Un debate ineludible en el proceso constituyente: seguridad nacional y relaciones cívico-militares de nuevo tipo

Por: Roberto Sáez. periodista de la Universidad de la Frontera y magister en Ciencias Militares de la Academia de Guerra del Ejército de Chile. Twitter: @robertomsaez. Fuente: Ciper Chile.


 

El controversial vínculo entre el grupo Luksic y el Ejército de Chile revelado por CIPER, exige un debate profundo sobre la naturaleza actual y el futuro de las Fuerzas Armadas de cara al proceso constituyente. La especialización de oficiales de Estado Mayor con el auspicio filantrópico de un grupo privado pone en entredicho el principio del monopolio estatal de la defensa y su carácter de bien público absoluto. El grupo Luksic, independiente de su gravitación en el Chile contemporáneo, no representa el interés general de la nación.

 

A nuestro entender, son dos elementos fundamentales los que configuran y orientan estratégicamente al sistema de defensa nacional y sobre los cuales hay que centrar el debate: i) La concepción que el Estado adquiere respecto a su seguridad y ii) el carácter de las relaciones cívico-militares.

 

EL DEBATE SOBRE SEGURIDAD NACIONAL EN DEMOCRACIA

 

El concepto que la conducción política elabora sobre la seguridad de la nación es fundamental. Este se constituye como un enfoque para orientar todo el quehacer de la defensa y organizar al instrumento militar. Sin embargo, arrastrada desde los efectos traumáticos de la guerra fría en Chile, la carga semántica del concepto Seguridad-Nacional generó la renuncia a la disputa de este concepto por parte de los sectores políticos de oposición al modelo, inhibiéndose de producir pensamiento crítico en materia de seguridad y defensa. Así, luego del derrumbe de los socialismos reales y el triunfo de la democracia pactada y restringida, la doctrina hegemónica de la globalización se expresó sin mayor contrapeso en los Libros de la Defensa Nacional (LDN), cuyas definiciones de seguridad transitaron desde la dimensión ampliada (1997) hasta adoptar el estándar transnacional de la seguridad humana (2017).

 

Este vacío teórico de quienes se oponen al modelo se expresa en la histórica agenda política relativa a la defensa, basada principalmente en temas de corrupción, transparencia, justicia militar y derechos humanos, entre otros. También, en la nula formación ciudadana sobre esta materia en virtud de una comunidad de defensa. El momento constituyente y su posibilidad de configurar nuevas hegemonía exige que, además de insistir en la denuncia de estos temas, seamos capaces de desarrollar nuevos enfoques doctrinarios, que durante un proceso de transformación social abierto, adquieren una relevancia estratégica como factor de irreversibilidad de los cambios en curso.

 

LAS CONTRADICCIONES DEL ENTORNO Y NUEVOS ENFOQUES

 

El debate en esta materia es inevitable. El estallido social y su efervescencia prolongada advierte una crisis profunda que va más allá de nuestras fronteras. Para el sociólogo Manuel Castells (1), la crisis sistémica que enfrenta Chile no es una excepción, la gobernanza global está en crisis y la democracia liberal fricciona contra el surgimiento de nuevas tecnologías de la información aplicadas a los campos de la producción y la cultura. La hegemonía mundial de la élite mercantil-financiera se enfrenta a nuevas agendas soberanistas y las tendencias del cambio climático y la escasez de recursos reafirman este rumbo. Al mismo tiempo, la disputa entre Estados Unidos y China por el dominio de la infraestructura crítica de la información (2) es síntoma de un cambio profundo en el ciclo hegemónico liderado hasta hoy, por el país norteamericano (3).

 

Sumando, el nuevo orden multipolar surgido de las crisis de la globalización, presenta transformaciones en la dinámica de los conflictos y los modos de hacer la guerra, donde los estados y las fuerzas regulares (4) pierden protagonismo frente a la relevancia de la población civil, los centros urbanos y el dominio de la información sobre la potencia de fuego. El carácter irrestricto, híbrido y no convencional del enfrentamiento por el poder, pone en entredicho la vigencia de la clásica doctrina de la guerra de maniobras.

 

Para algunos historiadores, esta contradicción global se expresa localmente, en la pugna entre el viejo orden portaliano y la creciente demanda de soberanía popular, es decir, la disputa entre el carácter restringido y neoliberal del régimen constitucional y la demanda de protagonismo ciudadano para una nueva estabilidad política. Para Gabriel Salazar, esta tensión principal a nivel global y nacional (5) otorga a esta crisis una densidad histórica tal, que emergen a la superficie problemas de largo arrastre. La demanda de soberanía popular probablemente marcará el derrotero de las colisiones políticas y sociales que han brotado abiertamente desde octubre.

