Un año del FA: no basta con celebrar

Por Miguel Fauré P.

 

Siempre vale la pena brindar por un año más. En el caso del Frente Amplio, también. Pero no nos engañemos, no nacimos el 2017.  Es una linda táctica de marketing político suponer que este pequeño engendro haya generado tanto revuelo en sólo 365 días. Un lindo ritual, cierto, mas apaguemos las velas y a continuar. No nos define la novedad, no somos un I-Phone.

 

Superamos un trámite difícil: definir qué haríamos en segunda vuelta. Aquello que en su momento fracturó al Juntos Podemos, el FA logró sortearlo con confusión, sí, pero con meridiana calma. Las voces que llamamos a la abstención fuimos minoritarias. Sin embargo, con un mes de resaca post electoral aún no se vislumbra con claridad qué es lo que el frenteamplismo tiene para proponer.

 

No respondimos con fuerza ante el robo del litio, el “Dicom de los evasores” del Transantiago, la nueva persecución a les machis Celestino Córdova y Francisca Linconao, el debilitamiento del Sernac, la propuesta bacheletista para modificar el proceso de indultos a violadores de DDHH, la modificación de la ley de Migración y los nuevos antecedentes frente al caso de Macarena Valdés.

 

Sí supimos –por la prensa- de las disputas en torno a la opción de presidir la Cámara de Diputados, la urgencia por convergencias para “hacerle el peso” a RD y el acercamiento del PC a nuestros “referentes”. Guerra de tuits y posts de facebook. Si decimos que esto es normal, ya que somos un conglomerado joven, obviamos que nuestra historia es más antigua. Estamos grandes ya para caer en el adanismo de suponer que la “nueva política” nació con nosotres.

 

Es momento de que el FA haga el ejercicio de recuperar la voz de sus bases, esas riquísimas conversaciones asamblearias en los más de cien espacios constituidos. Allí está la experiencia viva del neoliberalismo operando antes de que Boric, Vlado o Giorgio nacieran. En ese abajo que fermentaba la ilusión de chilen-s pletóricos de sencillez, honestidad y anonimato, está la memoria social que el Frente Amplio requiere para no convertirse en un símil grotesco de la Concertación modelo ’90.

 

¿Cómo responderá  a sus bases distritales la bancada frenteamplista? ¿Cómo emplearán los dineros que ingresan por concepto de dieta parlamentaria? ¿Cómo la militancia de base podrá ejercer control comunitario sobre lo que sus 21 vocer-s proponen y combaten? Se abrió un significativo espacio de representación, de nosotres depende que se enriquezca del deseo de ese millón que votó por Beatriz Sánchez, para que no haya sido sólo una maniobra estabilizadora del modelo para asimilar a la contestación del FA.

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