«Un Futuro sin Capitalismo ¡¡Es Posible!!» Por Miguel Silva

Por: Miguel Silva

Razones sobran para poner  fin al capitalismo.

La crisis climática que amenaza con destruir el planeta, la industria alimenticia donde brotan las pandemias, la desigualdad que deja  a unos pocos miles ganar más que la mayoría de la población del globo.

En fin, razones sobran para poner fin al capitalismo.

¿Qué es el capitalismo me pregunto?  Porque sin saber bien cómo funciona, no tenemos cómo eliminarlo.

Es el sistema social en que cada capitalista intenta sacar el jugo de sus trabajadores que no tienen más que hacer que poner en marcha las fábricas, minas, supermercados, oficinas  de su patrón. Claro que hay capitalistas privados y también estatales y  cada capitalista hace competencia con otros capitalistas y por ende está obligado a invertir más, mejorar  la eficiencia de su producción y hacer uso y abuso, de explotar y oprimir,  para dividir a sus trabajadores.

Para terminar con ese sistema social, tenemos que sacar de las manos de los capitalistas sus fuentes de riqueza y poder, los medios de producción y sus aparatos estatales.

Así sería el capitalismo y su final.

Bueno, hasta la UP, pensábamos que sería un Gobierno el que  iba a poner  fin al capitalismo. Pero hoy día, más bien pensamos que seremos nosotros mismos los que vamos a llevar esa tarea adelante. Otra forma de decir “el pueblo ayuda al pueblo”.

Es decir, podemos construir, hemos construido y vamos a construir organizaciones base de lucha para negociar sueldos y condiciones en el trabajo, ganar viviendas dignas, enfrentar el machismo en todas sus formas, proteger nuestros derechos al agua, luchar por una salud, pensión o educación mejor que lo que tenemos. O para defender los derechos del pueblo mapuche. En fin podemos comenzar la construcción base.

Y de verdad, sin organización democrática de base que integre  miles y cientos de miles de hombres  y mujeres, no hay ninguna posibilidad de cambiar el sistema. Eso lo debemos tener claro.

Es su capacidad de relacionarse con estas organizaciones base la  que marca la diferencia entre un dirigente o activista y otro. Ahora bien, ser activista o dirigente a veces no es tan fácil, porque las bases integran todo tipo de personas que piensan y actúan muy diferentes y como consecuencia, algunos dirigentes no quieren quedar mal con nadie.  Por lo general,   terminan siendo ni chicha ni limonada porque no quieren perder el apoyo de un sector para ganar el apoyo de otro.

Otros dirigentes tienen la película más clara y organizan y reflejan las acciones y deseos del sector que lucha con más energía y fuerza. Pero no representan a los que piden, pero que no luchan.

Bueno ya, me dices, hablas de la revolución, pero en la lucha tenemos que estar juntos y no andar transmitiendo temas que nos dividen.

Pero si entendemos que la revolución es la unidad, la democracia de base, las acciones que son obra de miles y millones, entonces no hay problema. Porque la organización local, en un lugar de trabajo, en un barrio, en un colegio, también es obra de la democracia base. La revolución, en fin, es la organización base “en grande”.

Sin embargo, SÍ es cierto que necesitamos unidad.

Hoy, unidad en nuestras luchas para integrar de verdad a la gente de base en forma democrática. Y mañana unidad sobre la necesidad de una revolución.

Y muy importante, ver que la revolución es la toma de control del país por las mismas organizaciones base, esa  idea dirige al activista a no perderse en movidas burocráticas de la política parlamentaria o en las negociaciones entre cuatro paredes.

Es decir, este principio elemental  relaciona la lucha HOY con la revolución MAÑANA. Relaciona días como hoy con los días turbulentos de la revolución.

En otras palabras, su confianza en la organización base tanto hoy como en el futuro, ayuda al activista a proponer las mejoras tácticas para ganar los conflictos, porque las acciones que integran democráticamente a cientos, miles o cientos de miles de personas,  tienen más chance de ganar sus demandas.

 

El Estado y la Revolución

 

Otra cosa que aprendimos de la UP es que los patrones y sus jueces, generales y burócratas no van a dejarnos tomar control del país. Podemos comenzar esa obra, podemos elegir concejales, alcaldes o diputados que hablan de un país nuevo controlado por nosotros, pero los patrones y sus aparatos no van a dejarnos llevar esa obra a una conclusión feliz.

Es muy importante tener esta película clara cuando un dirigente o activista habla del hecho que los patrones y sus secuaces no van a dejarnos seguir con la lucha sin oponerse.

El dirigente tiene que entender que algunos de los hombres y mujeres de sus bases van a decir “bueno, hay que tomarse las riquezas de las manos de los patrones entonces, despedir  a sus jueces y tener democracia en las FFAA.”

Otros van a decir que “tenemos que cuidarnos con lo que hacemos entonces… un poco más de sentido común”. O “nada que ver eso. ¿Qué tiene que ver con lo que queremos acá?”

La batalla de convencer a cientos de miles de hombres y mujeres que, en su momento, tenemos que disolver la riqueza y aparatos de los patrones, esa batalla comienza hoy. Mejor dicho, ya comenzó hace tiempo porque todas las ideas grandes que millones de personas tienen en sus cabezas son consecuencia de sus experiencias. Y también son consecuencias de lo que opinan otros, otros con organización. Es nuestro deber de convencer otros —  al principio algunos pocos y luego miles –, que la revolución tiene mucho que ver con las luchas hoy.

Es por eso que sigo pensando que es imprescindible juntar los pocos (por ahora) que están de acuerdo que las organizaciones bases (en el futuro) tienen que tomar el  control del país. Tienen que tomar el lugar de los jueces, de las FFAA, de los burócratas.

Es decir tienen que “destruir el Estado”, creando un nuevo estado de sus propias organizaciones base.

Ahora bien, si queremos elegir un diputado, un alcalde o un concejal  hoy, suena muy  raro decir que también queremos “destruir el estado”.

Pero no es para nada raro si entendemos por “destruir”, que nuestras organizaciones base van a tomar el lugar de los jueces, la burocracia estatal, las FFAA. Van a SER nuestro nuevo estado. Ese es el sentido de DESTRUIR el estado. En ese sentido, la elección de un buen concejal que labora para mejorar la organización base con su obra, podría (pero no siempre es así) llevarnos más cerca de  la destrucción del estado.

Pero tenemos que tener una cosa clara. Que sin una revolución, sin tomar el control del país y sacar la riqueza de las manos de los patrones, no vamos a tener como poner fin a la desigualdad, el machismo y un sinfín de otras caras feas del capitalismo.

Bueno, quizás estás de acuerdo, quizás que no.

En mi opinión, los que están de acuerdo tenemos el deber de unirnos y trabajar.

Para poner fin al capitalismo, ¿crees que los trabajadores, hombres y mujeres, debemos controlar nuestros lugares de trabajo?

Para poner fin al capitalismo, ¿crees que las organizaciones base, de hombres y mujeres, deben controlar sus comunas, sus regiones y todo el país?

Para poner fin al capitalismo, ¿crees que debemos “destruir el estado” en el sentido que discutimos arriba?

Si estás de acuerdo, podemos organizarnos juntos desde ya para tomar nuestra parte en la lucha “por la emancipación”.

Mi correo (de Miguel Silva) es mstantonw@yahoo.com para conversar.

Músico, abogado y defrentista. Vive en Peñalolén, Santiago.

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