Clotario Blest, foto del sitio clotarioblest.com

«Varias maneras de construir» por Miguel Silva

por: Miguel Silva

Vemos al presente con ojos del pasado. A veces es una pena, pero algo inevitable, porque las generaciones del pasado nos heredan lo peor (pero también lo mejor) de sus ideologías y acciones, sin o con querer. Por lo tanto, aprendimos de ellos que, cuando pensamos el futuro, imaginamos el tipo de gobierno que vamos a tener en vez del tipo de organización base que va a controlar el país. Cuando pensamos en los partidos, nos salta a la memoria lo poco que hacían para luchar contra el machismo, y por ende, la necesidad de organización feminista independiente. Y cuando pensamos en el sindicalismo, pensamos en sueldos y condiciones y no entran a nuestras mentes las otras cosas de la vida del trabajador como la vivienda, la cultura y el deporte. En fin, recordamos solamente una parte de las acciones de las generaciones del pasado. Mejor dicho, nos han transmitido solamente una parte. Vale la pena, entonces, volver atrás en el tiempo para redescubrir otra parte de la historia del trabajador, esa  que nos puede ayudar en la construcción del sindicalismo hoy.

Volvemos atrás más de un siglo, cuando Recabarren andaba recorriendo el país construyendo organización del trabajador…

A comienzos de 1915 el dirigente socialista Pedro J. Sandoval hizo un resumen de lo realizado en sólo tres años de existencia de su partido, el Partido Obrero Socialista (POS): “En 1912 hemos realizado 60 conferencias con 107 temas y 20 oradores (hombres, mujeres y niños); en 1913 realizamos 76 conferencias con 193 temas y 39 oradores y en 1914, hemos realizado 117 conferencias y mítines con 613 temas y 132 oradores. Como se ve la labor ha ido prosperando año en año y nada detendrá su gigantesco progreso. “

Proliferaron en puertos y oficinas salitreras las escuelas nocturnas, los grupos de lectura y las bibliotecas populares de inspiración socialista.  Una “velada socialista” típica, como la realizada a mediados de febrero de 1915 podía incluir valses, polkas y mazurcas interpretadas por  estudiantes; una conferencia del socialista argentino radicado en Iquique Mariano Rivas sobre “el valor cultural de la música”… una intervención de Teresa Flores sobre “la participación de la mujer en la lucha socialista”…para concluir con “el sentimental dramita de Palmiro de Lidia, titulado Fin de Fiesta”.[1]

Las obras fueron generalmente escritas por los trabajadores mismos, con contenido socialista y se organizaban veladas donde se escuchaba música, poesía o charlas sobre el socialismo, el alcoholismo o diversas cuestiones[2]. Además, el grupo juvenil y el centro de estudios organizaban conferencias en la calle o en la plaza[3] los domingos, donde solían encontrarse hasta miles de trabajadores escuchando a los oradores.

¡Una vez, en diciembre de 1914, un debate sobre la existencia o no de Dios logró atraer 15 mil espectadores!

Con motivo de la visita a Iquique de la conferencista anticlerical española Belén de Sárraga, la que dio ocasión a manifestaciones que juntaron radicales y socialistas, se organizó un “Centro Femenino”. En la elección de 1915, las socias del Centro circulaban entre el público  con letreros que decían: “Vender el voto es vender la familia”, “No votéis por tus patrones” y “Los pobres debemos unirnos”, repartiendo a la vez “entre la multitud inconsciente, millares de volantes, de votos, de proclamas. Paseaban por entre la multitud cantando “a las urnas”. Y mientras unos poquísimos” admiraban y aplaudían, la inmensa mayoría de proletarios, ebrios de abyección las insultaban groseramente sin darse cuenta de lo que hacían”[4]

Belén de Sárraga, que con sus conferencias logró electrizar a los elementos más liberales de Iquique y también a nosotros, los socialistas, era una mujer arrogante, que cuando jovencita debe haber sido muy hermosa. Viajaba acompañada de su secretario, Porta Bernabé, que arreglaba los programas y recepciones, y a quien los detractores de ella, inmediatamente, calificaron de amante de la española.

Ofreció ocho conferencias que llenaron el Teatro Municipal y provocaron uno de los más grandes escándalos que se recuerda en Iquique. Los curas la injuriaban en los diarios reaccionarios y hacían propaganda contra ella en el púlpito, en la calle y también de casa en casa.

