE hubiera aceptado una línea mínimamente unitaria con Syriza. Eso habría reagrupado a todas las fuerzas de izquierda surgidas de la matriz comunista en una nueva dinámica política, que en esas circunstancias habría tenido posibilidades reales. Eso es exactamente lo que el KKE no quería, porque habría abierto una dinámica más imprevisible de lo que podían imaginar”[24].

 

Unidad Popular sufrió otro tipo de desventura, aunque no muy distinta al de KKE y Antarsya. Incorporando a 5.000 inscritas e inscritos y con una militancia proveniente principalmente de Plataforma de Izquierda, no obtuvo ninguna presencia en el Parlamento en las elecciones de septiembre… Antes del Referéndum intentó tensionar internamente para colocar a Alexis Tsipras en minoría, pero no lo logró. Muchas de sus principales figuras estaban en el consejo de ministros, por lo que su papel público era restringido. Y cuando criticaban una decisión del propio gobierno, se volvía portada de todos los noticieros… Luego del Referéndum decidieron formar Unidad Popular. Pero al momento de la elección de septiembre se encontraban sin estructura orgánica ni Programa. Tampoco contaba con un líder carismático. Varoufakis, si bien rompió con Tsipras y apoyó a Unidad Popular, no se unió a ella. Muchos otros militantes y activistas, simplemente se quedaron en casa sobrellevando su frustración… Unidad Popular no pudo actuar lo suficientemente rápido y cayeron en enormes titubeos, actuando como si aún fuesen la oposición interna de Syriza[25].

 

En el fondo, Unidad Popular no mostró voluntad de gobernar sino sólo de ser oposición desde el parlamento, cuestión que no logró. Además, a pesar de todo lo sucedido, a pesar de la claudicación ante La Troika, la mayoría de la opinión pública consideraba que Alexis Tsipras estaba intentando hacer las cosas de otra manera, de ahí su alta votación.

 

 

 

[1] Pamies, Joan Carles y  Muñoz González, Pablo. Informe Grecia en 2017: retos y desafíos del estado helénico y el gobierno de Syriza. En: https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=6004807

[2] Díaz, Francisco y Thielmann, Luis. La tragedia de la izquierda griega. En: http://www.nodoxxi.cl/wp-content/uploads/CC11_Internacional_y_grecia-1.pdf

[3] Ibíd.

[4] Pamies, Joan Carles y  Muñoz González, Pablo.

[5] Dericquebourg, Baptiste. Los dilemas de Syriza, ¿historia de una decepción? En: http://nuso.org/media/articles/downloads/5.TC_Dericquebourg_261.pdf

[6] Pamies, Joan Carles y  Muñoz González, Pablo.

[7] Kouvelakis, Stathis. Ascenso y caída de Syriza. En: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=213364

[8] Dericquebourg, Baptiste.

[9] Díaz, Francisco y Thielmann, Luis.

[10] Ibíd.

[11] Dericquebourg, Baptiste.

[12] Kouvelakis, Stathis.

[13] Díaz, Francisco y Thielmann, Luis.

[14] Kouvelakis, Stathis.

[15] Dericquebourg, Baptiste.

[16] Ibíd.

[17] Díaz, Francisco y Thielmann, Luis.

[18] Yanis Varoufakis, «Leur seul objectif était de nous humilier», en Le Monde diplomatique, agosto de 2015. Citado por Dericquebourg, Baptiste. Los dilemas de Syriza, ¿historia de una decepción? En: http://nuso.org/media/articles/downloads/5.TC_Dericquebourg_261.pdf

[19] Dericquebourg, Baptiste.

[20] Ibíd.

[21] Ibíd.

[22] Ibíd.

[23] Jenkins, Gareth y Karayianni, Despina. Manoeuvres from above, movements from below: Greece under Tsipras. En: http://isj.org.uk/manoeuvres-from-above/

[24] Kouvelakis, Stathis.

[25] Ibíd.

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