«Victoria inobjetable del Chile profundo» Por Marcel Roo

Por Marcel Roo

 

Este domingo 25 de octubre Chile escribió una nueva página en su historia. Millones de ciudadanos salieron, pese a la pandemia, a ratificar con un Apruebo rotundo su firme decisión de enterrar para siempre el neoliberalismo implantado en el país sureño desde septiembre de 1973.

Al fantasma pinochetista enmascarado en una constitución espuria se le cortó el cordón umbilical, palabras de la analista Marta Lagos al referirse como desde septiembre de 1973, cuando fue derrocado Salvador Allende, se formó una clase política partidista con gobiernos que con el eufemismo democrático perpetuaban la dictadura.

La masiva votación del 80 por ciento al Apruebo y la Convención Constitucional es para estudiosos de este proceso el fin de la “cocina” política como llaman en Chile esa maniobra de tomar decisiones a espaldas del pueblo.

¿Qué se dirimió en el plebiscito del domingo?

Los electores fueron consultados con cuatro preguntas, divididas en dos bloques. El primero con las preguntas de 1) Rechazo la elaboración de una nueva Constitución 2) Apruebo la elaboración de una nueva Constitución.

El segundo bloque era sobre la redacción de la Carta Magna: 1) por una Convención Mixta integrada el 50% por parlamentarios y 50% elegidos por voto popular y 2) por una Convención Constitucional  de 155 miembros elegidos todos por el voto popular mediante listas elaboradas por los diferentes distritos y con paridad de género.

Como era de esperarse las opciones del Apruebo y la Convención Constitucional lograron la rotunda victoria frente a las otras propuestas impulsadas por la derecha, partidos tradicionales autodenominados de izquierda y  legisladores jóvenes que se olvidaron de su reciente pasado de lucha en las manifestaciones estudiantiles y hoy comulgan desde los confortables asientos de diputados con la rancia oligarquía.

Una de las características de la política chilena, particularmente de su derecha, es el uso de esa maña destructiva que es la manipulación. Como decimos en Venezuela, esa derecha “no da puntadas sin hilo” y ahora, ante el rotundo e inobjetable triunfo del pueblo, pretende también atribuirse la victoria.

Ya lo dijo el mafioso y asesino presidente Piñera apenas conocido los primeros resultados. “Ese triunfo es de todo Chile” afirmó con su cara bien lavada y por supuesto, esto se convirtió en el argumento de su gobierno. Ante tamaña desfachatez y parafraseando a Eduardo Galeano –Oh, Galeano, que falta nos haces- se trata “del mundo al revés, quien recibió la paliza ahora se declara ganador”. Cosas veredes, Sancho.

Frente a esta patraña,  es preciso resaltar  que  la masiva demostración de convocatoria del pueblo, apenas es un paso más en la dura lucha que se debe continuar desarrollando ante una derecha desesperada, lacaya de los intereses anti patria del imperialismo, que va a tratar por todos los medios a su alcance de desarticular el movimiento.

Ya han dado claras señales de ello. Los partidos políticos totalmente desprestigiados salieron a la escena mediática -lejos de la Plaza de la Dignidad donde no los quieren- a lanzar loas sobre la participación masiva y la victoria popular. Están buscando la manera de penetrar el movimiento.

¿Cómo enfrentar la manipulación?

Es la tarea que ahora de manera urgente debe enfrentar ese Chile profundo que necesita consolidar su esperanza de construir una verdadera democracia.

Son muchas las ventajas con que cuenta el pueblo. En primer lugar, ese país que vivió durante décadas aterrorizado por el fantasma del pinochetismo, ha perdido el miedo. Su presencia en las calles, aun a riesgo de la vida, demuestra que cuando la lucha es por una causa noble y justa, no hay bala que la detenga;

En segundo lugar, ese Chile despierto, pese a los perdigones, ahora distingue con total claridad quienes son sus amigos y quienes son los farsantes que durante décadas han usufructuado su nombre.

Y una tercera condición –hay muchas más- es que ha aprendido a organizarse. Eso que muchos analistas señalaban de las marchas espontáneas, es un argumento que ha perdido validez.

Es cierto que no aparecen nombres connotados al frente de las manifestaciones pero ellas son producto de una organización por la base, llena de creatividad que las convoca, la cual ha logrado arrastrar en sus protestas  a estructuras clásicas como los sindicatos, la Central Unitaria de Trabajadores, colegios de profesionales; además de contar con el vigoroso apoyo del movimiento indígena mapuche que ahora vislumbra como su larga lucha contra el Estado usurpador de su soberanía también forma parte de las demandas del nuevo Chile.

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