Y un día San Lorenzo volvió al barrio: Los cuervos, tras 40 años, retornan a Boedo

Cien mil almas azulgranas emplazadas en donde algún día el Padre Lorenzo Massa puso la piedra fundacional, hace ya 111 años. Coreaban su identidad, esa de «barrio de murga y carnaval», con los bombos sonando al mango y el eco de varias generaciones reunidas. San Lorenzo retornaba al barrio, como lo había prometido. Hoy Boedo recupera el alma.


Por Miguel Fauré Polloni

Fotografías: Club San Lorenzo de Almagro

 

 

En 1979 fueron expulsados de su Tierra Santa. A punta de argucias leguleyas, la Dictadura les obligó a derrumbar el histórico Viejo Gasómetro. Un brigadier asesino incluso llegó a amenazarles con pasarles una topadora por encima. Ya en 1971, otro gobierno de facto les instó a punta de ordenanzas a abandonar el terreno para la construcción de una autopista. Pero los cuervos resistían.

 

El 2 de diciembre de 1979 se jugó el último partido. Un triste cero a cero con Boca. Y comenzó el peregrinaje. La desazón de los santos aumentó cuando vieron que los militares le entregaron su hogar a un símbolo de los nuevos tiempos neoliberales: un supermercado. La cadena Carrefour avasallaba la memoria cuerva.

 

 

Vagaron de cancha en cancha, incluso se fueron a la B, pero siempre repletaron las gradas, como modo de resistencia. Estar presentes, donde fuera, era su modo de decir aquí estamos, seguimos vivos. Insportablemente vivos. La mística de San Loré creció en la adversidad: uno de los cinco grandes de la Argentina se reinventaba desde el pozo. En 1993 pudieron conseguir un terreno y erigir -a medias, de a poco- el Nuevo Gasómetro.

 

 

En 2012 una luz de esperanza llegó al club: la Legislatura de Buenos Aires aprobaba una indicación de reparación histórica, que obligaba a Carrefour a negociar con el club. El 23 de diciembre de ese año, la empresa acepta la oferta. Lo impensable se empezaba a hacer realidad. Injusto, de todas formas, era pagar por un terreno que en los hechos fue expropiado bajo presión de la bota milica. Pero la directiva de Matías Lammens y Marcelo Tinelli no estaban para más peros.

 

 

Este 1 de julio, Boedo volvía a recuperar su alma. La pesadilla de 40 años acababa. El nuevo Estadio Papa Francisco, para 45 mil personas, comienza una nueva batalla: necesita para concretarse que el Gobierno de la ciudad avale una Ley de Rezonificación, la cual les permitiría de nuevo levantar la cancha en el sitio histórico. No será fácil. Por eso Lammens se metió a la arena política y va de candidato a dirigir la Capital por el bando peronista. Será una lucha larga, de esas que sólo los hinchas del Ciclón conocen. Y que saben ganar.

 

 

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