» ..En su primera conferencia habló con palabras de fuego contra la confesión y mostró el papel de los curas en relación con la juventud. Señaló que al interrogar a las muchachas sobre sus experiencias sexuales, los curas realizaban en el confesionario una verdadera desfloración moral. El entusiasmo del público era tan grande, que los jóvenes radicales desengancharon los caballos del coche que debía llevarla al hotel y se dispusieron a arrastrar ellos mismos el vehículo. Pero Belén de Sárraga se negó a aceptarlo»[5]. En fin, los trabajadores que construían organización en esa época eran verdaderas “tribunas” para la emancipación del pueblo y no se limitaban al trabajo parlamentario o sindical.

Unos treinta años después, una de las consecuencias de la creciente intervención estatal en la economía de los años del Frente Popular era la creación de una gran masa de empleados estatales, los trabajadores de cuello y corbata del Estado. Por una ley dictada en tiempos de Arturo Alessandri, en 1934, los trabajadores del Estado estaban impedidos de agruparse en organizaciones sindicales, sin embargo, la Constitución les permitía, como a todo ciudadano, formar asociaciones.

Clotario Blest, comenzó la obra de organización formando clubes deportivos y de ahí avanzando a los sindical. Clotario recordó que:

“Me di cuenta de cuán mal pagado estaba el personal de la administración pública. ¡Cómo los defiendo! pensé. Eran alrededor de 300 mil. Fundé entonces, clubes deportivos y culturales en todos los servicios. Los jefes, al comienzo estaban encantados, pero después se dieron cuenta que en los clubes se discutían problemas gremiales, ya que todos los empleados asistían a charlas sociales y técnicas. La tesis que se sustentaba era: “para ser buen empleado hay que alimentarse bien y para eso se necesita un buen sueldo o salario”. Y luchamos para eso.

El Ministro Pablo Ramírez, primer Contralor de la República y de mucha cultura, me dijo: “Mire, sé que está fundando clubes con otras intenciones, yo voy a “morir pollo”, siga adelante”. Era muy diablazo. Formé entonces un inocente “Club Cultural Deportivo Tesorería”, que tuvo gran éxito. Y luego las otras reparticiones públicas siguieron el ejemplo. Se hacía deporte, mucho deporte, pero la palabrita “cultural” permitía dar charlas y los charlistas pasaban, naturalmente, del deporte al problema económico”.[6]

Este Club Deportivo, aspiraba a “crear y fomentar entre todos sus miembros un intenso espíritu de confraternidad”, como decía un artículo en su Reglamento. Contaba con una Rama Deportiva y Secciones Cultural y de Asistencia Social, afiliándose en su inicio a la “Liga Bancaria de Deportes”. A raíz de una injusticia cometida en un Campeonato deportivo nacional de la Liga, se acordó fundar una federación deportiva de los trabajadores del Estado y es así como nació, en 1938, la Asociación Deportiva de Instituciones Públicas (ADIP). Abierta la puerta de la organización, muy pronto, el 25 de abril de 1939, Clotario ayudó a fundar la Asociación de Empleados de Tesorerías (AET) la cual emprendió importantes campañas en el campo económico y administrativo.

Podemos aprender, entonces, que la vida del trabajador y trabajadora, vida en todo su sentido, daba impulso a la construcción de organización. El sindicato no existía para negociar condiciones y nada más.

Mucho podemos aprender de esa experiencia hoy, cuando la solidaridad con los viejos y débiles puede ser base de la construcción de organización en los barrios y también en los lugares de trabajo.

Fuente imagen: clotarioblest.com

 


[1]  Julio Pinto V. y Verónica Valdivia O.,  “¿Revolución Proletaria o querida chusma? – socialismo y Alesssandrismo en la pugna por la politización pampina”, LOM, 2001., Pág. 45.

[2] A.Barnard, “The Chilean Communist Party”, Tesis Universidad de Londres, 1977; Pág. 25-26

[3] L.E. Recabarren, «El Movimiento Obrero y Socialista en Chile», DTIQ, 06/10/16, Prensa op. cit., Vol.3, Pág. 97-8

[4] Ibid., Pág. 45; DTIQ 9/3/1915.

[5] Ibid., Pág. 87-88

[6] Mónica Echeverría, “Antihistoria de un Luchador”, LOM ediciones, Santiago 1993; Pág. 149.

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