 

Una nueva estabilidad política en base a la soberanía popular implicará transformaciones profundas en las funciones básicas del Estado, como las relaciones exteriores, la justicia y la defensa. Resguardar a nuestro país de las amenazas de la globalización y sus continuos impactos en la soberanía pública de nuestros recursos y bienes naturales, el territorio, la economía y la integridad y dignidad de nuestro pueblo, se vuelve una reivindicación insoslayable en esta materia.

 

RELACIONES CÍVICO-MILITARES DE NUEVO TIPO

 

Al igual que la conceptualización de seguridad, el carácter de las relaciones cívico-militares es expresión del proyecto nacional vigente. La última literatura civil sobre este tema es generalmente de carácter descriptiva (6), evidenciando sus respectivos altos y bajos. En todo caso, generalmente el análisis se restringe al ámbito de las relaciones entre conducción militar y élite política, quedando fuera del debate el involucramiento de la civilidad (en su más amplio sentido) con la defensa.

 

Actualmente las universidades estatales, la investigación científica, la industria, las organizaciones gremiales, el arte y la cultura, los medios de comunicación de masas y comunitarios y un sinnúmero de organismos vivos de la sociedad chilena no tienen mayor vínculo con el sistema de defensa, siguiendo la lógica excluyente y fragmentaria de la gobernanza neoliberal.

 

Un camino válido para analizar en profundidad estas relaciones, se encuentra en el pensamiento de Clausewitz y su teoría política de la guerra, a través de la cual se puede examinar la organización de la defensa nacional.

 

LA DEFENSA, LA POLÍTICA Y LA CIUDADANÍA

 

“La guerra es la continuación de la política por otros medios”. Esta máxima de Clausewitz repetida cuatro veces es su obra capital De la guerra es revisada constantemente en las aulas militares y supone una idea básica: la relación indisoluble entre la política e instrumento militar.

 

Esta idea descansa sobre la base de una articulación dialéctica denominada por el autor como una “maravillosa trinidad”, la tensa relación entre la razón, la pasión y el azar o lo que la literatura militar suele identificar como la razón política, el pueblo y las Fuerzas Armadas. Estas tres tendencias se relacionan e influyen recíprocamente según un momento histórico dado para dar forma a un tipo o modo de entender la defensa nacional.

 

La razón política no se restringe solo al gobierno. Es aquel ámbito que contiene las ideologías, la organización social, las identidades nacionales y las relaciones de poder intra-extra estatales. Supone una subordinación de la estrategia militar a sus fines y hay que considerar esto en primer término, sin embargo, también es posible que una guerra, una revolución social, el ambiente internacional o las pasiones, impongan su propia dinámica, es decir, la política domina a la defensa y las pasiones de los pueblos, sin embargo, no es una “regla despótica” y es susceptible de que el conflicto o la energía de los pueblos puedan dictar el curso de los acontecimientos.

 

Raymond Aron (7) planteó que la guerra y la organización de la defensa, evolucionan o se transforman en relación a la organización social y al desarrollo de la tecnología aplicada al uso bélico: “Las guerras se parecen a las sociedades que las libran, entre instrumentos y las armas, entre relaciones de clase y los ejércitos, aparece a lo largo de los siglos una relación recíproca”.

 

En tal sentido, consideramos que la transformación social en Chile es también un asunto político y su impacto en el instrumento militar y en el pueblo revolucionarán esta relación trinitaria. Debemos promover que la ciudadanía -sujeto portador de la soberanía política- se relacione con la defensa nacional subordinándola a sus intereses, si no queremos continuar viendo imágenes en las que grupos económicos de reconocida trayectoria de influencias, financie filantrópicamente la formación de los conductores del instrumento militar.

 

En síntesis, una disputa profunda por la reconceptualización de la Seguridad Nacional y una doctrina para las Fuerzas basadas en relaciones cívico-militares de nuevo tipo, emerge como una necesidad de las transformaciones políticas que está empujando la ciudadanía. Esta necesidad está potenciada además, por las fricciones del entorno estratégico y las nuevas dinámicas y tipos de conflictos. Renunciar a estos debates es dejar el flanco abierto para que una de las más importantes garantías de viabilidad y futuro del Chile nuevo, siga permeada por el interés privado y particular.

 

Referencias:

 

(1) Ver presentación de Manuel Castells en el Centro de Estudios Públicos.

 

(2) Es interesante el enfoque realista de las relaciones internacionales y sus efectos en la seguridad y defensa planteado por el coronel del Ejército de Tierra de España, Pedro Baños, en su obra El dominio mundial.

 

(3) Ver nota en Forbes.

 

(4) Una visión referente en Estados Unidos sobre este tema es la de Martin Van Creveld y su obra Transformación en la guerra.

 

(5) Ver presentación del autor en Congreso Futuro

 

(6) Como referencia, revisar el texto de José Rodríguez Elizondo, Historia de la RCM en Chile.

 

(7) Raymond Aron, Un siglo de guerra total (1958)

Equipo editorial Revista De Frente

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